Francoise Mouly: “El cómic tiene una naturaleza universal”.

Mouly fue uno de los platos fuertes de la tarde en el último día de este gran encuentro internacional que reúne lo mejor del historieta en Tecnópolis.

COMICOPOLIS-MOULY

Leticia Pogoriles Invitada de lujo a la tercera edición del festival internacional de historietas Comicópolis, la francesa Françoise Mouly, editora y fundadora de Toon Books, directora de arte de The New Yorker, creadora junto a su marido, Art Spiegelman, de la emblemática Raw -pieza clave de la historieta mundial y uno de los nombres más importantes de esa industria- dijo hoy frente al público argentino que “el cómic tiene una naturaleza universal”.

Mouly, nacida en Francia en 1955, fue uno de los platos fuertes de la tarde en el último día de este gran encuentro internacional que reúne lo mejor del historieta en Tecnópolis.

“Para analizar la carrera de Françoise sería una tontería pensar en ella como la mujer de Spiegelman: su carrera es gigantesca en sí misma”, la presentó Liniers, padrino de esta edición y moderador.

Con una sala llena y frente a su marido con atenta escucha en primera fila, la cálida y elegante mujer tuvo como primer gesto de humildad pedir que le pregunten en español. Ella contestaría en un inglés afrancesado, siempre con sonrisas y con sus creaciones editoriales de fondo, en una gran pantalla.

“Mis padres esperaban que fuera cirujana plástica, pero era rebelde, decidí estudiar arquitectura y viajar por el mundo. Cuando llegué a Nueva York no sabía hablar inglés y los cómics eran una buena idea para aprender. Haciendo esto me encontré con los libros de Art y me enamoré de su trabajo, lo conocí y fue emocionante. Un día llamé a mi padre y le dije ¡hola papá, estoy en Nueva York y me casé con un historietista!”, contó entre risas.

Así comenzó un viaje profesional y vitalmente intenso que la llevó a crear la emblemática revista Raw, donde ambos -Art y Françoise- publicaron de manera artesanal e independiente a los mejores artistas del mundo, conocer la fama con la edición de “Maus” -la novela gráfica con la que su marido se metió en los anales de la historieta universal- ser la editora de arte de una de las grandes revistas del mundo, The New Yorker, y cerrar un círculo profesional con la creación de una editorial de historietas para niños.

Mouly parecería destinada a ver lo que otros no ven, en un momento clave. Ella no se mueve al ritmo de los mercados y de los interés ajenos, sino de los gustos propios, de lo que cree que a los lectores los puede emocionar.

Cuando conoció a su marido, él tenía la intención de hacer una antología con sus trabajos en una edición de tapa dura. “Tenía una visión estética y una idiosincrasia particular, hablábamos con editores de arte y veíamos que no había interés. Para mí era algo sencillo porque sabía de artes gráficas, decidimos publicar, hacíamos un buen equilibrio entre los dos”.

Con el foco puesto en “la relación directa de los cómics con el hacer con la manos”, ambos crearon Raw, una revista del género con autores norteamericanos y europeos, una publicación de culto que en ese momento, en 1980, era amasada desde la gestión independiente. “Podía crear un objeto, imprimirlo yo misma, doblarlo y llevarlo a los comercios o no, la gente decidía si comprarlo, nosotros nos encargábamos de la distribución”.

La revista tuvo siete números -allí se publicó “Maus” por entregas- y duró hasta 1991. Fueron años de viajes y encuentros con pares. “Hasta ese momento los cómics del under eran para leer en el baño, nosotros queríamos que sean respetados, que la tapa llame la atención pero no queríamos que fueran un objeto artístico inalcanzable sino un objeto democrático, hecho a mano, artesanal y que se consiga en los kioscos”, contó.

La revista llegó a “longitud narrativa limitada”, luego “Maus” se publicó en formato libro en dos tomos, nacieron sus dos hijos y de una vida más simple pasó a “una apertura al mundo” con el premio Pulitzer que ganó su esposo.

“La visibilidad era muchísimo mayor, ya parecía que no había tanta necesidad de que existiera una revista como Raw, y llegó la propuesta para trabajar en The New Yorker, al principio dije no, porque hasta ese momento había trabajado para mí misma, pero la editora se acercó y me dijo que quería una amplitud, un concepto más vago y me di cuenta que podía ser para mí”, recordó.

“Esa etapa fue un desafío difícil porque tenía que repensar la revista, sentía que se había fosilizado, invitaba a artistas para que utilizaran este marco para mostrar su visión del mundo”, dijo Mouly frente a Liniers, que pertenece al staff de artistas que diseñan las tapas.

Con claridad meridiana, sin imposturas y con la humildad de los que transitaron por el barro, la invitada sostuvo que “como editora lo que trata de hacer es ayudar al otro a que el concepto se presente de mejor manera. Algo que aprendí con el artista Saul Steinberg fue que la imagen representa una idea y ese es el enfoque: no importan los colores o si se ve lindo, lo primero que hay que plasmar es una idea, una esencia de lo que queremos transmitir”.

Hace unos años, Mouly decidió crear libros de historietas para chicos: “Había tanto para los adultos y eso no habia rebotado en el mundo de los niños. Era gente que se fue y se había olvidado de volver porque todo el mundo quería hacer novelas gráficas”.

Con la llegada de sus hijos, volvió a lecturas de los cómics para pequeños, “decidí abocarme a una literatura relacionada a los niños, quería editar libros para que los chicos aprendieran a leer y escribir” y creó Toon Books, con una vuelta a los clásicos con autores como Carlos Nine, Liniers, Barnaby, Spiegelman, Neil Gainman, Philip Coundray, entre muchos otros.

“Yo hago objetos, para los niños tener el libro es darle un sentido de permanencia, es algo que leyeron sus abuelos y que podrán leer dentro de 25 años, hay un hambre de producir y de tener acceso a objeto bellos”, reflexionó.

Premiada en diferentes países por el valor de su producción editorial, Mouly dijo que “lo importante del cómic es su naturaleza universal: cuando viajas y vas a lugares con historietas, las mirás, las olés, hay algo en común. Es emocionante ver la gente en Comicópolis, que llega de todos los países latinoamericanos, se ve una cultura compartida en el mundo de los cómics, artistas que hacen que otros quieran ser artistas. Es una cultura universal que tiene que ver con lo nuevo pero también con lo que ya existió, es la misma emoción que sentimos Art y yo hace años”.

Télam


Adherido a los criterios de
Journalism Trust Initiative
Nuestras directrices editoriales
<span>Adherido a los criterios de <br><strong>Journalism Trust Initiative</strong></span>

Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Ver Planes ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora