Gordos y monstruos en la pantalla. Bellos, afuera
LOS ANGELES (DPA).- Lo que las estrellas de Hollywood hacen con sus cuerpos no puede ser muy sano. Aumentan varios kilos para representar de forma verosímil a personas normales en la gran pantalla, y luego adelgazan en tiempo récord para estar perfectos en la alfombra roja antes de la entrega de los Oscar.
Patty Fox, la coordinadora de moda del evento, sabe la importancia que tiene una aparición glamorosa en los instantes previos a la ceremonia. «Dentro del teatro, toda la noche se habla de cine», dice. «Pero en la alfombra roja, lo único que cuenta es el aspecto».
La actriz sudafricana Charlize Theron, que impresionó con los 15 kilos que aumentó para la película «Monster», sabe de qué trata esta experiencia. La ex modelo era en realidad demasiado bella para el papel de asesina en serie lesbiana. Ahora es una de las favoritas a ganar el Oscar.
El valor de atreverse a la fealdad o experimentar cambios extremos de peso -lo que en principio tiene más que ver con la fuerza de voluntad que con el talento actoral- siempre es recompensado con mucho respeto en Hollywood, tan obsesionado con la belleza.
De todas maneras, es imprescindible regresar luego al cuerpo perfecto con dietas, pastillas, ejercicio y cirugía de manera rápida y silenciosa.
«Las expectativas con respecto a las estrellas son cada vez más contradictorias», comenta la especialista en cine Susanne Weingarten, que profundizó en el tema en el libro «Bodies of Evidence».
«Su imagen más allá de la pantalla consiste en glamour y en una perfección casi inhumana.
Pero cada vez más se esperan de ellos excesos en la transformación corporal para interpretar sus papeles».
Hace dos años, Halle Berry recibió un Oscar por su aparición afligida y desgreñada en «Cambio de vida». Renée Zellweger aumentó12 kilos para «El diario de Bridget Jones», los bajó rápidamente para «Chicago» -estuvo nominada al Oscar en ambas ocasiones- y los volvió a subir para la segunda parte de «Bridget Jones».
En esta ocasión, Zeweger está nominada por su papel de muchacha campechana y mofletuda en «Regreso a Cold Mountain».
No debe asombrar por lo tanto que una y otra vez aparezcan rumores sobre trastornos alimenticios entre las actrices.
Y son muy pocas las que si
guen el ejemplo de Jane Fonda, Christina Ricci o Carre Otis y admiten su anorexia o bulimia. «Todo lo que tiene que ver con enfermedad o adicción es un gran tabú», señala Weingarten.
«Cuando un astro demuestra su fuerza de voluntad mediante su cuerpo, se destruye su aura si se lo vincula con una enfermedad o adicción».
También Nicole Kidman lucha una y otra vez contra los rumores de anorexia e insiste en atribuir su esbelta figura a «un buen metabolismo».
El año pasado recibió el Oscar por encarnar a Virgina Woolf en «Las horas» y apenas era reconocible en la gran pantalla con su mirada sombría y una prótesis nasal. Este año no tiene posibilidades: Como fumadora compulsiva golpeada por la vida en «The Human Stain» estaba demasiado «apetitosa», según muchos críticos.
La actuación de Kidman en el ambicioso drama sobre la guerra civil «Regreso Cold Mountain», que fracasó sorpresivamente en las nominaciones a los Oscar, fue aún más criticada.
En su lucha por la supervivencia, Kidman se parece a una modelo que resta credibilidad a la película, se dijo.
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