Hábitat rural

Por Omar Reggiani (*)

Un porcentaje alto de los habitantes de pequeños pueblos del valle rionegrino es trabajador rural y carece de respuestas para solucionar el problema de la vivienda propia en su medio laboral. Esta nota busca abordar la problemática e intenta dar respuestas que permitan la radicación de mano de obra a la producción valletana.

De acuerdo con la información relevada por la encuesta, la situación habitacional de los 8.183.626 hogares estimados en 1997 el 30,3% de los hogares que residían en centros urbanos de más de 5.000 habitantes, unos 2.480.047 hogares tenían algún problema habitacional. Estos datos pueden darnos una somera idea de la actual situación deficitaria en materia de vivienda urbana, pero de lo que no se registran datos es en materia rural, donde la problemática de la vivienda esta íntimamente ligada al trabajo del hombre.

El trabajador rural

Es evidente que la discontinuidad de trabajo, de acuerdo con las épocas de cosecha, hacen que la familia del trabajador rural se integre a la actividad perdiendo el control del tiempo de trabajo regido por las presiones de la urgencia de la cosecha de un producto perecedero y por la necesidad de trabajar más horas diarias para alcanzar un salario adecuado.

«El recinto amurallado no sólo dio protección contra la invasión exterior. Por medio de la muralla, una pequeña población, que antes se hallaba desvalida ante el ataque de una mínima fuerza armada, se convertiría en un baluarte. La misma participación en la labor de construcción de la muralla resultaba un precio bajo como pago de seguridad y la regularidad en el comercio y trabajo». Estos conceptos de estructura feudal son los que, en muchos casos al parecer, se mantienen intactos frente a la relación obrero y dueño de un establecimiento rural que se apoya en la obligación del trabajador a soportar condiciones de subempleo potencial. Esto debido a que se encuentra ocupado en un establecimiento o unidad económica donde la productividad es anormalmente baja, y que su tiempo pleno de trabajo es utilizado para otras tareas, que nada tienen que ver con el trabajo específico a desarrollar sobre el «objeto» de la producción.

A estas condiciones se le suma la inestabilidad laboral, inclusive de parte de los asalariados permanentes, que los llevan a aceptar condiciones laborales denigrantes hacia él y su familia, como puede ser el pago con bonos a cambiar en determinado comercio, el considerar el pago de asignaciones familiares como parte de su salario real, viviendas de bajas o nulas condiciones de habitabilidad, con ausencia de servicios básicos.

Hábitat: una mirada particular

Si definimos hábitat como el ámbito donde el hombre está «con derecho a llevar una vida saludable y productiva en armonía con la naturaleza», tenemos que decir que la relación laboral y la localización de la vivienda de un obrero rural están íntimamente ligadas en aquel concepto de hábitat.

Diría el arq. Horacio Berretta que «se perdió la arquitectura popular y poco avanzamos en la conquista masiva, de hábitat y viviendas acordes con los actuales patrones de confort», ya que las modas arquitectónicas desplazaron a los lenguajes arquitectónicos creativos, racionales y paridos desde la cultura de la propia gente.

De acuerdo con la experiencia desarrollada en estos años trabajando con grupos de personas que construyen sus casas por autoconstrucción y ayuda mutua y viendo que un porcentaje alto de los habitantes de pequeños pueblos del valle rionegrino son obreros rurales, es que comencé a visualizar que quienes más interés tienen por dejar de vivir en la chacra son los peones y cuando logran este objetivo, tienen altas probabilidades de perder su fuente laboral.

Esta intención de abandonar la zona rural no es por cuestiones de nuevas búsquedas en lo económico o de querer abandonar ese medio por estar molestos con el lugar, muy por el contrario, su aspiración es seguir trabajando allí.

¿Qué sucede entonces? Pues bien, lo que se presentaba como problema era la relación casi de esclavitud a la que se sometían a la familia y al peón rural por vivir dentro de la chacra donde desarrollaba su tarea cotidiana.

En segunda instancia, estaba la cuestión de la falta de servicios básicos -centros asistenciales, escuela, infraestructura básica, etc.- y que hacían de las pequeñas urbes un imán muy atrayente no tanto para el trabajador rural, aunque sí para su familia.

Una salida posible

Indudablemente se debe poner énfasis en encontrar las causas a los problemas que hoy derivan de factores exógenos, pero también está claro que es responsabilidad de los Estados cumplir un rol fuerte en materia de garantías legales y constitucionales de derechos sociales (trabajo, salud, educación, etc.) que tienen una fuerte gestión endógena y que se acuerdan socialmente, con nuevos pactos de todos los sectores frente a las nuevas condiciones externas.

El Estado no puede ser un mero administrador de recursos, debe ser el articulador de los diferentes actores de la sociedad, contener los reclamos y organizar y planificar las soluciones; integrar a los empresarios, productores, trabajadores y los hoy excluidos del sistema, caracterizando y zonificando sus problemas para potencializar soluciones integradas al medio productivo.

Se deberían poner en marcha programas cuyos objetivos contemplen:

a) Objetivos generales:

• Radicar sectores del sistema laboral, brindándoles condiciones dignas a sus necesidades básicas.

• Revalorizar al obrero rural, capacitándolo en lo específico del trabajo y creando condiciones para su establecimiento definitivo en el área de producción.

• Impedir el estado nómade del obrero y su familia.

b) Objetivos específicos:

• Establecer núcleos habitacionales rurales que cuenten con servicios necesarios mínimos de infraestructura (salud, educación, servicios).

• Crear condiciones de salubridad, básicos para la prevención de enfermedades.

• Coordinar acciones para la capacitación específica de las personas en relación con el medio.

El programa, entonces, deberá contemplar en su diseño el acuerdo de todos los sectores involucrados en la problemática (trabajadores, productores, ONGs y Estado), esto es, aportes desde el diseño y desde lo financiero.

El programa incluirá la donación u otra forma jurídica -ej. condominio- de tierra necesaria o compromisos de contraparte para el uso de la misma y deberán estructurarse acuerdos responsables que las partes deberán fortalecer.

(*) Arquitecto


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