El palacio que el desierto no pudo devorar: el secreto mejor guardado de la Ruta 22

Mucho antes de ser un hotel moderno, El Recreo fue un oasis de lujo donde se selló el destino del Alto Valle entre valses, vajilla de plata y negocios millonarios. Hoy te invitamos a cruzar el umbral del tiempo: del servicio de autos "a domicilio" en 1921 a 2002, la ordenanza que lo salvó de las ruinas.

En septiembre de 1921, los vecinos de General Roca leían en el diario una invitación que hoy parece de película: abandonar el radio urbano por unas horas para disfrutar de música y lujo en el «Boulevard Grande». El anuncio decía así:
“En el Boulevard Grande, a 4 kilómetros solamente desde Roca, se encuentra este hermoso edificio con amplios salones para familias y caballeros. Los domingos y días festivos habrá música, y para facilitar la concurrencia a dicho local queda establecido un servicio de automóvil a un precio módico de 0.50 por persona o sea 1 peso ida y vuelta al pueblo, se harán viajes cada media horas desde las 14 hasta las 24. Puntos de parada: panadería Sr. Argat, farmacia de Prado, Tienda “El Siglo” y la Ibero Americana; el señor Ballada conducirá también pasajero al mismo precio avisándole en su domicilio”.

El anuncio de 1921 revela una logística de transporte fascinante para la época. Si querías visitar El Recreo, no necesitabas vehículo propio:

  • El costo: 0,50 centavos por tramo (o 1 peso ida y vuelta).
  • Frecuencia: Salidas cada 30 minutos, desde las 14:00 hasta la medianoche.
  • Las paradas: Eran los puntos neurálgicos de la Roca pionera:
    • Panadería Sr. Argat
    • Farmacia de Prado
    • Tienda “El Siglo”
    • La Ibero Americana
  • Servicio VIP: ¡El señor Ballada, el conductor, incluso pasaba por tu casa si le avisabas con tiempo!
Aviso publicado en 1915 en las páginas del periódico Río Negro (Foto Archivo Diario Río Negro)


Arquitectura de jerarquía: un sueño francés en la estepa
Se trataba de una construcción única en su época, inaugurada el 12 de diciembre de 1915. Su propietario original fue Don Evaristo Alonso, un español que, tras un largo periplo por Buenos Aires, Neuquén y Maquinchao, compró en 1913 cien hectáreas para recrear la cultura de su España natal.
La construcción, a cargo de Juan Cremella, es una obra de arquitectura señorial de estilo francés. Con una planta en forma de «L», el diseño separaba inteligentemente la vida familiar de los salones de fiesta. Todo el equipamiento —muebles, cuadros y arañas— vino de Buenos Aires, otorgando a la mansión un carácter palaciego. Su imponente balcón, con rejas de exquisito diseño y molduras trabajadas, convirtió a la fachada en una obra de jerarquía inédita para la Patagonia de entonces.


Frontera social y geográfica: el último faro del valle
Más allá de su arquitectura, El Recreo funcionó durante décadas como una verdadera frontera social y geográfica. Ubicado en el cruce de lo que hoy son las rutas 22 y 6, marcaba el límite real de la urbanización. Era el último punto de refinamiento antes de internarse en las rutas de ripio y la meseta; un nexo estratégico entre el río y el centro de la ciudad, y el último puesto de confort antes de abandonar la seguridad del Alto Valle.
Allí se daban cita los dueños de las tierras para discutir el futuro del riego y la fruta. No era solo un bar de paso; era el lugar donde se pertenecía a la dirigencia que estaba diseñando la región. Cruzar su puerta era dejar atrás la rudeza del trabajo rural para ingresar a una burbuja de sofisticación europea, donde no solo se bailaba, sino que se sellaban los grandes negocios que forjaron nuestro destino.

«El Recreo», en una de sus tardes de gloria y esplendor (reproducción de publicación de 1987)


El rescate: la ordenanza que salvó la memoria
Lamentablemente, tras la muerte de Alonso en 1947, la casona inició un declive que se acentuó en los años 60. Sin embargo, su destino cambió el 7 de mayo de 2002, cuando el Concejo Deliberante sancionó la Ordenanza Nº 3433, declarándolo Patrimonio Histórico, Cultural y Arquitectónico Municipal.
Este hito legal permitió rescatar el edificio del abandono y sentó las bases para su restauración. En 2006, el empresario Javier Martín adquirió el inmueble y lo convirtió en el moderno hotel de 30 habitaciones y pileta que hoy custodia la memoria de aquel mítico Boulevard Grande, manteniéndose como la «puerta de entrada» a nuestra ciudad.

Un aspecto de la construcción ya renovadas (Foto Archivo)

En septiembre de 1921, los vecinos de General Roca leían en el diario una invitación que hoy parece de película: abandonar el radio urbano por unas horas para disfrutar de música y lujo en el "Boulevard Grande". El anuncio decía así:
“En el Boulevard Grande, a 4 kilómetros solamente desde Roca, se encuentra este hermoso edificio con amplios salones para familias y caballeros. Los domingos y días festivos habrá música, y para facilitar la concurrencia a dicho local queda establecido un servicio de automóvil a un precio módico de 0.50 por persona o sea 1 peso ida y vuelta al pueblo, se harán viajes cada media horas desde las 14 hasta las 24. Puntos de parada: panadería Sr. Argat, farmacia de Prado, Tienda “El Siglo” y la Ibero Americana; el señor Ballada conducirá también pasajero al mismo precio avisándole en su domicilio”.

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