Hondo pesar por el fallecimiento de Juan Domingo Matamala, el historiador de El Bolsón

El hombre permanecía internado, como consecuencia de una enfermedad. Dolor entre sus allegados, quienes aprovecharon distintos medios para despedirlo.

Como “un hombre que ayudó a reconstruir y mantener viva la memoria de nuestros primeros pobladores”, recordó a Juan Domingo Matamala (57) la presidente del Concejo Deliberante de El Bolsón, Adriana del Agua, al expresar sus condolencias y profundo pesar por su fallecimiento ocurrido hoy en San Carlos de Bariloche, donde había sido internado hace un mes por trastornos coronarios.

Entre otros, su muerte enluta a sus compañeros y oyentes de LRA57 Radio Nacional El Bolsón, donde desde hace décadas era “la voz del amanecer” y a varias generaciones de alumnos que lo conocieron como profesor de nivel medio. Para todos, era simplemente “Chapingo”.

Nacido en El Bolsón el 22 de agosto de 1951, cursó estudios primarios en la histórica Escuela 30 de El Bolsón y en el colegio Cardenal Cagliero, de San Carlos de Bariloche. Allí estuvo hasta cuarto grado y luego fue como interno al seminario Salesiano de Pedro Luro (Buenos Aires) donde realizó estudios secundarios. Regresó a El Bolsón y recibió el título de Bachiller con Orientación Docente.

En 1973 ingresó a la Universidad Nacional de Córdoba, donde obtuvo el título de licenciado en Letras Modernas. Volvió a El Bolsón para ejercer la docencia en todos los niveles: preescolar, primario, secundario y terciario. Fue profesor titular de Lengua y Didáctica de la Lengua en el profesorado del Instituto José Manuel Estrada, desde 1978 hasta 1981.

En su pasión por las letras, fue miembro convocante al “Primer Encuentro de Escritores Patagónicos” y del “Segundo Encuentro de Escritores y Músicos Patagónicos”.

En 1981 fue trasladado a Ingeniero Jacobacci, donde prosigue la labor docente. Meses más tarde es nombrado director del colegio secundario de Maquinchao, que dirige por tres años. Allí también fundó el periódico “La voz del sur” y se desempeñó como periodista del diario Río Negro durante cuatro años, especializándose en la revista cultural que el matutino imprimía los domingos. Asimismo, fue miembro fundador del Fondo de Escritores Rionegrinos y de la Coordinadora Teatral Rionegrina.

Con el advenimiento de la democracia, en 1983, fue nombrado director de LRA 54, Radio Nacional Ingeniero Jacobacci, cargo que ocupó hasta 1986, fecha en la que solicitó el pase a su pueblo natal.

Como escritor, en 1986, obtuvo el premio “Isidro Quiroga” en la categoría cuento, con su obra “Simón Ñanco”.

A partir de ese año comenzó en El Bolsón una la labor radial de rescate de la memoria histórica local. Como fruto de esos trabajos rescató más de 300 cintas magnetofónicas con testimonios de viejos pobladores con lo que armó parte de la historia regional. Publicó, en 1989, su libro “El Bolsón, Historias y Topónimos” cuya edición artesanal se agotó a los pocos días. Ese mismo año nació “El Bolsón como yo lo conocí”, merced a los recuerdos aportados por Antolín Díaz González, intendente peronista y viejo poblador de la localidad.

A partir de allí escribió: “El Bolsón, como lo conocieron”, obra que rescata la memoria de los pioneros con sus ricos anecdotarios y experiencias; “Historia del periodismo en El Bolsón”; “Historia del lúpulo en El Bolsón”; “Los hippies en El Bolsón”; “Mitos y leyendas de El Bolsón” y “La república de El Bolsón”.

Asimismo, para la televisión realizó un importante trabajo de rescate histórico consistente en veinte videos que contienen la totalidad de los aspectos de la historia local.

En los últimos meses estaba dedicado al rescate de la historia de “La virgen del Nahuel Huapi”, cuya imagen descubrió en una iglesia de la Isla de Chiloé (al parecer trasladada por los misioneros durante el 1700), con la idea de entronizarla sobre el paso El Manso.

Condolencias

Carlos Santamarina, escritor y amigo, graficó hoy: “la pluma cargada de historias y anécdotas, la guitarra vibrando en una rueda de amigos, el aula atenta de oídos ávidos de conocimiento, la voz de un micrófono atravesando el éter, la bonhomía y sencillez de manifiesto en cada uno de sus actos”.

“De joven salió buscando el entendimiento y la inteligencia, y regresó con lo aprendido para enseñar. Hijo predilecto de su terruño nunca más lo abandonó, abonando a cada paso dado, día tras día”.

“Cosechero afanoso de “Mitos y Leyendas”, la mayor de sus obras fue su vida misma, la que hasta el último suspiro, quedó plasmada en una inolvidable sonrisa. A mi gran amigo “Chapingo”, cerró.


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