"Ilíada y "Odisea", botines de guerra en un kiosko cualquiera



Hoy me compré en un kiosco la “Ilíada” y la “Odisea”, en la edición de Gredos, estaban en oferta, las mismas que cuando estudiante eran tan inalcanzables como una Ferrari. Me dirás: “¿y a mí qué me importa? Y tenés razón”. Pero mientras caminaba con los librotes debajo del brazo me sentía, paradójicamente, un Moisés llevando en vez de las tablas, dos monumentos seminales de la tradición literaria. Uno habla sobre la guerra, el otro sobre las consecuencias de esa guerra y el regreso a la tierra del héroe.
El germen de ambas obras está en un hecho doméstico, en una rencilla entre reyes. Un noble le roba la mujer a otro noble, es cierto que no es cualquier mujer, es Helena, la más bella. Y aquí ya aparece eso que será un tópico a lo largo de la historia literaria y no tanto: la mujer como botín. Ese hecho origina, según Homero, la guerra de Troya. La “Ilíada” no nos cuenta toda la guerra, comienza en el momento que la superestrella del bando griego, Aquiles, se enoja de tal manera que decide no pelear más. Y se enoja porque le sacan su botín de guerra (otra vez el tópico), la esclava Briseida. Las consecuencias serán enormes para todos. Aquiles perderá a su amigo Patroclo, los troyanos al gran Héctor. Las mujeres de los vencidos pasarán a ser botines de guerra. Andrómaca, la esposa del héroe troyano, será esclava del hijo de Aquiles, aunque permanecerá fiel a su marido hasta la muerte. Hécuba, la vieja madre, irá con Odiseo y su hija Casandra se convertirá en amante de Agamenón con quien encontrará la muerte. En la “Odisea” el papel de la mujer será mucho más activo, todas se enamoran y retardan la llegada de Ulises a su patria. No hay botines de guerra en esta historia, salvo Penélope, asediada por muchos pretendientes que quieren conquistarla para acceder al trono dejado vacante por su marido.
En estos ejemplos vemos que la mujer en la Antigua Grecia es vista como una posesión, un objeto más que puede ser poseído, robado o sometido a la autoridad de los hombres eminentes.


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