Imágenes que están en nosotros, para no olvidar

Medio siglo de historia argentina en la muestra de los reporteros gráficos en Roca

Redacción

Por Redacción

Los fotógrafos de los diarios son, tal vez, quienes mejor escriben la historia. Lo hacen sin pronunciar palabras. No interpretan. No juzgan. Sólo muestran.

Es en esas instantáneas, en esos gestos congelados por el dolor o la alegría, de donde brotan sentidos y palabras.

La prolija falda y los zapatos cómodos de esa trabajadora sorprendida al ver su propia pierna despedazada por una esquirla, durante el bombardeo de la Plaza de Mayo, en 1955, nos explica que la historia de este país se ha escrito sobre la sangre de las víctimas al mismo tiempo y del mismo modo que sobre los escritorios de quienes dan las órdenes.

Es una historia dibujada en las calles.

Cien fotografías tan ilustrativas y valiosas como esa integran la muestra organizada por la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina, ARGRA. Están en exhibición, con entrada libre y gratuita, en Casa de la Cultura hasta fin de marzo, parte de ellas en el salón de exposiciones que se ve desde la calle y el resto en el «foto espacio» ubicado en la parte alta del hall central del edificio.

Muchas de esas imágenes ya han sido reproducidas centenares de veces por diarios y revistas. Como aquella del policía que consuela a una Madre de Plaza de Mayo, o la del soldado de guardia, que llora ante el multitudinario sepelio de Juan Perón, o la de un joven Passarella con la copa del Mundial 78, aquella «custodiada» por Videla y su Junta desde el palco oficial.

Otras son menos conocidas. Impactan, por ejemplo, las imágenes del 20 de junio de 1973 en Ezeiza o las del juicio a las Juntas, los saqueos, movilizaciones en las calles, el rostro de Martínez de Hoz.

Hay imágenes tomadas en el fragor de la tensión o los disparos -como las del rescate de víctimas en la AMIA-. Otras, en cambio, logradas con la paciencia del relojero que espera el gesto, la luz precisa. Todas, sin embargo, han pasado por los tamices de la historia y de la calidad técnica.

Y una, tal vez la menos dramática: Dos jóvenes, dos chicos casi, con uniforme, regresan del «frente militar» tras el conato de conflicto armado con Chile. Uno es blanco y «urbano». El otro, en primer plano, es moreno y ríe con dientes blanquísimos. Su mano, alzada en el saludo, muestra nudillos acostumbrados al trabajo manual y uñas comidas. Podría ser correntino, o mendocino, o tucumano. Dos jóvenes, contentos de haber escapado al horror de la guerra. Una foto bellísima.

Alicia Miller

amiller@rionegro.com.ar


Los fotógrafos de los diarios son, tal vez, quienes mejor escriben la historia. Lo hacen sin pronunciar palabras. No interpretan. No juzgan. Sólo muestran.

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