Isol respeta a los niños

La escritora y dibujante escribió “El Menino”, un libro para chicos que también lo pueden disfrutar los grandes.

Redacción

Por Redacción

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A los ocho meses de haber sido madre de Antón, a la escritora y dibujante Marisol Misenta (Buenos Aires, 1972) se le ocurrió escribir “El Menino”, recientemente publicado en Argentina por la editorial Océano. Se trata de una obra sensible y creativa, que mezcla ternura y sencillez en su narración e ilustración. Con talento y humor, cuenta la historia de un bebé -casi un extraterrestre- que parece haber llegado desde otro mundo. Como ocurre con algunas películas, es un libro que se supone para chicos pero que también disfrutan los adultos.

Juan Ignacio Pereyra

pereyrajuanignacio@gmail.com

La autora dice tener una empatía con los niños porque “vienen de lo misterioso”.

“El libro es una percepción un poco juguetona de esa situación de estar viviendo con un extraño que querés cuidarlo y, a la vez, no sabés cómo. Uno puede entender que para el bebé también es un mundo nuevo y, su vez, está la maravilla de que haya podido crecer de una nada; que un óvulo y un espermatozoide hayan hecho que haya una célula para hígado, otra para las venas… Todo eso es un delirio, es un Big Bang constante. Es un milagro estar acá. Para mí es bastante así pero uno se acostumbra porque si no es demasiado. Ves un árbol y decís ‘¡un áaarbooool, ahhhh!’. Sí, todo es increíble. Pero uno está un poco ajeno a la naturaleza a veces, en este momento, ¿no?”, dice la autora de “El Menino”, conocida como Isol, durante una entrevista con “Río Negro” en la confitería Las Violetas, en esa tradicional esquina de Avenida Rivadavia y Medrano de Buenos Aires.

Isol ahora está embarazada de ocho meses. Con su pareja, el actor y director de teatro Rafael Spregelburd, esperan para diciembre el nacimiento de Frida. Será la hermanita de Antón, que ya tiene tres años y medio y fue, de algún modo, el germen del libro. Alrededor de su llegada, la premiada ilustradora vivió situaciones que aún la sorprenden. “La gente es muy loca. Una vez me subí en un ascensor y había un señor con un nenito. Y el nenito me empezó a levantar la remera. ¡Y el padre no hacía nada! Y le decía: ‘ay, dale un besito’. Me quedé tan shockeada”, cuenta la escritora con una sonrisa. “Al tener hijos, de pronto todos opinan y todos te tocan, porque todo el mundo lo pasó. Bueno, es una situación que te puede marear”, añade.

-El nacimiento de tu hijo impactó en tu obra, ¿no?

-Me parece que es algo que te conecta mucho con vos mismo. Tenés un encuentro fuerte con vos mismo y con otro ser. Es una intimidad muy fuerte, física. Me pasa un poco eso con el libro. Pienso en que haya cierto reencuentro con algo propio. No me siento ajena a un nene, yo me puedo remontar a eso, entender lo que pasa. De hecho, lo más difícil para mí es ponerme del lado de la madre, que es un lugar que tiene que ser muy contenedor, muy asertivo. Eso me costó mas. Es como que entiendo demasiado y te dicen “no, le tenés que poner el límite”. A veces me cuesta eso. Digo: ¿cómo va a querer dormir solo si todos queremos dormir juntos? Después aprendí que le hace bien al nene.

-¿Desde qué lugar te acercás a los niños?

-Creo que tiene que ver con un lugar más par. Nunca fui una fanática, de esos que ven un bebé y lo quieren agarrar. Le tengo mucho respeto a los niños. Yo no te agarro a vos. Hay gente para la que un nene es como si fuera un perrito. Son hermosos los perritos y para otra cosas sí los compararía. Como algo de cierta inocencia, que también puede ser salvaje o impune. Los nenes me causan una ternura y una empatía también, por una cosa de que vienen de lo salvaje, lo misterioso, no sé. Todavía no están tocados por la cultura, no están condicionados.

La historia de “El Menino es sobre un bebé que parece haber llegado de otro mundo.

EL PREMIO ASTRID LINDGREN

Isol recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Astrid Lindgren 2013. El galardón dotado en 770.000 dólares que le entregó el gobierno de Suecia por su obra es uno de los más prestigiosos del mundo en literatura infantil y juvenil. “Estuve un poco estresada porque, de pronto, fue una mega exposición y yo estaba con un nene de un año y medio. Me sentía muy tironeada, como mujer y como artista”, recuerda sobre los meses que le siguieron al premio.

“Fue bastante demandante porque yo quería aprovechar ese año, pero queda muy lejos Europa y tenía que viajar un montón. Y lo que sucede con el cuerpo de una mujer hasta los dos años de tu bebé, es muy fuerte. Tener que estar tan arriba es como un triple esfuerzo. Pero muchos de los mejores momentos de mi vida están en esas semanas”, asegura.

-¿De qué te acordás?

-El día que recibí el premio para mí es un día brillante. Venía de una semana en Estocolmo en la que yo me había re resfriado y el nene no había dormido y tenía como una otitis. Uno quiere estar en su mejor momento y estás hecho bosta. Mi profesor de canto contaba que un cantante, muy famoso, decía que de todo el año había un solo día en que tenía la voz perfecta, y ese día no tenía que cantar.

-¿Cómo fue lo que siguió al premio?

-Lo que más cuesta es mantener el tiempo de no tener una obligación. Cuando vos ya tenés, por ejemplo, todo el año comprometido, eso a mí me anula. Digo todo el tiempo que “no”, pero cuesta, ¿viste? Tengo un asistente desde hace un año y medio que me salva porque hace todos los trámites. Hay que defender muchísimo el espacio. Encima el trabajo creativo tiene que tener algo lúdico. Tengo que poder tener una tarde para estar dibujando, escuchando música y ver qué sale.


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