La clave de todo es el endeudamiento

Por Redacción

El ministro Axel Kicillof comenzó a tomar real dimensión de las condiciones que presenta el país para el mundo financiero, tras sus primeros contactos en Estados Unidos tanto con funcionarios de organismos internacionales como con banqueros. Con la urgencia de reforzar el sistema de reservas para hacer frente al deterioro de las cuentas fiscales, el joven funcionario deberá mostrar que está en condiciones no sólo de domar la inflación sino también de corregir la falta de ingreso de capitales, en momentos en que el dinero abunda en el mundo. Kicillof está ahora al mando de las negociaciones por la deuda con los holdouts, por el Club de París y los juicios en el Ciadi, pero en ninguno de los frentes ha habido progresos. Si de urgencias se trata, la negociación con los tenedores de bonos argentinos es la prioridad. De ella dependerá que el país pueda volver a los mercados internacionales y, por eso, no es casual que el ministro cuente con ofertas de entidades financieras para convertirse en agentes financieros colocadores de nueva deuda. Por un lado o por el otro, la clave para la Casa Rosada pasa por volver a endeudarse, tras haber agotado toda fuente de financiamiento interno. Kicillof encargó a los bancos de inversión Goldman Sachs y Barclays elaborar una nueva propuesta para intentar alcanzar un acuerdo con los holdouts, algo similar a lo que les había propuesto el fondo Gramercy al exministro Hernán Lorenzino y al vicepresidente Amado Boudou. ¿Cuál es la diferencia en las propuestas?: el cambio de ministro. Paul Singer ha dado muestras de no tener interés de negociar con terceras personas por varios motivos. Primero, el financista sólo se sentaría a negociar con el gobierno argentino y cualquier arreglo extrajudicial deberá ser rubricado en los tribunales de Nueva York. Segundo, Singer está a un paso de obtener una sentencia favorable por parte de la Justicia de los Estados Unidos, tras diez años de un proceso multimillonario por costas y honorarios de los más prestigiosos abogados de ese país. Tercero, no es de su interés aceptar una propuesta distinta, aun cuando después de diciembre pueda ser mejorada. “Por seis o nueve meses más, después de haber litigado durante diez años, vamos a seguir con nuestro plan”, expresó un vocero de NML Capital. En esa misma dirección parecen actuar los inversores que siguen de cerca el caso argentino y administran bonos de la deuda soberana ya reestructurados. Diego Ferro, un administrador de carteras argentino que trabaja en el fondo Greylock, dijo días atrás que, si el país “no se involucra directamente en las negociaciones con los holdouts, ningún plan alternativo va a funcionar porque no van a reunir suficiente financiación y la participación necesaria. Tan pronto como la Argentina se siente a solucionar esto, los mercados de capitales se abrirán de nuevo para el país”. Claro que nada será gratuito ni mucho menos. El gobierno no sólo deberá solucionar el tema holdouts, sino que deberá mostrar al mundo financiero un programa económico creíble, sustentable y con capacidad de ahorro para el pago de la deuda, sin utilizar las reservas. En otras palabras, si la administración Kirchner quiere volver a colocar deuda nueva, deberá llevar adelante un programa de ajuste fiscal que le devuelva al superávit de las cuentas públicas. Una alternativa que podría llevar adelante el gobierno es un acuerdo contingente con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le permita afrontar con mayor comodidad el pago de las obligaciones de deuda sin tener que afectar las reservas. Esta variante obligaría al país a llevar adelante la revisión de la economía, tal como lo estipula el artículo IV del Estatuto del organismo, para luego arribar a un contrato financiero. Con ello, no sólo podría salir nuevamente a los mercados sino también destrabar la renegociación con el Club de París. Y éste es un escenario que no parece factible desde lo ideológico, a menos que el kirchnerismo ensaye un giro copernicano en su liturgia y en su dogma. (*) Analista económico DyN

Kicillof, el Fondo y los holdouts

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)


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