La guerra de los taxis

Los taxistas neuquinos postergan a quienes desean sumarse a la actividad y excluyen del servicio a los sectores de bajos recursos.

En medio del vendaval que ha arrasado en las últimas décadas a las corporaciones que trababan el desarrollo de las economías, los taxistas constituyen una raza especial que ha logrado sobrevivir en algunas ciudades, manteniendo el privilegio de que su actividad esté fuertemente protegida de una eventual competencia.

Los episodios que están ocurriendo en Neuquén entre taxistas de esta ciudad y de otras localidades del Valle rionegrino, están demostrando las contradicciones, las ventajas y las desventajas entre un régimen altamente regulado y uno libre.

Tanto Roca como Cipolletti han desregulado la actividad, en tanto que en Neuquén se mantiene un sistema de alta protección que permite a un pequeño y privilegiado grupo de taxistas cobrar una tarifa mucho más alta que en el resto del Valle. Las comparaciones son suficientemente demostrativas: mientras en Neuquén, con una población que se calcula en 250.000 habitantes, hay 260 taxis, en Roca -que tiene menos de la mitad de la población- hay más de 500.

Como es sabido, la desregulación ha provocado una competencia muy fuerte entre los taxistas de las ciudades rionegrinas y eso ha producido como resultado un mejor servicio, una baja de tarifas significativa y servicios complementarios importantes.

El resultado de la competencia libre es que los usuarios cuentan con un servicio sumamente cómodo y barato que permite usarlo incluso a los sectores más pobres de la población. Como contrapartida los taxistas neuquinos, que naturalmente ganan mucho más dinero, postergan a una gran cantidad de personas que podrían desempeñar esa actividad (hay 1.800 aspirantes a taxis que esperan su turno) y son excluidas del uso del taxi aquéllas de menores recursos de la ciudad.

El fenómeno que sucede con los taxis ocurriría naturalmente con cualquier profesión si se limitara la cantidad de personas que podrían desempeñar esas funciones ya sean médicos, abogados, obreros de la fruta o empleados rurales. Los privilegiados que obtuvieran la licencia ganarían sin duda mucho dinero y se defenderían con uñas y dientes de la eventualidad de que un mayor número de postulantes les haga disminuir sus ganancias. De manera que es comprensible que los beneficiarios del sistema apliquen métodos persuasivos, algunos claramente gansteriles propios de organizaciones mafiosas.

El conjunto variopinto de argumentos para defenderse de la competencia comienza naturalmente con los taxistas de otras ciudades que cobran más barato, pero se extienden a los remises, al control de las paradas, a limitar el número de nuevos postulantes, en una palabra a defenderse de cualquier forma de la libre competencia.

Mientras subsistan sistemas diferentes en ciudades vecinas, los conflictos se van a mantener, por más que el municipio gaste ingentes sumas en ejercer toda clase de controles para impedir que pasajeros de otras jurisdicciones utilicen sus propios servicios en lugar de los más costosos de Neuquén. Pero a la larga, el intendente Quiroga y los ediles de Neuquén deberán comprender que una política moderna supone claramente defender al consumidor y no a los grupos que extorsivamente pretenden ejercer funciones monopólicas y fijar precios arbitrarios.

El caso de los teléfonos -durante largos años un ineficiente monopolio del Estado- es un buen ejemplo para demostrar que la competencia abarata el acceso al sistema, extendiendo su uso a todas las capas de la sociedad. Ese es el objetivo de la economía moderna y les guste o no a las autoridades municipales de Neuquén la eliminación de las corporaciones monopólicas, es un proceso irreversible que está transformando todo el mundo moderno.


Formá parte de nuestra comunidad de lectores

Más de un siglo comprometidos con nuestra comunidad. Elegí la mejor información, análisis y entretenimiento, desde la Patagonia para todo el país.

Quiero mi suscripción

Comentarios