«La Iglesia es una voz independiente del poder»

El obispo Radrizzani realizó un balance de 10 años en la diócesis.Criticó el modelo económico y encomió a los equipos pastorales.La designación de su reemplazante puede demorar hasta finales de año.

NEUQUEN (AN).- El hombre de 57 años se arrellana en uno de los grandes sillones de su despacho, en un respiro entre dos giras por el interior de la provincia. Viene del sur -recorrió Villa La Angostura, Junín de los Andes, la cordillera- y partirá hacia el centro en poco tiempo más. Le quedan apenas dos semanas en la conducción de la Iglesia neuquina, adonde llegó hace casi diez años para suceder a un «peso pesado» de la historia nacional: Jaime de Nevares, uno de los obispos-profetas de América Latina.

El hombre de 57 años, que nació en Avellaneda y volverá a esa zona sur del Gran Buenos Aires el 23 de este mes, siguió la línea marcada por el arado de De Nevares: dice que la voz de la Iglesia en esta provincia «nace de la independencia respecto del poder político y de la capacidad profética propia de los seguidores de Cristo».

Esa libertad le permite afirmar -como a De Nevares le permitió denunciar- que el modelo económico tiene alternativas, que «pasaron dos gobiernos nacionales que vendieron todo el patrimonio y el pueblo está cada vez más pobre» y que los representantes que fueron elegidos «nos dejaron con una deuda externa aumentada sideralmente que ahora se pagará con hambre y penurias de toda clase».

Existen alternativas, confía, y menciona un lema -«economía de comunión»- que consistiría en dividir las ganancias en tres: una parte para las empresas, otra para los trabajadores y el resto para los más necesitados. Descarta que la única posibilidad sea la del «libre juego de la oferta y la demanda» y propone como solución «una economía donde se sepa que el producto de mi trabajo no es exclusivamente para mi propio sustento». Es necesario «pensar en los otros, no sólo en uno mismo», asegura.

Este hombre de 57 años que parece no tener edad llegó hace diez años a Neuquén desde la casa de formación de la congregación salesiana en Bernal, una clase de institución que se conoce popularmente como seminario. Allí «acompañaba jóvenes, casi adolescentes, y cambié ese acompañamiento por el de toda una diócesis». El común denominador entre ambas actividades «es la entrega a la gente; yo lo único que cambié fue las figuritas, pero la actitud fue la misma sólo que un poco más de trabajo», se ríe. Y agrega que «en este tiempo, mi corazón se dilató: conocí al hombre como tal, al hombre real, al perseguido en su condición de mapuche, de encarcelado, de inmigrante, de desocupado».

Queda en silencio mientras piensa en «las luces y sombras» en esta década que vivió en Neuquén: como punto de partida, afirma, «se agudizó la concentración de riquezas; este proceso perjudicó a la clase media».

En medio de la crisis, «la gente quiere salir adelante» pero sus proyectos no prosperan, y atribuye el estancamiento a las privatizaciones que «generaron una importante concentración de capitales». La nación se convirtió «en tierra de nadie», y las empresas se entregaron «sin fijar condiciones que garantizaran una mejor prestación de servicios».

Está fresca la cuestión Aerolíneas Argentinas, y Radrizzani calla y dispara: «faltó competencia en los dirigentes, o faltó honestidad».

También le preocupan la falta de seguridad en las calles, la violencia en las casas, en fin, «la gente que termina parapetada con miedo en sus hogares».

La última pregunta es sobre la Iglesia que le tocó animar en diez años: la cuestiona porque «quiere jugar en un potrero y no en una cancha reglamentaria», pero inmediatamente aclara que si esa organicidad, ese orden, se obtienen «sofocando la vida, prefiero que siga así». Menciona los equipos que preexistían a su llegada y se consolidaron en diez años: pastoral social, pastoral aborigen, migraciones «en un clima de libertad que encontré, acompañé y asumí de entrada».

Esa suerte de «confianza mutua» entre el obispo y los equipos diocesanos fue una política dentro y fuera de la Iglesia porque «traté de englobar la mayor cantidad de personas con el objetivo del reino de Dios, que es construido por todos los creyentes y no sólo por los obispos».

El sábado próximo se hará el acto de despedida de Radrizzani en el Ruca Che. Unos meses después, ya con 40 años desde que en abril de 1961 fue creada, esta diócesis estrenará a su tercer obispo. Mientras Roma lo designa -puede demorar hasta finales de este año-, la administración quedará en manos de uno de los integrantes del consejo consultor del obispado.

Gerardo Burton


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