La irresponsable propuesta Massa-Stolbizer

Por Redacción

El diputado y máximo referente del Frente Renovador, Sergio Massa, ha propuesto, en sociedad con la legisladora del GEN Margarita Stolbizer, eliminar el IVA en los principales productos de la canasta familiar, lo cual permitiría aumentar el ingreso disponible de las personas, en especial el de aquellas de menores ingresos. ¡Pero claro! ¿Cómo no se nos ocurrió antes?

Ahora en serio, si usted está preocupado por la situación del país, preocúpese un poco más. Porque si la parte de la oposición que se supone más razonable sigue pensando que el país no necesita cambiar la política económica que ha prevalecido en los últimos setenta años, sino por el contrario, profundizarla, el panorama es desalentador.

En el caso de Massa no deberíamos sorprendernos, dada su trayectoria junto al kirchnerismo, en el que fue nada menos que su jefe de Gabinete en 2008/ 2009. Sí llama la atención que la legisladora del GEN se sume al populismo.

Sin duda que el bajo ingreso disponible de las capas inferiores de la sociedad (recordemos que tenemos un 30% de pobres) constituye un grave problema. Más diría, es “el problema” a resolver, tanto por este gobierno como por los que lo sucedan. Sin embargo, más grave aún que eso, son otros dos problemas más urgentes, que de no solucionarse van a terminar agravando aquel 30% de pobreza. Son ellos: el costo argentino y el déficit fiscal.

Cabe aclarar que cuando hablamos del “costo argentino” nos referimos al mayor costo de producir en Argentina, que en pocas palabras significa dificultades no sólo para salir a competir al exterior, sino hasta para competir internamente con productos similares que vienen de afuera. En tal sentido, la propuesta Massa-Stolbizer es inocua, ya que el IVA no se exporta ni se importa. Ejemplo: si se eliminara el IVA a las manzanas, sería tanto para las nuestras como para las que vienen de afuera, con lo cual, en términos de competitividad, no estaríamos mejorando nada.

Donde claramente no es inocua la propuesta es en su implicancia en el déficit fiscal, el cual ya está en un nivel alarmante (entre el 7 y el 8% del PBI), y cuyo financiamiento, sea por vía de la emisión monetaria y/o del endeudamiento, traería más problemas aún, acelerando los ya altos niveles inflacionarios en el primer caso y aumentando el endeudamiento también a niveles peligrosos en el segundo.

Yo me pregunto: ¿esta gente realmente cree lo que dice y propone? Porque si es así debemos pensar que son personas intelectualmente honestas; pero entonces deberían explicar cómo es que esto es bueno para el país, y no que significa apagar el incendio con nafta, como pensamos muchos. ¿De dónde va a salir la plata para cubrir el mayor agujero fiscal que implicarían estas medidas? Porque si lo logran explicar y convencernos, entonces eliminemos todos los impuestos.

Una segunda alternativa es que esta gente no crea que el déficit público sea realmente un problema, con lo cual nos estarían también diciendo que no es un problema la inflación ni el endeudamiento. Creo que les resultaría bastante más difícil explicar eso.

Una última alternativa, que es la que yo imagino más posible, está ligada a la demagogia, y al denominado teorema de Baglini, aquel radical mendocino que fuera legislador en los 80 y que en base a su experiencia decía lo siguiente: “El grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder”. En nuestro caso, el tándem Massa-Stolbizer, que hoy está lejos de ese acceso (y lo mejor sería que no lo encontraran, si esas son sus propuestas), no tiene inconvenientes en proponer cosas que resultan muy dulces para el ciudadano común, aunque para los técnicos en la materia resulten verdaderos disparates.

Es característica esta actitud compulsiva de la oposición en Argentina. Creo que erróneamente se piensa que es bueno estar permanentemente haciendo propuestas que sean lo contrario de lo que hace el gobierno de turno, para así diferenciarse. Pero deberían tener en cuenta lo siguiente: 1) la gente tiene memoria, y la credibilidad en un dirigente tiene que ver con sus convicciones a lo largo del tiempo; y 2) el momento que atraviesa nuestro país, mucho más cerca de Venezuela que de Chile o Uruguay, exige la máxima responsabilidad de parte de nuestros dirigentes políticos.

*Economista


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