La perspectiva del tiempo

Richard Nixon es más recordado por el caso Watergate. Pero en el marco de los atentados, resulta revelador su pensamiento sobre como aplicar el poder . "Los enemigos de los Estados Unidos jamás observarán ninguna regla de conducta excepto la que asegura la victoria", se le escuchó decir en sus años de presidencia.

Redacción

Por Redacción

A Richard Nixon lo hundió Watergate. Se fue muy a fondo. Tanto que al reflexionar sobre aquellas dos presidencias, la historia subordina muchas de sus sentencias a aquel desmadre.

Es injusto. Tanto como hacer de Alemania un sinónimo del holocausto.

Pero algún día Richard Nixon no será solo el estigma de Watergate. Tampoco las patologías que definían su inestable personalidad.

Entonces aparecerá un Richard Nixon de lógica brillante desde las perspectiva del manejo del poder.

No hablamos aquí de un humanista. Mucho menos de un gobernante munido por una riqueza de emociones y sentimientos que lo enaltecen para siempre en la historia de la humanidad.

Hablamos de un hombre que manejó poder. Poder decisivo.

Desde ese escalón Richard Nixon se distingue de muchos presidente de los Estados Unidos por establecer un hilo conductor entre la experiencia de su país, y su propia visión de los acontecimientos.

Tuvo lo esencial que Henry Kissinger sostiene que es necesario en el carácter de un presidente de semejante país: «Disposición para perseverar ante la incertidumbre y construir un futuro que ni puede demostrar ni completamente discernir. Y hacerlo siempre teniendo en cuenta que tienen poco tiempo para reflexionar. Que se encuentran atrapados en una batalla interminable, en la que lo urgente se impone constantemente a lo importante. La vida pública de toda figura política es una lucha continua por rescatar un elemento de opción de las presión de las circunstancias».

Así fue Richard Nixon en el manejo de la política exterior de los Estados unidos. Desde ese posicionamiento percibió que había que irse de Vietnam, o que ya no se podía seguir ignorar a China como tampoco dejar de establecer negociaciones con la URSS para repartir el arsenal nuclear sin mentirse.

Desde el conjunto de sus ideas y acciones dejó un catálogo de excelentes conclusiones para este conmovido y violado Estados Unidos que lidera George Bush.

De Vietnam – por caso -. Richard Nixon rescató una experiencia para George Bush: «Nuestro principal error en el Sudeste asiático consistió en ignorar una de las leyes más estrictas de la guerra: no entrar nunca en un conflicto sin saber cómo se va a salir». Richard Nixon opinó entonces que tras Vietnam, el mayor desafío que presentaría la política exterior americana en el futuro tratamiento de situaciones límites, consiste en que su sistema de decisión se mueva no en función de impedir derrotas «sino en obtener victorias».

Y cuanto más terminantes, mejor.

Richard Nixon no se dejó además embaucar por el hecho que una causa que el poder americano defina como «noble», pueda sustituir la estrategia. «Moralmente estábamos en lo cierto al tratar de ayudar a Vietnam del Sur a defenderse, pero cometimos errores cruciales en cómo realizar dicha tarea», señala en «No más Vietnam».

Paciente lector de León Trotski, del que abrevó durante años, Richard Nixon coincidía con aquel en que «Quizá no estéis interesados por la estrategia, pero la estrategia se interesa por vosotros».

Las batallas que libró Richard Nixon fueron esencialmente contra el comunismo o todo lo que su mente – por momentos muy enfermiza -, se le parecía.

Abroquelado incluso ciegamente en esa posición, sus largas charlas con el ya jubilado Douglas McArthur – bajo cuyas órdenes había combatido en el pacífico -, Richard Nixon hizo suya una reflexión de aquel terco y vehemente general: «Los enemigos de los Estados Unidos siempre jamás observarán ninguna regla de conducta excepto la que asegura la victoria».

Apelando a Nietzsche, Richard Nixon advirtió que siguiendo la máxima de aquel general- «en la guerra la victoria no tiene sustituto» -, podía cometerse en error de aquel que luchando contra cocodrilos «se transformó en uno de ellos».

– Pero también debemos recordar que quien no lucha acabará devorado por los cocodrilos – señala Richard Nixon en sus memorias.

Ningún presidente de los Estados Unidos del `45 a hoy supo interpretar como él la ventaja que el sistema de decisión norvietnamita sobre el americano:

– La tenacidad, eso distingue a nuestros enemigos. Su definida convicción en luchar a cualquier costo.

Lo mismo que hoy, ante las Torres gemelas.

Carlos Torrengo

ctorrengo@rionegro.com.ar


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