La predecible transgresión

“Al calor de las armas”, un western noir de Christopher McQuarrie.

En algún punto la transgresión por habitual se vuelve norma. Justo entonces empezamos a adivinar dónde, cuándo y cómo pasarán las cosas.

Esto es lo que viene ocurriendo hace algunos años con los filmes de acción alternativos norteamericanos.

“Al calor de las armas” es otro caso para la colección. Los primeros minutos del filme dirigido por Christopher McQuarrie (quien ganó un Oscar por su guión de “Los sospechosos de siempre” y ahora incursiona además en la dirección), con Benicio del Toro, Ryan Phillippe, Juliette Lewis, James Caan, Kristine Lehman y Geoffrey Lewis, confirman la tendencia.

Sentados sobre un Mercedes reluciente, los dos chicos protagonistas hacen saltar la alarma del coche a unos pocos metros de sus dueños, una banda de gente con pocas pulgas. No buscan nada en concreto, apenas si molestar un poco en el lugar equivocado. Cuando una pareja de novios viene a increparlos por su atrevimiento la que se lleva la peor parte es la chica. Es la primera en recibir un puñetazo en la cara. Ah, claro.

Luego de esta presentación viene la historia predecible, justamente por impredecible. Mientras esperan su turno para vender esperma en un laboratorio escuchan sobre una chica que alquiló su vientre a un millonario.

Está por dar a luz previo pago de un 1 millón de dólares. Por supuesto, los chicos no lo piensan mucho y la secuestra. Pero ellos piden 15 millones de rescate.

En el medio hay dos guardaespaldas fríos como un muerto que proyectan quedarse con el dinero y matar a todos los testigos (ellos mismos incluidos, según parece por su actitud).

También aparece un típico “Mister soluciones” (¿recuerdan al “Mr. Wolf” encarnado por Harvey Keitel en “Tiempos Violentos”) que interpreta realmente bien James Caan. Aunque sus frases son también parte del cliché: “Algún día, una noche, sentirás una almohada en la cara y un disparo, luego la nada, seré yo”, le explica a Benicio del Toro en una de las escenas del filme. “¿Le parece que esto fue pensado?”, le responde el actor latino cuando Caan lo invita a reflexionar sobre sus actos.

Quienes buscan el grado de misterio que caracterizan a “Los sospechosos de siempre”, motivados en su elección, además, porque se trata del mismo guionista, se verán algo decepcionados. “Al calor de las armas” tiene mucha acción, un excelente utilización de los recursos técnicos y buenas actuaciones. Pero le falta magia, el fondo inescrutable que caracteriza a la obras mayores.

El final es un homenaje al viejo western spaguetti con miles de disparos en un viejo pueblo de la frontera mexicana. El propio McQuarrie había definido su obra como un «western noir». No es exagerado.

A esta altura ya habrán adivinado como termina. (C.A.)


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