La semana económica: En la torre de Babel

ARGENTINA

Ahora que el establishment empresario se animó a hablar en público en el último Coloquio de IDEA, el gobierno de Cristina Kirchner sobreactuó una reacción para disimular una realidad que conoce desde hace tiempo: los empresarios de sectores clave no hablan ni hablarán el mismo idioma económico del oficialismo. Por lo tanto, va a ser difícil que se entiendan o apoyen mutuamente.

Como no había ocurrido en años, durante el encuentro empresarial realizado en Mar del Plata abundaron -esta vez con nombre y apellido- cuestionamientos al gobierno y a su política económica. El disparador estuvo en el discurso de apertura del titular de IDEA, Miguel Blanco, quien habló en nombre del nuevo Foro de Convergencia Empresarial (que integra junto con otras 53 entidades) y no tuvo pelos en la lengua para denunciar que el gobierno de CFK busca reformar la Constitución de 1853 a través de leyes que aprueba sin debate, sin consenso y con “mayorías circunstanciales” en el Congreso. La referencia no fue casual: las principales entidades del FCE ya anunciaron su intención de pedir a la Justicia la inconstitucionalidad de la controvertida ley de Abastecimiento por considerar que viola el derecho de propiedad y frena inversiones. Pero el contenido de esa frase incomodó al gobernador bonaerense Daniel Scioli, quien en su discurso inaugural debió decir que no concordaba con Blanco. Aunque, fiel a su estilo, expresó luego su deseo de que “las diferencias no nos dividan y nos permitan construir entre todos un país mejor”. Y hasta IDEA tuvo su propia interna cuando Isela Costantini, presidente del 50º Coloquio y de General Motors en la Argentina, puso distancia con el discurso del titular de la entidad al declarar por radio que algunas frases no coincidían con el espíritu del encuentro marplatense. Aunque ambos negaron públicamente una pelea, estaba claro que apuntaron a destinatarios diferentes: Blanco al frente empresario y Costantini al gobierno, con el que debe lidiar cotidianamente por las trabas para el pago de importaciones de autopartes y vehículos.

Quizás la definición más jugada -y precisa- provino del titular de la UIA, Héctor Méndez, un día después de que se cerrara el Coloquio. “No hay un modelo económico; hay un modelo ideológico”, respondió cuando se le preguntó por radio si el modelo estaba agotado, como afirmaron algunos participantes y ganaron la tapa de varios diarios.

La prueba más elocuente de su afirmación fue la realización simultánea de un descolorido “contracoloquio” organizado por entidades empresarias afines al gobierno de CFK, como la CGE de Ider Peretti (exégeta de Guillermo Moreno) y la Apyme, entre otras, en una reducida sala teatral del centro marplatense. Aunque se había anunciado la presencia del titular del Banco Central y del número 2 del Ministerio de Economía, sólo fue de la partida el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Pero allí no hubo “ideas para sostener el modelo nacional y popular”, como se había anticipado, sino críticas a IDEA y un explícito apoyo a la Ley de Abastecimiento. O sea, una reedición de la confrontación ideológica entre “nosotros y ellos” promovida por el kirchnerismo, sólo que en otro piso de la Torre de Babel.

Aunque cuesta creer que en estos tiempos el oficialismo gaste recursos y energías para desacreditar a quienes piensan distinto y sólo para cohesionar a la militancia, ese intento de organizar un encuentro por separado se quedó corto. La repercusión mediática del coloquio de IDEA se amplificó con la presencia en Mar del Plata de cuatro precandidatos presidenciales opositores (Sergio Massa, Ernesto Sanz, Julio Cobos y Hermes Binner), que no anticiparon nada relevante pero se ganaron el aplauso de los participantes sólo por debatir civilizadamente. Otra vez, idiomas diferentes. De ahí que el kirchnerismo redoblara su ofensiva dialéctica acusando a la oposición de estar al servicio del establishment . Y a los empresarios de IDEA de ser “nostálgicos de los 90 y del neoliberalismo”, como afirmó Axel Kicillof.

El ministro de Economía sostuvo además que el Coloquio debería denominarse “sin una Idea”, en un evidente error de información. Como se explicó en esta columna, puertas adentro suelen debatirse cuestiones de fondo con proyección a largo plazo, entre las cuales sobresalieron esta vez la calidad educativa, el narcotráfico, el valor de los derechos y cómo aprovechar el potencial de recursos energéticos y mineros. En estos terrenos hubo numerosas propuestas. Claro que la ausencia de representantes del gobierno nacional, que ha sido una constante desde 2005, le impidió conocerlas.

Por lo pronto, ningún debate es posible con idiomas diferentes e ideas irreconciliables. Mientras el gobierno acusa a empresarios y oposición de querer volver a los fracasos de los años 90, del otro lado hay cada vez más consenso en que el oficialismo terminará reeditando el fracaso de los años 70.

Más que una cuestión ideológica, es evidente que el modelo populista K ya no es sostenible con el gasto público cada vez más alto y un déficit fiscal récord financiado con emisión y reservas del Banco Central, pese a la presión tributaria récord. La escasez de dólares agrava la recesión, que no impide que la inflación suba y deteriore el salario real y el tipo de cambio, con lo cual se debilitan las exportaciones.

Pese a este modelo “imposible”, nadie recomienda otra devaluación como la de enero. Y paradójicamente, las mayores apuestas para evitar una crisis se encaminan a un arreglo con los fondos buitre a comienzos de 2015 cuando venza la cláusula RUFO, aunque sólo por la necesidad de conseguir financiamiento externo para llegar a fin del año próximo sin apremios.

En la última jornada del Coloquio de IDEA, los economistas que asesoran a los candidatos opositores demostraron hablar un lenguaje común para salir de la torre de Babel y mucho pragmatismo al mostrar unas pocas cartas sobre lo que piensan para después de 2015. Entre Miguel Bein (Scioli), Ricardo Delgado (Massa), Francisco Cabrera (Macri) y Javier González Fraga (Unen) hubo más coincidencias que desacuerdos sobre la necesidad de aplicar una política de metas de inflación, para bajarla a un dígito en 2 a 4 años; no recurrir a maxidevaluaciones, promover inversiones privadas y eliminar las retenciones al trigo y las economías regionales para mejorar la rentabilidad y la producción.

Las definiciones más contundentes y llamativas surgieron de Bein. “Seamos serios: un país como la Argentina no puede regalarle $ 65.000 millones a la clase media en subsidios. A estos precios hay que bajar la retención a la soja. La ‘mesa de los argentinos’ se defiende triplicando la producción de trigo y no restringiendo las exportaciones. Con esos dólares se pueden importar insumos o las motos y autos para que compren los trabajadores, en lugar de sustituir importaciones que, más allá del actual voluntarismo, es un proceso largo”, afirmó.

Poco que ver con el modelo, aunque provinieron de quien asesora al candidato más cercano al kirchnerismo. Todos, en cambio, usaron tecnicismos y eufemismos para no hablar directamente del gasto público. Es que todavía falta un año para las elecciones.

Néstor O. Scibona

Néstor O. Scibona


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