La semana en San Antonio: Que los cumpla…

Noventa y siete años pasaron desde aquel 10 de julio, en el que los pobladores del Este, en la Península Villarino, donde hoy está el Puerto de Ultramar, decidieron buscar un sitio con mejor acceso terrestre para la llegada de los carros con la lana de los campos.

En un pequeño bote, los pioneros recorrieron la bahía y encontraron, pocas millas al este de sus hogares, un sitio con esas condiciones. Fundaron así un nuevo San Antonio, llamado Oeste por su ubicación relativa con respecto al primer asentamiento.

Y no fue equivocado el traslado. Las ventajas comparativas rápidamente surtieron efecto. En poco tiempo se construyó el ramal ferroviario que unió la ciudad con Bariloche. San Antonio se transformó en mercado concentrador de lana, que era llevada en barco a Capital Federal. Fue una de las ciudades más importantes de la Patagonia.

Increíblemente no tuvo agua durante 70 años. Recién en el 72 se inauguró el canal a cielo abierto que la traía desde Pomona y hubo que esperar hasta el 83 para que fluyera normalmente, sin inconvenientes ni interrupciones.

Fue un pueblo golpeado por diversas circunstancias. La inauguración del puente que une Viedma y Patagones, en la década del 30, provocó que las mercaderías ya no se detuvieran aquí para trasbordar a los barcos, sino que llegaban directamente en los convoyes hasta la ciudad porteña. Pero luchó y encontró alternativas. Surgió la pesca de cazón en los 40, se creó Las Grutas en los 60, y el ferrocarril acompañó el desarrollo con su permanente vigencia.

En los 70, se incrementó la pesca industrial y en los 80 se construyó el puerto de Ultramar. También en esa década se inició la actividad turística en la zona, consolidándose en la última década.

Hasta aquí, pareciera la descripción de un lugar paradisíaco, con pleno empleo y amplias posibilidades. Sin embargo, la comunidad soplará sus 97 velas en la más profunda de las pobrezas de toda su historia.

¿Qué pasó? Es difícil saberlo. Sin dudas la crisis nacional arrastró a San Antonio en esta caída libre. La privatización de los ferrocarriles fue una de las principales causas del crecimiento de la desocupación. Los despedidos indemnizados compraron taxis, lanchas o pusieron algún negocio. Contra todo eso también conspiró la recesión y otras cuestiones macroeconómicas.

Pero lo más grave es la pérdida del ímpetu para salir adelante.

Hay pocas frases tan desacertadas como esa que expresa que «todo tiempo pasado fue mejor». Pero en San Antonio, es cierto que antes hubo pocas cosas peores que ahora. En lo deportivo, en lo cultural, en lo económico, la comunidad ya no es la misma.

Cada sanantoniense reconoce la necesidad de trabajar en conjunto para salir a flote.

Pero falta el hilo conductor. La idea fuerza que motive a la participación. Es tiempo que, a poco de llegar al centenario, San Antonio halle el rumbo perdido, ponga proa hacia aquellas alternativas con las que siempre soñó y reconozca que ya no se pueden esperar milagros de los gobernantes, sino que se requiere el esfuerzo de todos.

Y a quienes están en el poder les cabe más que nunca la responsabilidad de generar espacios para la participación popular, terminando con la costumbre del asistencialismo.

Pedro Caram

pcaram@canaldig.com.ar


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