La vida gay en tiempos de Rembrandt: Los lugares de encuentro secretos de Ámsterdam

La autodenominada “Gay Capital of the World” cuenta con una oficina propia de turismo homosexual.

En ningún otro lugar Ámsterdam se parece tanto a un parque encantado que bajo los puentes jorobados con sus gráciles barandillas pintadas de negro.

Sin embargo, esta imagen romántica es un poco engañosa: durante siglos, los puentes eran los primeros lugares de encuentro gay en la capital holandesa.

Y es que justamente debajo de los puentes se encontraban los baños públicos, que ofrecían la posibilidad de mantener encuentros fugaces sin ser vistos desde la calle, aunque espías de las autoridades judiciales en ocasiones pasaban por los puentes para detectar ruidos sospechosos. Los sodomitas, como se les llamaba, también tenían motivo para temer por su vida en la Ámsterdam liberal de aquellos tiempos: el que fuese sorprendido in fraganti terminaba en el garrote o era hundido en el puerto dentro de un barril con piedras.

Por su propia seguridad, los gays no utilizaban los nombres verdaderos de los puentes, sino nombres en clave como “La señorita larga”. Hoy en día, los canales de Ámsterdam son escenario, entre otros eventos, del “Canal Parade” durante el Festival del Orgullo Gay de Ámsterdam, el primer sábado de agosto: los 80 barcos que desfilan por los canales son aplaudidos a su paso por hasta 250.000 visitantes.

La autodenominada “Gay Capital of the World” cuenta con una oficina propia de turismo homosexual, Gaytic, con sede en la calle Spuistraat 44. En 1987 se inauguró junto a la iglesia Westerkerk, cerca de la casa de Anne Frank, el primer monumento erigido en el mundo en recuerdo de la persecución de los homosexuales. En 2001 se casó por primera vez una pareja gay, en el ayuntamiento situado en la plaza Waterlooplein. Todo ello por una buena razón: Ámsterdam tiene una larga historia de homosexualidad, una subcultura que ya en el siglo XVII atraía a esta ciudad a visitantes extranjeros.

En tiempos de Rembrandt, el lugar de encuentro gay más famoso de Ámsterdam era el Salón de los Ciudadanos del Ayuntamiento, convertido más tarde en Palacio Nacional. Justamente este centro de poder estatal fue el portal de contactos del mundillo gay. Para llamar la atención, el homosexual deambulaba por el salón con las manos en la cintura y cuando veía a alguien que le gustaba, le tocaba brevemente con el codo. Si la persona elegida respondía positivamente, la pareja se dirigía directamente a los baños del ayuntamiento, a pesar de que estos estaban situados junto a la cámara de tortura.

Muy mala fama tenían también los marineros en los barcos de vela de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC). En las oscuras entrecubiertas estaban apiñados en un espacio mínimo hasta 250 hombres. Si un marinero era sorprendido cometiendo actos inmorales, era arrojado vivo por la borda sin piedad. Sin embargo, sólo pocos se dejaban asustar por este mortal castigo, ya que la vida a bordo de esos barcos, que tardaban ocho meses en llegar a las Indias Orientales, era tan infernal que no pocos marineros hasta saltaban al mar por voluntad propia.

Para tener una idea de las terribles condiciones de vida de los tripulantes y soldados de la VOC, se puede visitar una réplica del velero “Amsterdam”, de casi 50 metros de eslora, que está amarrado junto al Museo de la Navegación. El barco original se hundió durante una tormenta en 1749.

Por Christoph Driessen (dpa)


En ningún otro lugar Ámsterdam se parece tanto a un parque encantado que bajo los puentes jorobados con sus gráciles barandillas pintadas de negro.

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