Dos personajes inolvidables, una saga imperdible, y una autora de culto
Elizabeth Strout regresó a las librerías con “Cuéntamelo todo”, una novela que retoma la saga de Lucy Barton y Olive Kitteridge, y profundiza su universo de personajes heridos y luminosos. La autora demuestra otra vez su capacidad para narrar lo que se dice a medias y lo que no se dice pero deja huella. Un nuevo capítulo en una obra que ya es de culto.
Algunos autores son como ídolos de rock. Generan esa clase de fanatismo: querer escucharlos mil veces, comprar todos sus discos. O lo que es lo mismo: querer leerlos mil veces, comprar todos sus libros. Elizabeth Strout tiene ese magnetismo. La autora -setenta años, nacida en Portland, abogada primero y con muchos oficios en el medio antes de convertirse en una narradora premiada con el Pulitzer- volvió a las librerías argentinas con “Cuéntamelo todo” (Alfaguara), una novela que retoma a sus personajes más queridos para explorar la soledad, la herida de clase y la posibilidad -siempre incierta y averiada- del amor. Ahí están sus canciones más conocidas: las que hablan de la dubitativa, algo nerviosa e irritante Lucy Barton y las de la áspera Olive Kitteridge, dos personajes formidables que condensan modos distintos de mirar el mundo y, sobre todo, de sobrevivir a él.
“Es algo que Lucy suele decir con frecuencia: “cuéntamelo todo”. Pero, para mí, es una invitación. No es una orden, es bienvenida. Como alguien diciéndote que está dispuesto a escucharte todo lo que tengas para decirle… A medida que iba escribiendo el libro se me hizo evidente: la gente quiere que la oigan, que la escuchen de verdad. Lo necesita. Es algo que nos hace humanos… de eso se trata: de ser oído y de ser visto, aunque no sea más que por un momento”, le dijo Strout al periodista argentino Rodrigo Fresán durante la presentación del libro, en Barcelona.

No es lo que hace Strout, como ya han hecho otros escritores que también siguieron las vida de sus personajes -Richard Ford con Frank Bascombe o John Updike con “Conejo”-, lo que la vuelve única. Pero sí cómo lo hace, la materia prima que le da forma a sus criaturas.
“Cuentamelo todo” es el quinto en la lista de libros que escribió sobre Lucy Barton. Por eso, mejor empezar por el principio. Y el principio es así: una mujer despierta en una habitación de hospital. Lleva semanas ahí, inmóvil, mirando por la ventana el brillo geométrico del Chrysler Building, el edificio icónico de Nueva York. Una operación de apendicitis con complicaciones, la tendrá nueve semanas en esa cama. De pronto, su madre -a la que no ve hace años- aparece sentada a los pies de la cama. No se abrazan ni se explican nada. Las formas del afecto les son desconocidas. Pero la madre, hosca desde siempre, empieza a contar historias mínimas del poblado que su hija dejó atrás: un vecino, una chica que se casó, un hombre que perdió el trabajo. La hija escucha, y en ese intercambio torpe, lleno de silencios y de frases que parecen no decir nada, se abre un mundo entero.

La mujer que está en la cama del hospital es Lucy Barton. Y esa escena, que inaugura la saga, abre “Me llamo Lucy Barton” (Duomo ediciones, 2016; ahora en una colección publicada por Alfaguara), y contiene la clave de la literatura de Elizabeth Strout: la capacidad de captar aquello que se dice a medias y aquello que no se dice nunca pero que aún así deja huellas y heridas.
Se han escrito tantos libros sobre la relación madre-hija. Pero este no se parece a ninguno. No hay nada efectista ni predecible ni tramposo en lo que escribe Strout. Y sin embargo, puede partir el corazón del lector.
Aunque no hace falta leerlos en orden para entender a los protagonistas ni la historia, a “Me llamo Lucy Barton”, que tiene todos los ingredientes para que los lectores se conviertan en seguidores de ese personaje – escritora ella, exitosa en Nueva York después de haber salido de la pobreza más extrema-, le siguió “Todo es posible”.

En este segunda incursión en la vida de Barton, Strout la hace regresar a su pueblo natal tras diecisiete años de ausencia para reencontrarse con unos hermanos que tuvieron una vida completamente distinta a la suya, y para que se las vea con lo que esas diferencias hacen a las relaciones. Luego vino “¡Ay, William!” (también Alfaguara), con una Lucy divorciada, viuda del segundo marido y en una especie de road trip con su primer esposo, un viaje y con destino a los orígenes familiares de él, que terminará por ponerlos en un inesperado pie de igualdad ante algunas cuestiones de la vida.

La cuarta, “Lucy y el mar” es una novela anclada en los tiempos pandémicos, que no sólo explora la complejidad de una relación amorosa a lo largo de los años, sino los vínculos en general, los prejuicios, las grietas sociales y políticas y la solidaridad, a pesar de todo. Si hubo un momento en que todo eso se volvió extremo fue durante la pandemia, y Strout, con su estilo de apariencia engañosamente sencillo, narra eso en una escena crucial.

Y entonces, ahora sí, el final: “Cuéntamelo todo”, también publicada por Alfaguara, que funciona como el cruce de los dos universos de Strout. Por primera vez, Lucy y Olive Kitteridge, esa maestra de matemáticas, jubilada, y dura, que hasta aquí vivían en líneas paralelas, se encuentran, se conocen, se cuentan cosas (casi todas las cosas, las que se dicen y las que se ocultan).

También aparece Bob Burgess, otro personaje de otros libros, el abogado que arrastra desde la infancia la culpa por la muerte de su padre, y que aquí aparece como un hombre que intenta, quizás demasiado tarde, entregarse a un amor que sabe imposible. Su vínculo con Lucy -hecho de encuentros breves, y con unas confidencias al borde del río que no terminan de eclosionar- tiene un sabor agridulce.
Este nuevo universo Strout está hecho de sonidos más bien sombríos. Y el clima áspero de Maine -con ese invierno que parece no terminar nunca- funciona como una extensión de los personajes.
Ahí están, todos juntos, como canciones de Strout. Y suena bien, muy bien.
Los libros de Elizabeth Strout
Amy e Isabelle (1998, Seix Barral, 2017)
Una madre y una hija en un pueblo de Maine: el origen de los temas que Strout volverá a explorar: vergüenza, deseo, silencios familiares.
Olive Kitteridge (2008, ediciones posteriores al Pulitzer)
Retrato coral de un pueblo costero y de una mujer feroz, contradictoria, inolvidable. El libro que la consagró y que abrió su universo narrativo. Se puede ver su versión hecha serie con el inolvidable rostro de Frances McDorman como la áspera y querible Olive.
Los hermanos Burgess (2013, Seix Barral, 2018)
Dos hermanos marcados por un trauma infantil regresan a su pueblo natal. Una exploración de la culpa, la clase y las tensiones contemporáneas en Estados Unidos.
Me llamo Lucy Barton (2016, Duomo Editorial)
Lucy, hospitalizada, recibe la visita de su madre. Una novela mínima y luminosa sobre el origen, la pobreza y las marcas que deja. Fue llevada al teatro.
Todo es posible (2017, Duomo Editorial)
Historias entrelazadas del pueblo de la infancia de Lucy. Un mapa de vidas marcadas por la precariedad y el deseo de redención.
Luz de febrero (2019, Duomo Editorial)
El regreso de Olive Kitteridge en episodios que profundizan su brusca humanidad, pero que demuestran también que detrás de esa cáscara hay alguien dolido.
Ay, William (2021, Alfaguara, 2022)
Lucy acompaña a su exmarido en una investigación familiar. Una road novel sobre la memoria, los lazos y los silencios familiares, el matrimonio y lo que persiste después del amor.
Lucy y el mar (2022, Alfaguara, 2023)
Lucy y William atraviesan la pandemia en una casa frente al océano,en una historia que convierte el encierro en un espejo emocional y también político.
Cuéntamelo todo (2024, Alfaguara, 2025)
La novela más reciente: Lucy escucha a los múltiples personajes de Strout en Maine.
Algunos autores son como ídolos de rock. Generan esa clase de fanatismo: querer escucharlos mil veces, comprar todos sus discos. O lo que es lo mismo: querer leerlos mil veces, comprar todos sus libros. Elizabeth Strout tiene ese magnetismo. La autora -setenta años, nacida en Portland, abogada primero y con muchos oficios en el medio antes de convertirse en una narradora premiada con el Pulitzer- volvió a las librerías argentinas con “Cuéntamelo todo” (Alfaguara), una novela que retoma a sus personajes más queridos para explorar la soledad, la herida de clase y la posibilidad -siempre incierta y averiada- del amor. Ahí están sus canciones más conocidas: las que hablan de la dubitativa, algo nerviosa e irritante Lucy Barton y las de la áspera Olive Kitteridge, dos personajes formidables que condensan modos distintos de mirar el mundo y, sobre todo, de sobrevivir a él.
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