Rosario Bléfari y las vidas que transcurren en las casas de los otros
En "Mis dependencias", el libro póstumo de la actriz, escritora, y cantante Rosario Bléfari, un guion de cine reconstruye la vida de sus padres, trabajadores de la limpieza en hoteles, casas particulares y estancias. Más que el esfuerzo del trabajo, Bléfari mira una condición singular: vivir en los lugares donde se trabaja y habitar, desde la infancia, los espacios de servicio.
“Mis dependencias”, el libro póstumo de Rosario Bléfari que acaba de publicar Lumen, está hecho de una materia diáfana. Música, actriz, escritora, una de las figuras más singulares de la escena independiente argentina, Bléfari murió en 2020, a los 54 años. A lo largo de su obra pasó de una disciplina a otra con una libertad poco frecuente: hizo canciones, tuvo una banda, actuó en películas como “Silvia Prieto”, de Martín Rejtman, escribió novelas, cuentos, poemas, diarios, artículos. También dejó textos como los que forman parte de este libro y que prolongan su particular manera de mirar, siempre atenta a las vidas que transcurren un poco fuera de escena principal.
En la primera parte del libro hay un guion de cine que quedó tal como ella lo dejó antes de morir. Es un texto autobiográfico que vuelve sobre el mundo laboral de sus padres: las áreas de servicio de hoteles como el Llao Llao, de casas particulares, o de un casco de estancia en la provincia de Buenos Aires. “Es un trabajo en el que se vive. Se vive dentro del trabajo”, escribe Bléfari.

Las dependencias del título son, efectivamente, las habitaciones de servicio donde viven quienes trabajaban allí, un lugar que nunca es propio, pero que funciona como vivienda. Bléfari no se enfoca tanto en el peso del trabajo de sus padres -aunque también- sino en lo que significa crecer dentro de él, esa cosa inespecífica de estar rodeado de lujo, y comida inaccesible, y no tener casi ningún privilegio.
Lo que traduce en escenas es siempre una observación lúcida sobre esos espacios y sus dinámicas. Por ejemplo, estas escenas: En el hotel patagónico, Rosario de 5 años entra a la cocina y pide un café con leche, se lo sirve Ángel, el cocinero, como si fuera huésped. A los pocos días, luego de que se fundiera el dueño d ela cadena hotelera, el lugar queda casi deshabitado y Rosario y sus padres, junto a otros empleados, comen lo que queda en las alacenas hasta que deben marcharse.
Hay algo de “Mis dependencias” que puede emparentarse con “Un día de trabajo”, la crónica en la que Truman Capote sigue a Mary Sánchez durante toda una jornada, limpiando casas y publicada en “Música para camaleones”, y también con “Manual para mujeres de la limpieza”, el espléndido libro de Lucia Berlin. En ambos casos hay una literatura que se acerca a trabajos invisibilizados. Pero Bléfari desplaza todavía más el foco. “La tarea consiste en evitar cualquier atisbo de decadencia y evitar el contacto directo con toda la operación que se requiere para reponer la limpieza, el orden, el grado cero”, escribe. “Todo lo que pueda evocar la presencia de lo que se marchita, o ya fue usado, debe ser retirado de la escena y reaparecer de nuevo dispuesto”. La idea de una maquinaria que borra las huellas de quienes estuvieron antes para que todo vuelva a parecer nuevo.

“En nuestra cultura jerárquica, el trabajo de menor jerarquía tiende a ser un trabajo cíclico, que debe repetirse una y otra vez, sin dejar ninguna huella duradera”, escribe más adelante.
El guion está acompañado por un diccionario que Bléfari dejó anotado en una guía telefónica, de la A a la Z. En la H, por ejemplo, escribe: “Hotel: un hotel es una fábrica de hospedar”. Y también Honor: “el honor de estar sucio por haber limpiado lo que estaba sucio, adquirir la suciedad de lo salvado”.
“Mis dependencias” tiene otros dos capítulos: “Pensamiento, palabra, obra y omisión”, con artículos publicados en revistas, y “Un tesoro con tesoros dentro”, una selección inédita de apuntes. El conjunto tiene algo de archivo personal. Pero es el guion, con la pintura de esa familia que vivió buena parte de su historia en lugares ajenos, el que ilumina todo el libro, y el que muestra ese material resplandeciente del que estaba hecha ella misma.
“Mis dependencias”, el libro póstumo de Rosario Bléfari que acaba de publicar Lumen, está hecho de una materia diáfana. Música, actriz, escritora, una de las figuras más singulares de la escena independiente argentina, Bléfari murió en 2020, a los 54 años. A lo largo de su obra pasó de una disciplina a otra con una libertad poco frecuente: hizo canciones, tuvo una banda, actuó en películas como “Silvia Prieto”, de Martín Rejtman, escribió novelas, cuentos, poemas, diarios, artículos. También dejó textos como los que forman parte de este libro y que prolongan su particular manera de mirar, siempre atenta a las vidas que transcurren un poco fuera de escena principal.
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