Género fluido: “¿Cómo vas a ir en contra de lo que sos?”

Dann Castro se reconoce como una persona no binaria, de género fluido. No se siente identificada ni como varón ni como mujer. Actualmente está realizando el cambio registral, un derecho que fue establecido hace siete años y que le permite modificar sus datos en el documento. 




Las personas no binarias son aquellas que no se identifican en las categorías varón/mujer. Dann se autopercibe como género fluido (Foto: Florencia Salto)

Las personas no binarias son aquellas que no se identifican en las categorías varón/mujer. Dann se autopercibe como género fluido (Foto: Florencia Salto)

La mamá de Dann le preguntó a los 11 años si era lesbiana. ¿O fue a los 12? No recuerda con precisión la edad, pero si lo que debía contestar.

“No me lo preguntó con la posibilidad de que yo le dijera “si” y que esté todo bien. Yo tenía que decir que no, obviamente. Igual no me gustaban ni los chicos, ni las chicas en esa época. O sea no tenía orientación sexual, era niñe”, asegura.

-¿Y qué le respondiste?

-Que no, porque tenía miedo. Yo sabía que la respuesta correcta era no, y que si decía que sí iba a estar todo mal.

Hace siete meses que Dann Castro se reconoce como una persona no binaria, esto significa que no se encasilla ni como varón, ni como mujer. Va a tener miedo otras veces en su vida, ya no a su mamá, si no a la brutalidad que expresan quienes odian su existencia (ver aparte).

Hoy se cumplen siete años de la sanción de la ley que le otorgó la posibilidad, a las personas que no se identifican con el sexo asignado al nacer, de modificar el nombre en su DNI a través de un trámite administrativo. Sin patologizarlas, ni exigirles intervención quirúrgica ni aval de un juez.

“Persona no binaria es un término paragua. Yo soy de género fluido, fluyo entre todos los géneros incluso me siento totalmente aparte de los géneros femenino y masculino. Por ahí mi expresión de género (vestimenta, comportamiento) es más femenina, por ahí es más masculina. Los pronombres me dan igual, neutro sería lo ideal, pero es un cambio sociocultural, del lenguaje”, explica Dann, que inició en enero pasado el cambio registral.

Su cara está enmarcada en unos lentes cuadrados, gruesos y negros. Es activista de la organización “Varones trans de Neuquén y Río Negro” y referente, en el grupo, de las personas no binarias, que se reunirán en un encuentro provincial el próximo 11 de mayo. Tiene 16 tatuajes -incluido un enorme corazón atravesado por la palabra “marica”- y pese a que es otoño sus manos están frías. Las mismas que una vez despreció.

“Yo nunca sentí cariño por lo que soy, porque ni siquiera entraba en la normativa de señorita, no quería mis manos, no me gustaba mi espalda, me privé de hacer un montón de cosas que antes me gustaban como canotaje porque me decían: “no, te va a hacer espalda de hombre”. ¡Qué me importa! Si tengo una tremenda espalda por hacer natación. Tenía un montón de limitaciones con mi cuerpo, con todo lo que soy, con mi identidad”, cuenta.

Habla con toda la ternura que una vez le fue negada. Cumplió 25 años, está cursando el secundario en una nocturna y vive con su abuela. Cuando se aprobó la ley de identidad de género tenía 18. Sueña con ser maestra.

Agrega: “Yo era una niña muy feliz y de repente, no, y empecé a presentar síntomas de depresión. Me crié con mi hermana más chica, que es mi fiel compañera. Mi mamá se daba cuenta, pero es muy religiosa, me llevaba a la iglesia evangélica. A los 17 años descubrió que estaba saliendo con una chica y se pinchó todo. Mi mamá se enfermó, le dio una crisis nerviosa, le dio psoriasis, me culpó muchos años por su enfermedad. Liberarme de eso me costó, a los 20 me di cuenta que no era mi culpa, que no estaba mal lo que era: ¿Cómo vas a ir en contra de lo que sos?”

Dann es referente del grupo de las personas no binarias en la Asociación de Varones Trans de Neuquén y Río Negro. (Foto: Florencia Salto)

"Sentí miedo"

El otro día se me acercó un grupito de varones, adultos, y uno me dijo:
-Amigo, ¿pasó el 14?
Y yo contesté:
-Sí, recién
Lo dije con mi voz. Y me quedó mirando y sentí miedo, bueno por lo que le pasó al chico de Tucumán. Yo estaba solo en la parada de colectivo.
“El chico de Tucumán”, al que se refiere Dann, es Lucas Gargiulo, un joven trans de 24 años, que fue atacado, asaltado y violado el 1 de mayo cuando volvía a su casa. Lo golpearon al grito de: “puto, te vamos a volver macho.”
El odio hacia las identidades trans, travestis y no binarias muchas veces se traduce en actos de violencia que, incluso, pueden poner en riesgo su vida.
“Somos personas igual que ellos. No se cuál es la diferencia entre una persona que se identifica con femenino/masculino, o que no se identifica con ninguno. No somos extraterrestres, vivimos en este mismo mundo, nos criamos iguales, no sé, quizás deberían conocernos”, afirma Dann.

Hoy se cumplen siete años de la sanción de la Ley de Identidad de Género. (Foto: Florencia Salto)

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