Los adultos y los hábitos saludables de los menores
MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)
Según el libro de The Economist “Pocket World in Figures, 2013”, la Argentina ocupa el segundo puesto mundial de obesidad masculina (37,4%) después de Estados Unidos (44,2%). En relación a dicha estadística, el economista Orlando J. Ferreres (“La Nación”, 6/12/13) opina que “la obesidad significa un gasto innecesario, ya que se ingieren alimentos en mayor medida de lo necesario” y agrega: “Esto no es así en todos los casos, ya que además de los que comen en exceso por placer, una parte de la población come mal por desconocimiento, y otra por falta de dinero para una dieta más variada. También en una vida sedentaria como la actual en las zonas urbanas, puede influir la falta de ejercicio físico”. Un tema de educación Sobre dicha apreciación, propongo abrir dos nuevos interrogantes. Éstos son: ¿en qué medida los adultos pueden causar involuntariamente un daño a los niños por desconocimiento de los alimentos que estos necesitan? y ¿en cuánto el sedentarismo contribuye a fomentar enfermedades como la obesidad infantil? En tal sentido Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), afirma que la obesidad afecta al 10% de los preescolares y adolescentes y al 18% de los escolares. Durante mucho tiempo se pensó la obesidad como contraria a la desnutrición, cuando en realidad ambas formas reflejan un desequilibrio en la nutrición. Tanto es así que en ocasiones se dan juntas en la misma familia y hasta en la misma persona. Una de las claves para poder hacer un bien a nuestros niños será poder discernir qué alimentos son saludables y cuáles no lo son, prestando debida atención a su composición y valor nutricional. Como ejemplo vale la explicación de Denise Rabin, quien ha corroborado que un niño en un cumpleaños, al consumir papas fritas, chizitos y panchos, ingiere 4.700 calorías, lo que equivale a cuatro platos consecutivos de pastas o al 174% de la ingesta diaria recomendada para la edad. Además, huelga decirlo, en productos de nula calidad nutricional. La coherencia del mensaje escolar Llevándolo al contexto escolar donde los niños y adolescentes pasan buena parte de sus horas diarias: ¿qué coherencia tiene en su mensaje una escuela que dicta asignaturas tales como Educación para la Salud, Educación Física, Biología, etc., si luego en su propio quiosco se venden palitos fritos salados y golosinas repletas en grasas y azucares? Es por ello que desde hace un tiempo en muchos colegios se han instalado los denominados quioscos saludables, con golosinas de mejor calidad que tienen al menos un 5% de la recomendación diaria de hierro y de calcio. Así se ofrecen barritas de cereales, gomitas a base de gelatina, chocolate con leche, cajitas con cereales, caramelos dietéticas o postrecitos de leche de menor contenido calórico y mejor respuesta nutricional. También se estimula la venta de frutas, jugos, bebidas light, que jamás serán elegidos por los menores si los padres y docentes no los convencen del beneficio de su consumo. No siempre se trata de una cuestión de costos, ya que elegir un turrón blando o cereal inflado es barato y resulta una opción inteligente. Se trata primordialmente de saber qué hace bien y qué hace mal y de avanzar en un mensaje contracultural frente al enorme aparato publicitario de empresas multinacionales que promocionan, con estudiada seducción infantil, snacks, frituras, grasas y bebidas con alto contenido en azúcares. Actividad física, otra aliada de la salud infantil Otro puntal que hemos destacado en columnas anteriores (“Peligro, sedentarismo infantil” del 31/1/08 y “Salvemos a nuestros niños” del 12/4/12) es la necesidad de sostener y hasta de aumentar la actividad física en los niños fuera y dentro de la escuela. En este último contexto, la Dirección General de Desarrollo Saludable, que depende de la Vicejefatura del Gobierno porteño, concretó un plan piloto en 20 escuelas públicas primarias para que los chicos realicen más actividades con movimiento durante los recreos. Para llevarlo a cabo, un equipo de profesores en actividad física y deporte, junto con equipos de las “juegotecas barriales”, ha planificado e implementado juegos adaptados a los espacios de cada escuela durante los horarios habituales de recreo. En la provincia de Buenos Aires también darán luz verde a los recreos con movimiento dentro de la campaña “Armando salud”, con actividades dirigidas para que los chicos jueguen sin lastimarse. Se recomienda, además de recreos activos, que haya más de tres horas semanales de actividad física, que se organicen caminatas y juegos extraescolares y que se fomente la alimentación saludable dentro de las escuelas. Con el objeto de combatir el sedentarismo infantil, en Madrid (22 colegios públicos repartidos por 18 distritos de la capital) se ha diseñado un plan para que niños entre cinco y doce años puedan ir y volver del colegio caminando, sin peligros, por un camino demarcado y vigilado. En síntesis, los hábitos saludables constituyen una cruzada que debe ser encabezada por los adultos. Primero desde la propia casa y luego en la escuela, partiendo de una buena alimentación –sin llegar a rigorismos innecesarios y con márgenes de flexibilidad– combinada con actividades físico-deportivas desde edades tempranas. Un adulto, sea padre, docente o ambas cosas a la vez, que dé señales positivas a su hijo o alumno en estos temas estará contribuyendo significativamente a mejorar su vida presente y futura. Otra manera diferente de cuidarlo y brindarle amor. (*) Abogado. Profesor nacional de Educación Física. marceloangriman@ciudad.com.ar
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