Los cultos populares ganan cada vez más adeptos
La espiritualidad resurgió en el mundo desde hace tres décadas.
SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La prematura muerte del cantante Rodrigo, ocurrida el pasado 24 de junio en plena potencia creadora y apogeo de su carrera, conmocionó a miles de sus seguidores y generó un mito y un negocio en torno de su imagen. En su breve carrera artística, el cantante fue ganando popularidad y su consagración llegó con la conquista de Buenos Aires y la gran Capital.
Pero su inesperada muerte repartió millones entre los apostadores de quiniela, y esa circunstancia pudo haber alentado el culto en torno a su imagen. El 47 y el 27, que los jugadores identifican como «el muerto» y la edad del ídolo, hizo «saltar» la banca en Tucumán y alimentó expectativas sobre la capacidad de Rodrigo para conceder deseos insatisfechos.
La Iglesia Católica siempre condenó la adoración a los ídolos falsos y los santos presuntos, pero luego, en forma paulatina y aunque nunca se mostró complaciente, toleró la coexistencia de la liturgia tradicional con los cultos a supuestos benefactores o ídolos populares.
Desde hace tres décadas o más existe un resurgimiento mundial de la espiritualidad, y la sociedad, sobre todo la juventud, experimentó una apertura hacia religiones y cultos no tradicionales, tal vez buscando respuestas que no obtuvieron en su confesión de cuna.
La juventud relaciona a ídolos como John Lennon o el «Che» Guevara con la paz, la libertad, la independencia y la revolución, pero nunca los elevó al rango de sujetos de adoración o invocación. Gardel y Evita también gozan de la devoción popular, pero a Gilda y a Rodrigo, muertos en la plenitud de su fama, jóvenes y de manera violenta, les piden que intercedan ante Dios para que se cumplan sus deseos.
Hay un negocio muy lucrativo en torno a la muerte de Rodrigo, pero no puede asegurarse que esté vinculado con lo religioso. Sus imágenes plastificadas cuestan 50 centavos en la única santería que las vende en Bariloche. Su propietaria asegura que «no lo santifican, las chicas lo llevan en su cartera como si fuera un novio o un familiar fallecido». Pero en el reverso de la estampa hay oraciones y fórmulas para solicitar su intervención ante Dios.
Las santerías ofrecen literatura católica, libros de autoayuda, imágenes, velas, esencias, sahumerios, medallas, pirámides, piedras semipreciosas y una infinidad de objetos relacionados con cultos y creencias. «El cliente les da su significado», dice José, aunque algunos contienen explicaciones para un uso específico. «Son medios de elevación espiritual, pero lo que vale es el ruego», entiende Ricardo, y agregó que «la gente compra esperanza, futuro, y paga por creer en la posibilidad de mejorar».
Las velas son quizá los objetos más solicitados. Las hay de varios colores y combinaciones, y el costo parte de 10 centavos. A San Cayetano, uno de los más venerados y asediados en busca de pan y trabajo, les ofrecen velas amarillo y blanco. Para San Jorge, un gallardo caballero armado al que consideran protector, las velas ofrendadas son rojo, verde y blanco. Son verde y marrón las de San Roque, y blanco y verde para San Pantaleón.
El único santo argentino es Héctor Valdivieso Sáez, y aunque los fieles católicos lo veneran, todavía no tiene la popularidad de Ceferino Namuncurá o Laura Vicuña, considerados venerables, pero no santos.
Entre los cultos paganos no reconocidos por la Iglesia, están los de Pancho Sierra y la Madre María, a quienes piden por problemas de salud; la Difunta Correa, el gauchito Gil y el Señor la Muerte también son venerados y objeto de culto. No están oficializados, pero casi todos tienen un profundo contenido religioso en sus invocaciones.
La religión en la sociedad
Si la cultura es siempre un conjunto de manifestaciones colectivas que expresa la forma en que las personas otorgan una representación común de su grupo social o universo, la cultura popular está enraizada en las vivencias de un pueblo que da cuenta de su vida, expresa su identidad y se transforma y se enriquece como colectividad.
Desde una perspectiva funcional la cultura popular también es un medio para satisfacer las necesidades humanas, y se plasma en una serie de imágenes e instrumentos que muestran una realidad material o espiritual.
Las creencias no pueden ser individuales o personales.
Es necesaria la intercomunicación entre las personas que las comparten, aunque la tradición ya no se hace boca a boca.
La difusión de sucesos o manifestaciones facilita la propagación de una idea o creencia, y así como Ceferino es venerado en el Norte, en la Patagonia crece el culto al gauchito Gil o a la Difunta Correa, populares en la Mesopotamia, el noroeste argentino y Cuyo.
Las circunstancias de la vida o muerte de los personajes venerados, a menudo están relacionados con la solicitud que expone el creyente. (AB)
Por Gilda y Rodrigo
Los creyentes dicen que los chicos, por su inocencia, al morir se convierten en ángeles. Gilda y Rodrigo además de brindar momentos alegres a quienes disfrutan con su música, también murieron jóvenes. En eso encuentran justificación sus devotos, y un ejemplo de esperanza por el origen humilde de ambos. «Gilda, no me abandones en ningún momento porque necesito que tu infinita bondad me proteja de todo mal», invocan sus seguidores.
A Rodrigo le piden que siga repartiendo alegría, y que interceda ante Dios «para conseguir trabajo, prosperidad y que no falte el pan en mi mesa». Otra oración reza «que el amor esté presente en mi vida, en mi relación de pareja y con mis familiares y amigos», y también reclama «que mi cuerpo, mente y espíritu estén en salud y armonía y esté protegido de cualquier influencia negativa».
El culto a Gilda comenzó a gestarse de a poco, a partir de admiradores que aseguraron haber recibido alguna gracia de la cantante. El de Rodrigo surgió de manera espontánea, porque murió en el cénit de su popularidad y repartió dinero entre los jugadores de quiniela, generalmente humildes y necesitados. (AB)
Una vela para cada santo
Fueron muchos los fieles que en la peregrinación de ayer a Luján se desprendieron de una botella de agua para rendir tributo a la Difunta Deolinda Correa. Saben que a mediados del siglo XIX esa perseguida dama sanjuanina murió de sed en la sierra Pie de Palo, pero sus pechos siguieron alimentando varios días a su bebé, hasta que unos caminantes lo hallaron. En cuanto se conoció la noticia comenzó la devoción, y son muchos los milagros que le adjudican.
En la misma época trascendieron las andanzas del gauchito Gil, un correntino que robaba a los ricos para repartir entre los pobres y fue degollado y colgado boca abajo.
Manos piadosas lo sepultaron y su tumba se convirtió en lugar de culto. Lo recuerdan las cintas y estandartes rojos diseminados por todo el país, que dan cuenta de los milagros del gaucho benefactor.
No se conoce el origen de San la Muerte o Señor la Muerte, invocado en los momentos de peligro por muchos policías, pues aseguran que «cierra el cuerpo a las balas o al arma blanca». Su oración es atípica porque no sólo pide favores, sino que advierte severamente al presunto adversario: «ruega a Dios Todopoderoso de concederme todo lo que te pido, que se arrepienta por toda su vida el que daño o mal de ojo me hizo y que se vuelva contra él enseguida. Para aquel que en amor me engaña pido que le hagas volver a mí, y si desoye tu voz, buen espíritu de la muerte, hazle sentir el poder de la guadaña. En el juego y en los negocios mi abogado te nombro, y a todo aquel que contra mí se vuelve hazlo perdedor», remata el pedido. (AB)
SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- La prematura muerte del cantante Rodrigo, ocurrida el pasado 24 de junio en plena potencia creadora y apogeo de su carrera, conmocionó a miles de sus seguidores y generó un mito y un negocio en torno de su imagen. En su breve carrera artística, el cantante fue ganando popularidad y su consagración llegó con la conquista de Buenos Aires y la gran Capital.
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