Los libros destruidos y el infierno

BUENOS AIRES, (Télam).- «Historia Universal de la destrucción de los libros», texto del investigador venezolano Fernando Báez realiza un pormenorizado recuento de este crimen perpetrado contra la memoria de la humanidad desde la época de las tablillas sumerias a la guerra de Irak.

«'Nuestra memoria ya no existe. La cuna de la civilización de la escritura y de las leyes ha sido quemada. Sólo quedan cenizas'. Escuché este comentario a un profesor de historia medieval en Bagdad, cuando abandonaba la moderna estructura de la Universidad, donde habían saqueado, sin excepción los libros de la biblioteca», cuenta el autor, en el prólogo de este texto, publicado por Sudamericana.

Este hecho, así como el recuerdo de una frase que le dijo una poetisa en Sarajevo ante la biblioteca en ruinas, «cada libro destruido es un pasaporte al infierno» y la visión de bibliotecas colombianas destruidas por la guerra civil que asuela el país, fueron decisivos para que el especialista decidiera dar a conocer al mundo «una de sus mayores catástrofes culturales».

Experto en bibliotecas, Báez subraya que «hay cientos de crónicas sobre el origen del libro y de las bibliotecas, pero no existe una sola historia sobre su destrucción». Y se pregunta: «¿no es ésta una ausencia sospechosa?». En su análisis, el autor se remonta a los mitos apocalípticos para sostener que «un libro se destruye con ánimo de aniquilar la memoria que encierra, es decir, el patrimonio de ideas de una cultura entera».

Hacia el año 213 a.C., el emperador Shi Huandi hizo destruir todo libro que pudiera recordar el pasado. En su novela 1984, George Orwell presentó un Estado totalitario donde un departamento oficial se dedicaba a descubrir y borrar todo pasado. Los libros se reescribían y los ejemplares originales eran destruidos en hornos ocultos.

Para Báez, «es un error frecuente atribuir las destrucciones de libros a hombres ignorantes, inconscientes de su odio. Tras doce años de estudio, he concluido que cuanto más culto es un pueblo o un hombre, más dispuesto está a eliminar libros bajo la presión de mitos apocalípticos». El investigador nombra a Descartes (1596-1650), quien seguro de su método pidió a sus lectores quemar los libros antiguos, mientras que el filósofo escocés David Hume no vaciló en exigir la supresión de todos los libros sobre metafísica.


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