Máxima, princesa de cuatro décadas

La futura reina de Holanda celebrará mañana 40 años.



El lado más humano y cotidiano de Máxima Zorreguieta la llevaron a los más altos niveles de popularidad entre los holandeses.

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AMSTERDAM- La argentina Máxima Zorreguieta, princesa de los Países Bajos y futura reina, cumplirá mañana cuatro décadas de vida, los últimos diez de ellos disfrutando de una especie de sueño que se ha concretado: es la más popular de todos los miembros de la Casa Real holandesa, por delante incluso de su suegra, la reina Beatriz.

Y es que a sus casi 40 años, Máxima roza la cúspide: recoge el inmenso cariño de los holandeses, que se han rendido a su simpatía, y, sobre todo, inspira a millones de jóvenes como “modelo a seguir”.

Su boda con el príncipe heredero de los Países Bajos, Guillermo-Alejandro, el 2 de febrero de 2002 en la “Nieuwe Kerk” (Iglesia Nueva) de Amsterdam le ha dado tres alegrías: sus hijas, las infantas Amalia, Alexia y Ariane, y además es el miembro de la casa de Orange-Nassau que goza de más apreciación popular, según los resultados de una reciente encuesta publicada por la agencia ANP.

¿Se puede pedir más a los 40? Sí. Quizás como regalo anticipado, una amplia mayoría del Parlamento holandés en La Haya acaba de dejar expedito el camino para que, un día, con la abdicación de la reina Beatriz, su marido acceda al trono y, por ende, ella se convierta en “reina de Holanda”, siguiendo la tradición.

No obstante, Máxima no necesita atesorar ese título oficial para sentirse como tal: más del 70% de holandeses la considera ejemplo a seguir, por su carácter abierto, permeable, empático con la gente.

Por si ello no bastase, la princesa de Orange-Nassau tuvo el orgullo de inaugurar hace una semana, junto a la reina Beatriz, una exposición en el palacio real de Het Loo dedicada a ella, a su lado más humano y cotidiano.

La muestra “Máxima, 10 años como princesa de Holanda”, abierta hasta el 4 de septiembre, recoge, con fotografías y documentos, los diversos aspectos del recorrido de la argentina desde el 17 de mayo de 2001, cuando adquirió la nacionalidad holandesa.

Su compromiso personal con causas humanitarias, entre ellas su actividad de asesora de Naciones Unidas en asuntos de microcréditos, también la han acercado al pueblo, que ve cómo Máxima se preocupa por los menos favorecidos.

Pero no todo ha sido un camino de rosas para la princesa de Holanda. Los partidos de izquierda nunca vieron con buenos ojos a Máxima, debido al pasado de su padre, Jorge Horacio Zorreguieta, que fue secretario de Agricultura y Ganadería durante la dictadura militar argentina de Jorge Rafael Videla (1976-1983).

Ese hecho, según la izquierda una “mancha” en su expediente, a punto estuvo de estropear su camino en el seno de la Casa Real holandesa: tras varios días de dilatados tira y afloja y de agrios debates, el Parlamento de La Haya accedió al enlace real a condición de que sus padres no acudieran a la ceremonia.

Su llanto por la ausencia de sus progenitores, retransmitido a Holanda y al mundo, su humanidad expuesta ante las cámaras, le granjeó el respeto y el cariño de sus nuevos compatriotas.

¿Algún traspié, algún desliz de la futura reina Máxima en estos últimos diez años? Sucedió en 2007 y la culpa fue de un comentario “políticamente incorrecto”.

En el transcurso de una conferencia en la que se lanzaba la pregunta sobre la existencia o no de una “verdadera identidad holandesa”, la argentina contestó con una negativa. Consideró que los holandeses son un pueblo que no puede encasillarse en determinado modelo identitario. Pero su sinceridad no gustó mucho. (DPA)


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