Medios nerviosos

Por Redacción

En todos los países democráticos, aquellos medios periodísticos que apoyan explícitamente a un candidato electoral determinado celebrarán su eventual triunfo y manifestarán su decepción en el caso de que pierda, pero entienden que será escaso el impacto del resultado sobre sus propios ingresos. Huelga decir que en este ámbito, como en tantos otros, nuestro país es diferente. Para muchos grupos mediáticos, lo que está en juego es su propio futuro. Aquellos que para sobrevivir dependen casi exclusivamente de la propaganda oficial tienen buenos motivos para sentirse preocupados. Los empresarios responsables y sus empleados temen que, a menos que el próximo gobierno sea una continuación del actual, se verán obligados a optar entre resignarse a la bancarrota y transformarse en voceros entusiastas de un “relato” muy distinto del improvisado por los kirchneristas. Para quienes están habituados a privilegiar los negocios, trasladarse de un espacio ideológico a otro no sería del todo traumático, pero a menos que todo siga como antes, sí lo sería para aquellos periodistas que quieren permanecer fieles a sus convicciones. Como acaba de recordarnos la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner gasta en propaganda 12 millones de pesos por día, pero reparte el dinero así supuesto según criterios netamente políticos. Señala que “el listado de beneficiarios de la propaganda gubernamental sigue encabezado por grupos nacidos o criados al calor del dinero del Estado, escuálidos de audiencia pero anabolizados con ingentes partidas presupuestarias que burlan toda razonabilidad”. Como consecuencia, se cuentan por miles los profesionales que corren peligro de perder su fuente de ingresos. Aun cuando gane el candidato presidencial del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, sorprendería que aceptara continuar subsidiando a todos los medios kirchneristas, entre los cuales hay algunos que hasta hace un par de meses lo criticaban con virulencia por suponerlo un hombre de “la derecha” recalcitrante. Si bien últimamente Scioli se ha esforzado por brindar la impresión de sentirse tan comprometido con la causa nacional y popular como el que más, lo más probable es que, una vez alcanzado el objetivo que se ha fijado, vuelva a ser el político pluralista y dialoguista de antes, lo que sería una pésima noticia para aquellos halcones periodísticos que tanto han prosperado merced a su adhesión acrítica al “proyecto” kirchnerista. El periodismo tiene que ser algo más que un buen negocio. Puede que algunos grupos que se alinearon con el gobierno kirchnerista lo hicieran porque los dueños, accionistas y empleados realmente se sentían partícipes de una epopeya política que merecía su plena aprobación, pero es legítimo sospechar que muchos se sentían aun más atraídos por el dinero que recibirían como recompensa. Así y todo, aun cuando en ciertos casos las convicciones ideológicas hayan pesado más que los intereses materiales, la voluntad del gobierno de subsidiar a la prensa amiga con fondos públicos aportados por todos los contribuyentes ha perjudicado enormemente al periodismo nacional. Por cierto, no le será fácil recuperarse de los daños ocasionados por una estrategia mediática basada en la noción de que la mejor manera de conservar el poder consistiría en bombardear durante años a la población con propaganda partidaria, abusar sistemáticamente de la cadena nacional y, desde luego, manipular impúdicamente las estadísticas económicas y sociales con el propósito de engañar a la ciudadanía. Aunque fracasaron los esfuerzos costosísimos por construir un imperio periodístico oficialista capaz de competir con los medios tradicionales, el gobierno sí parece haber conseguido influir en el pensamiento de sectores sociales muy amplios. Por ser en la Argentina tan reducida la tirada de los medios escritos en comparación con la habitual en los países de economía desarrollada, el que los diarios y revistas que se hundirían sin la pauta oficial no hayan logrado conquistar más que una pequeña fracción del mercado, no ha tenido las consecuencias que serían de prever en los países avanzados de América del Norte o Europa Occidental, en que los dirigentes entienden muy bien que no les convendría en absoluto adoptar una política mediática similar a la kirchnerista.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 22 de septiembre de 2015


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