Morales promete otra historia para sacar al país de la pobreza

Asumió la presidencia con un tono duro y emotivo: "Mandaré obedeciendo al pueblo".

Redacción

Por Redacción

LA PAZ .- Bolivia dio un giro radical en su vida política ayer. El líder cocalero Evo Morales prestó ayer juramento como el primer presidente indígena de Bolivia, en una histórica ceremonia en la que asumió el compromiso de gobernar «obedeciendo al pueblo».

El flamante presidente de Bolivia, un aymara de 46 años, dijo en su discurso luego que tras cinco siglos de lucha y resistencia los indígenas llegaron al poder y prometió gobernar para cambiar la historia y sacar de la pobreza a la mayoría de los bolivianos.

Emocionado hasta las lágrimas, Morales inició un duro discurso luego de pedir un minuto de silencio por los caídos en las luchas sociales de los últimos años en el país y pidiendo «gloria a los mártires por la liberación»

Recordó a «Tupac Katari, Simón Bolívar, Che Guevara», que lucharon «por la igualdad» en esta región y por la integración latinoamericana.

En el mismo escenario donde se destacó como diputado y líder de la oposición, Morales fue investido como nuevo jefe de Estado, en un acto inédito que combinó protocolo y ritmos nativos.

«Mandaré a Bolivia obedeciendo al pueblo boliviano», aseguró Morales parafraseando al «subcomandante Marcos» .

Con su brazo izquierdo en alto y la mano derecha en el corazón, Morales escuchó a su vicepresidente y jefe natural del Congreso, Alvaro García Linera, tomarle juramento «por Dios, por la creencia o confesión que profesa y la memoria de nuestros héroes».

García Linera le colocó, además, la medalla presidencial, acto que se selló con un efusivo abrazo entre los nuevos vicepresidente y presidente, en el que Morales dejó entrever su emoción.

Los aplausos y gritos de «Evo presidente» se escucharon, entonces, en el hemiciclo del Congreso. Morales se convirtió así en el sexagésimo sexto mandatario y el décimo desde el retorno de la democracia en Bolivia, en 1982.

Al acto en el edificio del Parlamento asistieron los 157 diputados y senadores, así como once presidentes extranjeros, el príncipe de Asturias Felipe de Borbón y altos dignatarios invitados.

Al dirigente aymara, quien lució una elegante chaqueta de lana de alpaca con bordes de cuero y motivos indígenas, le fue impuesta una banda con el rojo, amarillo y verde de la bandera boliviana.

Morales anunció que el «movimiento indígena originario no es excluyente, es incluyente» e hizo un llamado a las fuerzas de la oposición a «colaborar en este proceso de cambios» y a convocar prontamente a la Convención Constituyente que debe reformar la Carta magna de la País y definir el plebiscito por las Autonomías. «Estamos acá para cambiar nuestra historia. Est movimiento indígena originario no es concesión de nadie, ni nadie nos ha regalado, es la conciencia de mi pueblo, de nuestro pueblo», aseguró.Anunció que buscará acabar con la «injusticia», la «desigualdad» y «sobre todo con la discriminación (y) opresión» a la que han sido sometidos los «aymaras, quechuas y guaraníes».

Drogas e hidrocarburos

El ex líder cocalero intentó disipar los temores de la comunidad internacional en temas como la coca y las inversiones.

Aclaró ante la comunidad internacional que durante su gobierno de cinco años «no habrá coca cero, pero sí narcotráfico cero». «Queremos aliados en la lucha contra el narcotráfico», afirmó Morales, hasta hace poco dirigente de los cocaleros, al manifestar su intención de concretar con Estados Unidos una «alianza, un acuerdo de lucha efectiva contra el narcotráfico».

«Sabemos y estamos convencidos que el narcotráfico hace mal a la humanidad, pero que la lucha contra el narcotráfico (…) que la cocaína no sea una excusa para que el gobierno de Estados Unidos domine o someta nuestros pueblos. Queremos diálogo de verdad, sin sometimiento, sin chantaje «, puntualizó.

Hizo una mención especial al presidente chileno, Ricardo Lagos, cuya presencia destacó como «una esperanza para el pueblo boliviano». Sin referirse específicamente al diferendo marítimo manifestó su «confianza en el pueblo chileno para aludir el tema histórico pendiente «.

El nuevo presidente de Bolivia prometió nacionalizar los recursos naturales de su país. «Todos los recursos naturales deben pasar a manos del pueblo boliviano», dijo Morales, quien reclamó que estas riquezas sean industrializadas en el país. «Un desafío de todos los bolivianos es industrializar nuestros recursos naturales para salir de la pobreza», aseguró.

En torno a los hidrocarburos, anticipó que Bolivia necesita «socios, no dueños, de los recursos naturales». «Valoramos bastante la llamada Petroamérica (…). A los presidente de Brasil, de Venezuela, de Argentina les pedimos no nos excluyan de una política energética. Juntos todos debemos resolver este tema energético «, sostuvo. «Quiero que sepa la comunidad internacional, queremos cambiar la historia en Bolivia» para salir de la pobreza, y agregó que necesita ayuda externa para eso, pero que no quiere «un Estado mendigo» de la ayuda exterior. «Quiero ser el mejor presidente de los bolivianos y por qué no de los latinoamericanos y para eso los necesito a todos», finalizó.(AP/AFP/DPA)

Una fiesta multicolor animó las plazas de la capital

LA PAZ (AP).- Decenas de miles de indígenas se tomaron ayer las plazas y calles de esta ciudad para festejar la asunción del primer indígena a la presidencia.

Los indígenas, vestidos con sus trajes autóctonos, colmaron las plazas de La Paz, tocando su música, haciendo sonar las bocinas construidas de cuernos de toros, llamados pututus, y danzando al ritmo de los bailes milenarios. Mascando hojas de coca, hombres, mujeres, y jóvenes, pedían en rituales antiguos, que datan de miles de años, suerte y bendiciones de la tierra para el mandatario Evo Morales, nacido como muchos de ellos, en un humilde sector de Oruro, al sur de La Paz.

La bandera indígena, conocida como wipala, con los colores del arco iris, fue ondeada en las plazas por quienes ven en Morales la salida de la pobrez «Por más de 500 años hemos enfrentado la discriminación, ahora tenemos un gobierno que nos representa'', dijo Zenonio Pérez, un aymara de 33 años. Junto con él, otros 50 estaban vestidos con sombreros de cuero, con plumas, ponchos, y que viajaron más de 340 kilómetros desde sus hogares en Potosí.

Cientos de personas también utilizaron los cascos que se usan en las minas, donde miles de indígenas han trabajado desde hace centenares de años.

Escucharon atentas en las calles en directo la asunción presidencial, emitida en pantallas gigantes de televisión o en grandes altavoces dispuestos en varias plazas o esquinas, y cantaron el himno nacional al mismo tiempo que lo hacía Morales desde el Congreso.» Lo más importante para nosotros es que nos vamos a liberar de la esclavitud'', afirmó Olga Salcedo, de 56 años de edad, que miraba en la calle la transmisión del mand Luego de jurar y ataviado con saco de cuero con detalles de tejido andino debajo de la banda presidencial, Morales se encontró con su pueblo. Caminando más de cinco cuadras desde El Palacio Quemado, sede del Gobierno, flanqueado por una guardia de 2.000 mineros y campesinos vestidos con poncho rojo, Evo saludó a la multitud. «Vamos a cambiar Bolivia. La sangre derramada por nuestros hermanos no será en vano. Será un gobierno sin muertos», dijo el flamante mandatario.

Luego, la plaza estalló, con danzas y música autóctonas. «Evo presidente, todo el pueblo está presente», coreó un grupo de música andina, mientras el mandatario saludaba . «Ese es nuestro presidente, fue sin corbata a la ceremonia, me hubiera decepcionado mucho si se la hubiera puesto», dijo una dirigente indígena que animaba la fiesta.

De Evo a «señor presidente», una metamorfosis política

«Evo, Evo, para nosotros va a seguir siendo Evo no más», afirma un paceño convencido de que el nuevo presidente de Bolivia quiere que los ciudadanos le sigan llamando con la familiaridad que acostumbran. Pero del «Evo» indigenista, líder cocalero, sindicalista y promotor de protestas y bloqueos queda ya bien poco.

Sí, sigue llevando su «chompa», el suéter a rayas que lo hizo famoso en medio mundo. También continúa mascando hojas de coca y tiende a romper los protocolos.

Sin embargo, Evo Morales también está ya muy ducho en eso de codearse con otros mandatarios, como se pudo ver durante la extensa gira internacional que emprendió antes de asumir la presidencia. Además ha aprendido el lenguaje de la diplomacia para apaciguar a todos aquellos cuya elección provocó temores e inquietud por la posible configuración de un eje boliviano-venezolano-cubano. Una muestra de ello es el histórico encuentro que mantuvo con el presidente chileno, Ricardo Lagos. (ver pág 20).

Prueba también de la expectación internacional que genera este aymara de 46 años es el hecho de que a su investidura hayan acudido 11 jefes de Estado y delegaciones de más de 60 países de todo el mundo.

El historiador Fernando Cajías destaca que Morales afronta un gran reto tanto interno como internacional: ha sido nombrado «presidente de todos los pueblos indígenas», lo que implica que «por primera vez tenemos un líder boliviano con alcance latinoamericano».

Con todo, Evo Morales no lo va a tener nada fácil en el país latinoamericano más pobre después de Haití y con una población que espera impaciente que se revierta una situación de desigualdad social nada fácil de resolver, al menos a corto plazo .

A juicio de Cajías, a este «paso histórico le tiene que seguir la no exclusión económica», el mal endémico de este país. Una difícil tarea para la que Evo Morales necesita no sólo a la mayoría indígena -y paupérrima- del país, sino también a las capas más altas de la sociedad. El nuevo presidente ya ha anunciado su estilo de gobierno, «conciencia social y capacidad intelectual», una fórmula que encarna junto al vicepresidente, Alvaro García Linera, el prototipo de «intelectual de clase media», sector que Morales quiere atraer para su proyecto.

En este sentido, apeló a la «unidad» de todos los bolivianos y aseguró que su gobierno no será «vengativo» con las otrora clases dominantes . Pero el periodista y analista Humberto Vacaflor advierte en un artículo que algunos bolivianos se sintieron «excluidos» del festejo indígena del sábado en Tiwanaku, y asevera que «fortalecer el espíritu de cuerpo de los bolivianos será decisivo para que el gobierno de Morales enfrente los riesgos que provienen, casi todos, de sus supuestos aliados, compañeros de ruta, expertos volteadores de gobernantes».

En esta difícil tarea, Evo Morales parte al menos con un fuerte capital político: ganó con un contundente 53,7% de los votos, en una democracia acostumbrada a pactar los gobiernos en el Congreso. (DPA)

SILVIA AYUSO

Claro apoyo de Kirchner y de toda la región

La presencia de ocho presidentes sudamericanos en la investidura de Evo Morales demostró el respaldo que el nuevo mandatario boliviano tiene en la región, donde varios de sus aliados ya se comprometieron con ofrecimientos de ayuda de distinto tipo.

El gobernante de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, anticipó la cooperación en los aspectos que Bolivia requiera. «Sería importante que su gobierno (Morales) constituya un equipo y prepare para todos los países: Chile, Brasil, Perú, Argentina, Venezuela, un programa de cosas que son prioridades y en las que nosotros podemos ayudar», señaló Lula.

También encontró la solidaridad de Kirchner para desarrollar proyectos de cooperación bilateral. «Venimos a apoyar» a Morales, dijo brevemente el mandatario argentino, antes de romper el protocolo y saludar a la población y besar a niños.

El respaldo más concreto fue del mandatario venezolano Hugo Chávez, que prometió cooperación gasífera, petrolera, tecnológica y agrícola. Declaró que el gran Gasoducto del Sur, junto a Argentina y Brasil, «no puede dejar de lado a Bolivia».

 

«Un loro blanco»

Los jefes de estado escucharon atentamente a su nuevo colega, quien los llamó «hermanos mayores'' y les pidió no dejarlo solo.

Morales también dio muestras de picardía en su discurso y aguijoneó «con mucho respeto» a varios de los asistentes . Entre digresión y digresión la emprendió «con mucha humildad», con Kirchner. Además de agradecerle el financiamiento de una carretera que unirá el sudoeste boliviano con el norte argentino, recordó que Kirchner es un «loro blanco» y «yo, un loro moreno», bromeó.

También tuvo una pincelada sagaz para Fidel Castro, que no asistió y Chávez, por su verba siempre inflamada. «No es mi costumbre hablar mucho, no piensen que me estoy contagiando de Fidel y Chávez», dijo en mitad de su alocución de dos horas.

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