Murió una pionera de la lucha contra la polio

Hace dos semanas recibió medalla del Senado nacional.

Gentileza

Una pionera de la ciencia médica en nuestro país, la doctora Eugenia Sacerdote de Lustig, falleció el domingo a la edad de 101 años, apenas dos semanas después de haber recibido la Medalla del Bicentenario, que el Senado le otorgó. El recuerdo de la destacada científica se halla especialmente vinculado a la región porque un hijo de ella, el ingeniero agrónomo Leonardo Lustig, reside en la ciudad de General Roca desde hace muchos años. Lustig fue investigadora del Conicet y jefa de Virología del Instituto Malbrán. Estudió por más de 40 años las células tumorales en el Instituto Ángel Roffo y con más de 80 años siguió trabajando en el laboratorio, dejando de hacerlo solo cuando la ceguera le impidió continuar observando por el microscopio. Los trabajos científicos de la reconocida profesional superaron las 180 publicaciones en el Roffo y en el Instituto Malbrán. La labor de la investigadora fue clave en 1959 para controlar la poliomielitis. Al producirse la epidemia en la década del 50 en nuestro país, fue enviada por la Organización Mundial de la Salud a los Estados Unidos para interiorizarse sobre el trabajo del profesor Jonas Salk. Cuando retornó a la Argentina, se inoculó en público e hizo lo mismo con sus hijos para convencer a la población de los beneficios de la vacuna contra la poliomielitis. Nacida en 1910, en Turín, Italia, decidió cursar medicina en 1929, en una época en que las mujeres no estudiaban dicha carrera. Junto a su prima hermana Rita Levi-Montalcini (premio Nobel de Medicina 1986) fue una de las cuatro mujeres que lo hicieron. Su carrera fue dificultosa, aun así quedó seleccionada junto con tres personas más como ayudante de la cátedra de histología en la Universidad de Turín, por el profesor Giuseppe Levi. La llegada del fascismo al poder la decidió, en 1939, a emigrar con su familia a la Argentina, donde comenzó a utilizar en la cátedra de Histología de la UBA el cultivo de células vivas in vitro, una técnica que permite el estudio de distintos tipos de virus y tumores. Sus premios Hace dos semanas, Sacerdote de Lustig había recibido una importante distinción. Se trata de la Medalla del Bicentenario, que el Senado otorga a personalidades distinguidas del país. “Hago mías las palabras expresadas por el doctor Osvaldo Fustinoni, cuando le entregó a la doctora el Premio Hipócrates en 1991, la mayor distinción que un médico argentino puede recibir: «La vida de la doctora Lustig es la historia de una pasión». Creo que es la definición más sintética y elocuente de la vida de Eugenia”, dijo en aquel momento la doctora Elisa Bal, directora del Área de Investigación en Oncología Experimental del Instituto Ángel Roffo, de la UBA, y discípula de la investigadora superior del Conicet. Entre los numerosos galardones que obtuvo la doctora Lustig durante su carrera figuran el de “Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires”, en 2004; Premio Hipócrates a la Medicina otorgado por la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, en 1992, etc.


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