“No hay K, hay peronismo: despilfarro de plata”

Mario Brodersohn, exsecretario de Hacienda de la administración Alfonsín en tiempos del Plan Austral, está convencido de que el kirchnerismo expresa sin eufemismos lo que considera una característica esencial del peronismo: irresponsabilidad en el manejo de los fondos nacionales.

ENTREVISTA

Entrevista a Mario Brodersohn, radical, economista

-En enero escribió una nota que causó revuelo en planos políticos a pesar de mandar las vacaciones. No instaló un tema nuevo, pero retroalimentó miradas sobre el peronismo que parecían corridas del análisis de cara al estilo con que gobierna el kirchnerismo, al que no se lo suele identificar con el peronismo. Por alguna razón, los analistas no establecen hilos conductores entre uno y otro. Se planta al kirchnerismo como más rústico que el peronismo en el ejercicio del poder. ¿El kirchnerismo es peronismo?

-Terminantemente. Es pura madera peronista. La nota a la que usted se refiere va en línea a demostrar que es un mito la eficiencia del peronismo a la hora de gobernar. Mito que alimenta otro mito: es el único partido que puede gobernar. El peronismo atropella el Estado de derecho, pero gobierna bien… ¡mentira!

-No se enoje…

-No es enojo, es pasión por la verdad. En la crisis socioeconómica a que nos ha llevado el kirchnerismo se expresa sin más, sin máscara, una cultura muy arraigada en el peronismo desde que nació: irresponsabilidad en el manejo de la economía, de los recursos, ¡despilfarro! Pasó en el segundo gobierno de Perón, cuando las reservas descendieron a 130 millones de dólares luego de usar arbitrariamente lo acumulado durante la Segunda Guerra… nacionalización de empresas, gasto público por encima de la inflación, crédito barato bancado por el Estado para financiar industrias sustitutivas. Pero en el 52 estalló la realidad y entonces el ajuste, bien recesivo, claro. Pasó con el tercer gobierno de Perón. Controles de precios, tarifas, tipo de cambio, congelamiento de salarios… pero marchamos hacia la crisis del 75, el Rodrigazo como ajuste. Lo demás es historia conocida. Pasó con Menem, que el manejo en términos de imaginario que la convertibilidad duraría un siglo. Marca inexorable a un destino de grandeza. Pero, en realidad, lo que abonó fue la crisis del 2001: la combinación de privatizaciones e ingreso de capitales. Pero cuando los recursos provenientes del mercado financiero internacional dijeron “basta” en el sentido de no seguir financiando los desequilibrios fiscales, fue llegando la noche.

-¿Qué encontrará desde lo político el próximo gobierno?

-Desde lo económico, el resultado de más irresponsabilidad, en este caso liderada por el kirchnerismo. Caída uniforme de la reservas, caída sistemática; inflación que quieren disimular pero ya cruzó largamente el 30%, una inmensa porción de la sociedad en condiciones de pobreza y extrema pobreza; un superávit externo de 163.000 millones de dólares que surge de acumular los superávits anuales que van del 2003 a este año, monto proveniente, como lo he escrito recientemente, de los datos que emergen del balance cambiario del Banco Central, pero superávit que sirvió para ayudar, “financiar” es el término correcto, salidas de capitales al exterior. Sólo en dos años, 2012-2014, las reservas disminuyeron en algo más de 20.000 millones de dólares… ¡dilapidaron una inmensa cantidad de recursos que por primera vez en su historia tuvo Argentina! No lo digo yo, lo dice la realidad.

-Usted es economista, pero también un político. Insisto: desde lo político, ¿que encontrará el próximo gobierno?

-Como mínimo, una necesidad: ponerse al frente de un proceso imprescindible para mejorar la calidad de nuestro sistema democrático. Pero es una tarea que no le compete únicamente a él: hace al conjunto de la política, de los partidos. No es posible que tras más de 30 años de democracia aquí no se puedan consensuar políticas públicas. Pero le cabe al próximo gobierno llegar al poder habiendo desentrañado las razones por las cuales no se pueden lograr acuerdos. Esa limitación es la que deberá vencer con sus gestos, sus iniciativas.

-¿Con qué contaría a su favor la próxima administración para avanzar en esa línea?

-Con el hartazgo de los resultados de generar desde el poder nada más que gritos, dividir.

-No parece aventurado pronosticar que el próximo gobierno no tendrá mayoría parlamentaria. ¿Esto ayudaría a buscar acuerdos, consensos?

-Sin duda. Pero admitamos, a los fines de reflexionar sobre ese futuro, que el gobierno obtuviera mayoría parlamentaria; esto no puede conducir a transformar la gestión del poder en lo que la transformó el kirchnerismo: autoritarismo, autismo, desprecio por el pensamiento distinto, asumirse como la única verdad, ver un enemigo en cada adversario…

-En estos más de 30 años de democracia, ¿ese estilo de ejercicio del poder sólo es imputable al kirchnerismo?

-No, por supuesto que no. Pero el kirchnerismo llevó ese estilo a un extremo, a un desplante agresivo para con el conjunto de la sociedad que no piensa como él. Por eso sostengo desde hace años que aquí hay un problema de cultura política, de interpretación correcta de lo que debe ser la política. No se trata sólo de economía, de qué consensuar en materia económica. Hay un problema muy hondo de cultura política y en momentos en que la política aquí y en el mundo, bueno… está compleja.

-¿Usted adhiere a la idea de que está presionada por resultados “ya”?

-Está presionada, claro. Tiene menos tiempo para resolver. Ya no se puede patear para adelante un problema.

-En una oportunidad dijo, en relación con la economía, que el gradualismo en términos de manejar problemas suele acarrear más problemas que los que intenta solucionar. ¿Cómo cree que manejará el kirchnerismo esta ecuación en relación con la situación de crisis que vive la economía?

-No sé. En esa oportunidad sostuve también que posiblemente fueran por el camino que adoptó Celestino Rodrigo en el invierno del 75: un golpe de timón que apunte, no sé ahora con qué suerte, a poner en caja determinadas variables de la economía. Mire, de una manera u otra, ir por ese camino o seguir en el que se transita, el resultado es el mismo: la crisis siempre la paga el grueso de los asalariados. Pero, insisto, no hay K, hay peronismo: despilfarro de plata.

-¿Sigue sosteniendo que Sergio Massa es un gran simulador?

-Lo que busca es disimular que fue parte consustancial del kirchnerismo. Quiere avanzar sin que se compute ese rol, esa vertebración con un proyecto de poder que ya cuando él lo integraba mostraba su autoritarismo, su desprecio por la racionalidad para definir políticas públicas, su desprecio hacia quienes disentían… ¿o no formó parte del kirchnerismo? ¿O no fue jefe de Gabinete de Cristina? ¿O en qué país viví yo?

“Largué la pipa, no la política”

Ya no fuma en pipa. Esas pipas de raíz de cerezo. Curvas. Cazoleta gruesa. Italianas, inglesas. Marcas Lorenzo, Dunhill, Savinelli. Pipas que cargaba con tabacos de Nat Sherman que acopiaba en sus viajes a Estados Unidos. Fumata que por años alertó a cualquier espacio radical de su inminente llegada.

Porque Mario Brodersohn se anunciaba a puro aroma de tabaco. Luego llegaba él. Lo mismo que otro correligionario de significación en el gobierno de Raúl Alfonsín: Lucio Recca, secretario de Agricultura y Ganadería. Pipero de alma. Pero para él la pipa también es historia.

-Tengo la colección de pipas. Las cuido. Las limpio. Las lustro. Las quiero. Son correligionarias de muchos años. En las buenas, en las malas… ¿no? -dice Mario Brodersohn a este diario. Y advierte:

– ¡Ojo: largué la pipa y los habanos, pero no la política! Comencé a militar en la política universitaria, en la Federación Universitaria de Buenos Aires. Ahí conocí a un rionegrino, periodista de ustedes… era…

-¿Tuti Gadano?

-¡Tuti Gadano, sí, sí! En la segunda mitad de los 50 éramos medio frondizistas. Después, otros rumbos; yo, al radicalismo. Hoy milito en el espacio de Ricardo Alfonsín. Aporto ideas, experiencia de gestión en el Estado.

-¿Socialdemócrata?

-Sí, sí. Nosotros entendemos que ése es el lugar del radicalismo.

-¿Cómo reflexiona su paso por el gobierno de Raúl Alfonsín y nada menos que ser uno de los arquitectos del Plan Austral?

-No soy indulgente ni tengo déficit de críticas sobre lo que hicimos o no hicimos, pero reflexiono en clave al tiempo que nos tocó en suerte. No para justificar, sí para tener en cuenta. Además, integramos un gobierno honesto.

-¿Un dato diferenciador entre aquella economía de inicio de la transición y ésta?

-Nosotros teníamos cosechas de 40 millones de toneladas; hoy superan los 100 millones… ¡qué dato! ¿No?

(Mario Brodersohn tiene 80 años. Vive en Belgrano y se lo suele encontrar en la línea Mitre o colgado de algún micro rumbo a su estudio en el microcentro. Contador por la UBA, en 1963 logró su maestría en Economía en Harvard. Fue investigador asociado en la Universidad de California y tiene una dilatada experiencia académica en la UBA. Fue director del Centro de Investigaciones Económicas de la Di Tella. Escribió “Los planes de estabilización en la Argentina” y “Problemas económicos argentinos”)

CARLOS TORRENGO

carlostorrengo@hotmail.com

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