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¿Dónde jugarán los niños y niñas?

Redacción

Por Sebastian E. Antognazza

Al revisar brevemente la historia de nuestro país, se evidencia la trascendencia de los clubes de barrio y su impacto directo en la comunidad. Estos no solo mejoran la calidad de vida de las personas al desempeñar un papel crucial en la promoción de valores, la disciplina a través del deporte, hábitos saludables, la educación y el bienestar, sino que también contribuyen a la construcción de una sociedad democrática y participativa. Los clubes forjan identidad, fomentan el sentido de pertenencia y desempeñan un papel crucial en el desarrollo integral de las personas, moldeando no solo deportistas, sino también ciudadanos y ciudadanas comprometidos y saludables.

Sin embargo, su función más destacada es la social. Hoy en día, en muchos clubes funcionan comedores, se dan copas de leche, y se convierten en centros de numerosas campañas solidarias. Estos lugares son refugios para miles de familias que buscan en nuestras instituciones un espacio de contención, virtud que se manifiesta con orgullo, especialmente en épocas de crisis.

En el otro lado de la moneda, la realidad nos muestra que los clubes son las grandes víctimas en tiempos de crisis.

La falta de políticas de estado, tarifas de servicios inalcanzables, especulación inmobiliaria y la codicia de ciertos actores han sumido a muchos de ellos en deudas, obligándolos incluso a cerrar sus puertas. Sabemos bien que cuando un club cierra, una parte de la comunidad muere con él.

Hoy estamos ante un gobierno nacional que impone un paquete de reformas que, a todas luces, solo profundizará la crisis económica y acentuará el proceso de fragmentación e individualismo que lamentablemente atravesamos como sociedad. Más preocupante aún es el ajuste brutal que golpea a empresas, productores, comerciantes y, sobre todo, afecta directamente el bolsillo de “Juan Pueblo”.

En este contexto, al menos difícil, resulta inevitable preguntarse: ¿En qué lugar quedamos los clubes?

Frente a un Estado nacional que reduce y elimina programas de acompañamiento, becas, capacitaciones y demás herramientas de asistencia. Gobiernos provinciales y locales atados de pies y manos bajo la amenaza y manipulación del presupuesto coparticipativo, un sector privado que observa cómo la actividad se detiene progresivamente y una población cada vez más vulnerable y empobrecida que prioriza “parar la olla”. Parece que la recreación se vuelve, poco a poco, un lujo al que pocos pueden acceder.

¿Dónde jugarán los niños y niñas? Si a pesar de los esfuerzos de los clubes por reducir costos, la gente no puede llegar a fin de mes.

¿Dónde jugarán los niños y niñas? Si no hay recursos para sueldos ni impuestos.

¿Dónde jugarán los niños y niñas? Si no alcanza para comprar pelotas ni camisetas.

¿Dónde jugarán los niños y niñas? Si los clubes no pueden mantener sus puertas abiertas.

En este llamado a la reflexión, instamos a todos a considerar la importancia de preservar estos espacios que no solo forman deportistas, sino que también construyen el tejido social que sostiene a nuestra comunidad. El destino de los niños y niñas y el futuro de nuestra sociedad están intrínsecamente ligados a la respuesta que demos a la crucial pregunta: ¿Dónde jugarán los niños y niñas?

Vicepresidente. Club Social y Deportivo Confluencia.


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