El Consulado de Buenos Aires




Armando Mario Márquez

* Presidente de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén. Presidente del Centro de Estudios Constitucionales del Comahue

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El 2 de junio Belgrano asumió al frente del organismo. Fue un pilar de los sucesos de Mayo de 1810, y, por supuesto, de la conformación institucional de la Nación Argentina.


Junio es un mes caro para el calendario belgraniano: en efecto, su nacimiento, el día 3, y su muerte, el día 20, acontecieron en él, mas hay otra fecha de suma importancia, el 2 de junio de 1794, oportunidad en la que asumió al frente del organismo indicado en el título. Veamos.

El 30 de enero de 1794, en la ciudad de Aranjuez, el rey Carlos IV de España suscribió la “Real Cédula de Erección del Consulado de Buenos-Ayres”, la que era iniciada en los siguientes términos: “El considerable aumento y extensión que ha tomado el comercio de América con la libertad concedida por mi Augusto Padre, que santa gloria baya, en su reglamento del 12 de Octubre de 1778, y con otras gracias y franquicias concedidas posteriormente, ha dado motivo a repetidas instancias de varias Ciudades y Puertos en solicitud de que se erijan algunos Consulados en aquellos Dominios, que protejan el tráfico, y decidan breve y sumariamente los pleitos mercantiles, como se ha hecho en España a consecuencia del citado reglamento.

«Y considerando yo que en el estado presente de las cosas, y según la multitud y frecuencia de las expediciones que salen para distintos Puertos, podrían no bastar los dos únicos Consulados establecidos en Lima y México para la dilatada extensión de ambas Américas, mandé examinar por mis Ministros de Estado y del Despacho las referidas instancias, y que sobre ellas se tomasen los informes y conocimientos necesarios, a fin de proveer lo que más conviniese al bien y la prosperidad del comercio», agrega.

«Examinado pues con la debida atención este importante asunto, y vista en mi Consejo de Estado, entre otras instancias, la que me ha dirigido el cuerpo de comercio de la Ciudad de la Santísima Trinidad Puerto de Santa María de Buenos-Ayres, apoyada y recomendada por mi Virrey y Capitán General Don Nicolás de Arredondo; conformándome con el uniforme dictamen que sobre ella me dio el Consejo: he venido a erigir, y por la presente erijo en aquella Ciudad un Consulado…” finaliza.

Los cincuenta y tres capítulos que lo suceden se ocupan de detallar la organización, alcances, conformación, funcionamiento y procedimiento de tal organismo.

Una cuestión de no poca importancia y trascendencia la constituye que don Manuel Belgrano es designado Secretario Perpetuo de aquél, tal como surge de la nota de fecha 6 de diciembre de 1793 en que se lo adelantara Diego de Gardoqui, Secretario de Estado y del Despacho Universal de Hacienda del Reino de España, preanunciando su creación: “El Rey se ha servido nombrar a Usted para el empleo de Secretario del Consulado que su Majestad ha resuelto erigir en Buenos-Ayres y se lo participo a Usted de su real orden a fin de que pueda disponerse para pasar a aquel destino” .

El prócer residía en España desde 1786, en ocasión de haber viajado tras la finalización de sus estudios medios en el Real Colegio de San Carlos en su ciudad natal e iniciar sus estudios superiores de Derecho y Economía, los que finalizara el 1793, tras su paso por las Universidades de Salamanca y Valladolid, casas de las que egresara con notas sobresalientes y con solamente veintitrés años de edad.

El Consulado, y particularmente la labor de don Manuel Belgrano al frente del mismo, fue pilar de los sucesos de Mayo de 1810, y, por supuesto, de la conformación institucional de la Nación Argentina. Que ello forme parte de nuestro recuerdo y nuestra memoria para honrar a uno de nuestros mejores hombres.

* Presidente de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén. Presidente del Centro de Estudios Constitucionales del Comahue


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