Enriquecerse es glorioso también en Zimbabwe
Zimbabwe (la ex-Rhodesia, cuando fuera una colonia británica) es uno de los países más empobrecidos y atrasados del mundo. Hoy crece a un ritmo, obviamente insatisfactorio, del 1,5% anual de su PBI. Con una población que es apenas superior a los 15 millones de almas, tiene un ingreso anual promedio –per cápita– de unos 2.100 dólares. Esto es, ingresos de apenas unos 175 dólares mensuales o de unos 5,80 diarios.
Por ello, el 72% de su población vive profundamente sumergida en la pobreza extrema, casi sin futuro. Su deuda externa es, por lo demás, sideral y equivale al 205,3% de su PBI. La expectativa de vida al nacer de sus habitantes es de apenas 57 años, lo que evidencia las enormes carencias sanitarias, de todo orden, que el país padece.
Desde su misma independencia, el país africano ha estado presidido solamente por Robert Mugabe, hoy un anciano de 92 años. Un autoritario extremo que se ha enquistado en el poder desde hace ya 36 años y llenado al país de una corrupción fenomenal, en todos sus rincones.
Para Mugabe, el respeto por las libertades civiles y políticas de sus conciudadanos no es, para nada, prioritario. Tampoco lo es la defensa de los derechos humanos. Su voluntad es, en rigor, la ley y está entonces por encima de todo y de todos.
Hoy la economía de Zimbabwe está prácticamente colapsada y los cajeros automáticos de las entidades financieras se vacían en minutos, por la desconfianza que todos tienen del gobierno. Hasta las fuerzas de seguridad tienen el pago de sus sueldos atrasados, desde hace ya dos meses.
Pero en torno a Mugabe todo es muy distinto. Esto es lo que evidencia la conducta escandalosa de su propio vicepresidente, Phelekezela Mphoko, el hombre que, con sus 72 años a cuestas, es el llamado a reemplazarlo en caso de incapacidad o fallecimiento. Desde hace nada menos que 600 noches, Mphoko vive en un lujoso hotel de la ciudad de Harare, la capital del país, que alguna vez fuera parte de la cadena Sheraton. Mientras tanto ha estado “preparando” su residencia oficial.
Pero su residencia en el hotel Rainbow Towers está lejos de ser penosa. Desde que en diciembre de 2014 ingresara en él con su esposa Laurinda, el Estado ha pagado su alojamiento y comidas a un costo exorbitante de mil dólares la noche. Increíble.
Su costosa estadía puede ahora estar cerca de su final, desde que los medios locales informan que finalmente ha encontrado una residencia “adecuada”, que cuesta dos millones de dólares y está emplazada en un barrio caro, conocido como “Highlands”.
Mphoko tiene el perfil clásico de la “elite” vividora que rodea a Mugabe. Es un militar retirado, que ha sido embajador en Botswana, Rusia y Sudáfrica. Su familia es dueña de la importante cadena de supermercados Choppies. Dinero no le falta, por cierto.
Este es el tipo de historias cínicas que describen lo que es Zimbabwe. Es más, lo que ha sido siempre desde su misma independencia. Es un país presuntamente soberano e independiente, puesto enteramente al servicio de su “clase gobernante”, que en los hechos es una suerte de nobleza sin abolengo que lo ordeña sin cesar y sin límites.
Los años pasan y esto no cambia. Los ciudadanos de Zimbabwe se sacaron de encima la explotación colonial, pero ella ha sido reemplazada por una explotación por parte de algunos desalmados que han mantenido al país y a su gente en la pobreza. Una historia triste, por cierto.
(*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Hoy la economía está colapsada y los cajeros automáticos de las entidades financieras se vacían en minutos, por la desconfianza que tienen en el gobierno.
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- Hoy la economía está colapsada y los cajeros automáticos de las entidades financieras se vacían en minutos, por la desconfianza que tienen en el gobierno.
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