La crisis toma una inercia propia


Mostrando una foto de silobolsas, Juan Grabois indicó cuál es el saqueo que le pide al Gobierno, como condición para no ejecutar el propio.


Mary Anastasia O’Grady y Juan Grabois tienen muy poco en común. O’Grady escribe una columna en el influyente The Wall Street Journal. Firmó esta semana un pronóstico sombrío. Cree que la reprogramación de deuda que le otorgó el FMI a Alberto Fernández fue sólo un obsequio de tiempo para que Argentina, “el holgazán más notorio del mundo” pague más adelante aquello que pidió prestado. O´Grady afirma que esa postergación “no salvará a los argentinos de una hiperinflación”.

Juan Grabois fue designado en 2015 por el Papa como consultor del Pontificio Consejo de Justicia y Paz. En 2021 fue promovido como miembro del dicasterio vaticano para el desarrollo humano. Advirtió en una marcha de organizaciones piqueteras que puede correr sangre en la Argentina si el Gobierno no cede a sus pedidos. Agregó: “Prefiero hablar ahora que lamentarme cuando empiecen los saqueos”.

Con una foto de silobolsas, Grabois mostró cuál es el saqueo que le pide al Gobierno, como condición para no ejecutar el propio. Nadie puede descartar que en sus próximas entregas señale a los depósitos bancarios. Nunca reportó del todo a Cristina. Acaso se piensa como un “proyecto Boric”. Algo que puede emerger después del estallido.

Hay una coincidencia entre O´Grady y Grabois: ambos creen que ocurrirá algo que la política teme. Una fatal moneda de dos caras. Una es la hiperinflación. La otra, una conmoción social. La política les teme a ambas porque serían la confirmación de su fracaso sistémico: el punto en que la crisis no sólo se acelera, sino que se autonomiza, adquiere una inercia indetenible; vacía a la política de su sentido más elemental.

¿Cuál es ese sentido? La incidencia política sobre la economía es antes que nada su capacidad de arbitraje en torno a una noción compartida del valor. La hiperinflación es la pérdida generalizada, por el desquicio de los precios relativos, de una noción unificada de valor. El peso argentino está en ese tembladeral. No tiene un parámetro estable de comparación con ninguna divisa extranjera. He aquí la “devaluación brusca” que el Gobierno prometía evitar.


Una reunión con Biden hubiese devuelto a Alberto Fernández por instantes al perfil de su investidura. El azar de un virus en la Casa Blanca lo dejó esperando.


La profecía de O´Grady no está lejos de lo que también publicó Financial Times. El país se tambalea hacia uno de sus colapsos periódicos y los argentinos corren a deshacerse de sus pesos. En Wall Street y en Londres crece la presión para que el FMI endurezca su posición con el gobierno de Alberto Fernández. Es el escenario que enfrentará Silvina Batakis en su viaje de urgencia a Washington. Kristalina Georgieva está siendo apuntada por la generosidad que tuvo con Martín Guzmán al prorrogar el peso de la deuda argentina con el FMI hasta que llegue el próximo gobierno.

Un imprevisto obturó la reunión en la que Batakis cifraba sus esperanzas antes de tocar el timbre del FMI. El presidente norteamericano Joe Biden cayó enfermo y no recibirá por ahora a Alberto Fernández. La confirmación de esa audiencia fue la que disparó desde comienzos de junio la avanzada final de Cristina Kirchner contra Guzmán. Una disputa central por la agenda del diálogo, teniendo en cuenta el peso decisivo de Estados Unidos en la conducción del FMI.

Hay una consecuencia lateral de esa audiencia pospuesta. De Alberto Fernández había trascendido que estaba escribiendo (mientras se supone que gobierna) las memorias de su gestión. Ahora se sabe que las está desgranando como historia oral. Ante intendentes y con la voz quebrada evocó días atrás los momentos en que pudo autonomizarse de Cristina y no lo hizo, en honor a una lealtad que le están malpagando, y con modales perversos.

Una reunión con Biden lo hubiese devuelto por instantes al perfil de su investidura. El azar de un virus en la Casa Blanca lo dejó esperando. De regreso a una debilidad endémica que acelera versiones de todo tipo sobre alguna salida institucional viable, a más de un año de finalizar su mandato.


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