Niños maltratados: nicknames, avatars y la identidad en redes





Mirta Itlman *

“Nombrar es hacer entrar al niño en el orden de las relaciones humanas” Juan Eduardo Tesone.

Los nombres propios son un aspecto de nuestra identidad, identidad que se construye en un contexto interpersonal, que nos diferencia de otro y nos caracteriza, dándole un sentido a nuestro ser y un lugar en la sociedad. (Tesone). Nuestro nombre, parte del deseo de quien lo otorga (generalmente los padres) y se relaciona con aquello que se imaginan de nosotros, esperan, sueñan e interpretan de nuestra individualidad.

Nuestras emociones, pensamientos y relaciones son determinados en gran medida por el modo en que somos nombrados. Las palabras y la entonación que acompaña al llamado ponen de manifiesto el trato y los sentimientos que se tiene hacia el otro.

En el contexto informático es una práctica común que los nombres o seudónimos Nicknames (las identidades digitales) sean elegidos por los propios usuarios. En el lenguaje de internet se observa que la cyber identidad, o sea los atributos auto elegidos, está representada por el texto, el contenido, la imagen, la música y los emojis. Los cuerpos digitales (avatars), no solo potencian la interacción online sino también adquieren vida, movimiento.

Estos gráficos simbolizan la identidad autoconstruida de manera consciente o inconsciente y representan un estado emocional, como la persona se ve, como quiere ser vista o como le gustaría ser.

Niños y adolescentes se involucran de manera específica en el mundo digital porque buscan participar o comentar en comunidades nichos, como en aquellas donde se hace referencia al maltrato, con la intención de pertenecer a un grupo y sentirse reconocidos ya que no lo hacen sus allegados. En este sentido los Nicknames (habitualmente diferentes a los nombres propios fuera de línea) otorgan en las redes una identidad, anonimato y pertenencia que habilita la posibilidad de salir de las ataduras del silencio y la soledad. (Livingston)

Cuando los niños se enfrentan al maltrato emocional sufren un trauma psicológico donde se quiebra el sentimiento de seguridad, se sienten impotentes, apáticos y desconectados del medio. Pivotean entre no sentir nada o sentir demasiado. El trauma los afecta en su subjetividad, la identidad se desestabiliza. El dolor del maltrato los lleva a no sentir sus cuerpos y a apartarse del entorno. La vulnerabilidad psicológica y social puede llevarlos a desórdenes psiquiátricos como suicidio o stress post traumático.

Es frecuente escuchar por parte de los maltratadores: “Pedro ¿venís, o sos estúpido?” “Juana mírate, sos un asco, un asco“ “Eh animal , ¿no sabés hacer nada, hubiese preferido no tenerte, me escuchaste Alejandro?” “Estoy harta Camila, sos una descerebrada”

A veces tampoco se los llama por su nombre propio. “Vení para acá, pedazo de idiota”, “Te odio negra, fea, error”. Sus nombres de pila se asocian a lo que se dice de ellos. a su identidad, se espejan en esas palabras, se identifican. “Yo soy un idiota”, “Yo soy un error”.

Esta manera de ser nombrado, identificado, los desvaloriza y avergüenza y puede ser incorporado como un modo natural de interacción social.

Cuando los niños reconocen la violencia verbal que impregna sus nombres se ven a sí mismos sin valor o no dignos de ser queridos y más que apropiarse de sus nombres desean renunciar a ellos, deshacer sus lazos, su identidad, sentirse diferentes, ser otros…

La encuesta realizada por la plataforma de ayuda a niños maltratados “Abuseline. S.O.S. estoy en peligro” así lo demuestra: ¿Por qué usan nicknames por las redes? @Todos los usan” @“Es más seguro” @“Para que no sepan quién soy” @“Quiero ser otro” @“Para sentirme distinto”.

El trabajo en línea con niños maltratados nos lleva a reflexionar sobre la expresión del deseo de modificación de la identidad, siendo ésta una vía posible para que emerja un aspecto del sí mismo y poder recomponer algo de la historia personal.

La elección de otro nombre, otra imagen, otra pertenencia social podría ser una tentadora ilusión en la que se alojaría un pensamiento mágico. Pero son las asociaciones simbólicas, que con ayuda de los profesionales que trabajan brindando contención por las redes sociales, las que deberán adquirir significado en el mundo interno.

Tampoco debemos asumir que las “nuevas identidades” significan un cambio en las relaciones cotidianas pero ellas denotan autonomía y libertad en las fantasías o emociones que les son prohibidas o anuladas. Identidades que deben ser entendidas e interpretadas con los propios niños .

Como las caras de enojo, susto o aquellas que usan máscaras como signo de ocultamiento. Una joven se representa con un avatar de bailarina: “Es lo que me gustaría ser, bailarina, bailo cuando nadie me ve, cuando vuelvo a estar sola, sin las ataduras que me inmovilizan y… viste… prefiero no sentir…cuando bailo siento mi cuerpo…”

La lucha por la desidentificación del nombre propio que representa el trauma es un intento de salir de las redes de los maltratadores y encontrar otras.

No será entonces el nombre o la imagen en sí misma sino el significado personal y social que revelara el deseo de un cambio interno, integrado en cada historia de vida, con miras a un futuro diferente. Es nuestro trabajo como psicoanalistas continuar investigando las identidades online para que la intención que tienen los niños de re-crearse tenga efectos de una subjetividad novedosa.

* Psicoanalista especialista en niños y adolescentes, Miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). Autora del Programa Multicanal de ayuda y concientización a niños y jóvenes maltratados “AbuselineS.O.S”


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