Opinión
La muerte, o mejor dicho el asesinato, ha sido una constante en la historia política argentina. Como desencadenante o punto final de diversos procesos. Y no sólo la muerte, sino el control y manejo del cadáver y su efecto simbólico se han convertido en “asunto de Estado” en distintas épocas, como bien señaló en su momento Tomás Eloy Martínez, quien reflejó como pocos en su literatura la pasión necrofílica argentina.