Pesatti, Palmieri y Silva: un silencioso duelo de estilos

Los tres potenciales candidatos de Juntos para la gobernación marcaron su impronta en el acto de Allen, que puso al oficialismo en carrera para el 2019.



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Palmieri, lejos de aquél técnico que llegó a Viedma en el 2011.(Foto: florencia salto )

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Pesatti y Weretilneck tuvieron varios gestos afectuosos.(Foto: florencia salto )

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Silva (de blanco en el centro) con los militantes que fueron desde el Valle Medio hacia Allen.(Foto: gentileza )

Ninguno dijo abiertamente “yo quiero ser”. Hubo gestos afectuosos entre ellos arriba del escenario y discursos en línea con la idea del gobernador, Alberto Weretilneck: primero el proyecto, después los dirigentes.

Pero el vicegobernador Pedro Pesatti, el legislador Alejandro Palmieri y la ministra de Educación, Mónica Silva, no están cortados por la misma tijera y en el acto del sábado de Juntos en Allen quedaron a la vista tres estilos diferentes.

Esa impronta personal será determinante para la campaña del oficialismo, porque más allá de poner el eje proselitista en lo que hizo el gobierno desde el 2011, las palabras y gestos serán exhibidas por uno de ellos. Y cómo lo hagan y qué digan no será un tema menor cuando recorran la provincia.

¿Qué se vio y escuchó de los tres potenciales candidatos a la gobernación el fin de semana?

Antimacrista

Pesatti ratificó sin vueltas su oposición al actual gobierno nacional. Dijo que el de Juntos “es un gobierno de centro izquierda” y les planteó a los militantes que lo escuchaban: “Ustedes no son de las altas clases sociales, no son empresarios. Son trabajadores y Juntos es la expresión de sus intereses”.

“Los gobiernos se definen en la acción, no en las palabras”, dijo antes de quejarse de “los que hablan permanentemente del hambre” pero toman medidas contrarias al combate del hambre.

El vicegobernador aseguró que “este es el primer gobierno que piensa la provincia desde el sur. Desde los que han sido históricamente abandonados”. Y retomando una antigua crítica de Juntos a Martín Soria, marcó diferencias con “los intendentes que piensan su ciudad primero desde el centro y después miran a los barrios”.

“No podemos permitir que Río Negro termine concentrada, sesgada. Alberto fue el gran mecánico de esta provincia. Encontró un motor desarmado y unió pieza por pieza. Ese motor está armado. Río Negro está unida, que no venga nadie a desarmar este motor”, reclamó.

“Hablamos trabajando”

Palmieri mostró su costado más político, lejos del perfil técnico que tenía cuando llegó a Viedma hace siete años. Tenía que enviar señales a quienes cuestionan internamente su demora para definir si finalmente será candidato.

Enfático -no tanto como el ministro Luis Di Giacomo- defendió “la coherencia de Juntos” y repasó las metas fundacionales del partido, asegurando que todas están cumplidas y que esa es una gran carta de presentación ante los rionegrinos para la próxima campaña.

Rescató la búsqueda de la integración, afirmando que “hoy no hay más rionegrinos de primera y de segunda” y que la prueba más cabal es el gasoducto de la Línea Sur, la obra más significativa del Plan Castello.

También destacó el polo tecnológico de Bariloche y dijo que “Juntos es el único gobierno que respetó las autonomías municipales”, sin marcar diferencias por color político en las transferencias de fondos.

“Nosotros hablamos trabajando. Hacemos lo que decimos”, sintetizó.

Un “aula” con poco espacio

Silva hizo un discurso más breve, en el que defendió el espíritu provincialista de Juntos, ubicando en la vereda de enfrente a los dos grandes partidos nacionales.

El cambio a último momento en la organización del acto impidió que se mostrara más ante los militantes.

La idea original era organizar mesas de debate, a partir de tres preguntas: qué es Juntos Somos Río Negro, qué hechos concretos son necesarios producir para posicionarse y ganar en el 2019, y cómo hacer para que Juntos crezca y se fortalezca en cada ciudad para ganar las elecciones locales.

Pero el salón quedó colmado por las 1.500 personas que asistieron -originalmente se esperaban alrededor de 1.000- y no hubo chance para que la ministra de Educación tuviera un contacto más cercano con los afiliados, además de desplegar su capacidad para coordinar el ejercicio de debate interno.


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