“Populismo y pobreza”

Redacción

Por Redacción

Populismo y crecimiento de la pobreza son dos aspectos indisolubles de un mismo sistema. No hay populismo sin crecimiento de la pobreza. Sabemos que la pobreza también existe en otros sistemas políticos, pero en ellos el soporte no es su manipulación, como lo es en el populismo. Los populistas comienzan su accionar disponiendo de la riqueza que sus antecesores han producido, comprando la conciencia de pobres e indigentes, engañándolos con el mensaje de que los derechos que logran se los deben a ellos, cuando sólo son inherentes a la administración del Estado, que debe promover y asegurar los derechos de los ciudadanos a una subsistencia digna. El populismo es un enfermo, adicto una parte al consumo de riqueza y la otra a la corrupción sistemática. Pero su autodestrucción es inevitable. Su discurso mentiroso plagado de descalificaciones contra el capital, las corporaciones económicas –excepto la de ellos–, los intereses extranjeros, etc., que bloquean la posibilidad de desarrollo de más riqueza impiden la reposición de lo que consume, y además consumen futuro, quedando inevitablemente sin recursos para sus políticas dadivosas. Su progresiva degradación corroe, empobreciendo a las instituciones, la administración de justicia, la educación, la libertad de opinión y prensa y el orden jurídico. Emilio Zuccalá DNI 4.492.678 Buenos Aires


Populismo y crecimiento de la pobreza son dos aspectos indisolubles de un mismo sistema. No hay populismo sin crecimiento de la pobreza. Sabemos que la pobreza también existe en otros sistemas políticos, pero en ellos el soporte no es su manipulación, como lo es en el populismo. Los populistas comienzan su accionar disponiendo de la riqueza que sus antecesores han producido, comprando la conciencia de pobres e indigentes, engañándolos con el mensaje de que los derechos que logran se los deben a ellos, cuando sólo son inherentes a la administración del Estado, que debe promover y asegurar los derechos de los ciudadanos a una subsistencia digna. El populismo es un enfermo, adicto una parte al consumo de riqueza y la otra a la corrupción sistemática. Pero su autodestrucción es inevitable. Su discurso mentiroso plagado de descalificaciones contra el capital, las corporaciones económicas –excepto la de ellos–, los intereses extranjeros, etc., que bloquean la posibilidad de desarrollo de más riqueza impiden la reposición de lo que consume, y además consumen futuro, quedando inevitablemente sin recursos para sus políticas dadivosas. Su progresiva degradación corroe, empobreciendo a las instituciones, la administración de justicia, la educación, la libertad de opinión y prensa y el orden jurídico. Emilio Zuccalá DNI 4.492.678 Buenos Aires

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