Problemas en el servicio oncológico de Neuquén
"Cuando escuché la palabra carcinoma, no pude escuchar más", cuenta Marina López Dorigoni, emocionada todavía hasta las lágrimas.
NEUQUÉN
En noviembre le diagnosticaron un cáncer de mama, del que se recupera favorablemente. «Yo prefiero el hospital por principios», dice la militante de Derechos Humanos que realizó todo el tratamiento en el hospital Regional aun cuando el Servicio de Oncología tiene serias deficiencias.
Marina integra el grupo de apoyo a las Madres de Plaza de Mayo de Neuquén, tiene 54 años, dos hijos varones (de 31 y 28), está en pareja y es trabajadora del Poder Judicial.
«Me fui a hacer la mamografía de control de «señora responsable» y ahí apareció algo. Me hice otra focalizada y ahí aparecieron pequeñas calcificaciones», recuerda sobre lo que pasó en noviembre del año pasado. Después de varios estudios en el hospital le diagnosticaron «carcinoma puntual in situ». A fines de enero la operaron en el Castro Rendón y el 11 de febrero comenzó rayos, ya que dos de los cuatro pequeños focos no tenían «márgenes muy buenos».
Su militancia no quedó de lado al afrontar la enfermedad. Decidió operarse y hacer el tratamiento en el hospital público a sabiendas de los problemas que viene atravesando hace años el Servicio de Oncología. «La bomba de cobalto 60 tiene más de 30 años y está deteriorada. Se empiezan a descomponer algunas piezas que son difíciles de conseguir y, como ya no se fabrica, los repuestos que se compran son usados y no hay seguridad de su funcionamiento», explicó el delegado de ATE y técnico Diego Gómez.
«Le pregunté a mi oncólogo y me dijo que para mi caso con lo que había en el hospital alcanzaba y sobraba porque era algo muy puntual», explica Marina. Todo iba bien hasta que un día le suspendieron la sesión porque se había roto el aparato de rayos. «Salí llorando y con la sensación es que no te cuidan, de desprotección absoluta. Es una preocupación más», cuenta. «Yo porque tengo una militancia y tengo otras herramientas para reclamar, pero no deja de ser una preocupación más que se suma a tu enfermedad», agrega.
«A pesar de todo yo prefiero el hospital. Te conmueve la gente que trabaja ahí, la solvencia, el cariño, el respeto y el compromiso con lo que hacen. Ellos sostienen la salud pública con el cuerpo», remarca Marina.
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