Promesas, éxodos y estampidas de fin de mandato

Los más conspicuos menemistas se reacomodan para hacer frente al futuro. Algunos ya perdieron el favor del jefe de Estado, otros pelean por seguir teniéndolo.

BUENOS AIRES (DyN).- Faltan veinte días para las elecciones. La cuenta regresiva ya es irreversible, como aparentan ser los resultados de los comicios, al menos según la enorme mayoría de las encuestas.

La Alianza está convencida de su triunfo; el menemismo, también cree que Fernando de la Rúa será el nuevo presidente.

El duhaldismo ofrece estoicamente los últimos combates para llegar con la frente alta a la fecha crucial.

Aunque en público digan lo contrario, los actuales dueños de la Casa Rosada proyectan su futuro desde la oposición. Tal vez la única lucha que se plantean ahora es reforzar la imagen de Carlos Menem desde el 10 de diciembre para asegurarle un camino despejado de pujas internas hacia el 2003.

Por ahora, los menemistas aseguran que dentro del justicialismo la cohesión en torno al actual jefe de Estado será inquebrantable. Ya hablan sobre la necesidad de un peronismo unido, sin grietas, para atar la victoria en el próximo turno. Los otros posibles candidatos, Carlos Reutemann y José Manuel de la Sota, mantienen un piadoso y prudente silencio, por ahora.

Pero el menemismo afronta otra necesidad más urgente que su proyección hacia el 2003: la de organizar una salida ordenada.

Aunque, hoy por hoy, quedan dudas sobre los verdaderos deseos de Menem al respecto. Nadie sabe, en realidad, si le importa o no que la salida de sus colaboradores sea incruenta, pero mayoría apuesta a que mantendrá su mano firmemente aferrada a todos quienes lo apoyaron sin condicionamientos.

Esos hombres y mujeres que se jugaron si no la vida, al menos su imagen y su futuro político por su líder -aunque algunos con muy buenos réditos- enfrentan variadas situaciones.

Amira, Serrano y los Fassi

Están los que optaron por el portazo, agotadas ya sus esperanzas de seguir protegidos bajo el poderosísimo calor menemista. Se trata de figuras aparentemente secundarias, pero que en su momento estuvieron en las entrañas del poder.

Amira Yoma, por ejemplo, con el negro lastre de su historia, ya hizo las valijas para radicarse en Marbella -la misma ciudad donde vive Al Kassar-, donde montó un restaurante, el «Buenos Aires», con un millón de dólares, cuyo origen no está muy claro.

Elsa Serrano es otro pequeño pero simbólico ejemplo de la suerte que están corriendo algunos de los que disfrutaron de los honores, lujos y placeres de la corte. Anunció que demandará a «Zulemita» por entre dos y cuatro millones de dólares por ropa no pagada.

Otros hace tiempo que quedaron alejados del amparo presidencial: Fassi Lavalle está preso, Caserta lo estuvo durante mucho tiempo, Miguel Angel Vico desapareció de la escena, hasta Guillermo Cóppola dejó de frecuentar la quinta de Olivos.

Hay otro grupo que al parecer seguirá muy firme junto al Presidente, como Alberto Kohan, Jorge Rodríguez o Carlos Corach, mientras que otros están «en capilla» del lado del oficialismo, y en el centro de la mira… de la oposición. Es el caso de María Julia Alsogaray y Víctor Alderete, dos personajes emblemáticos de la política que imperó durante esta última década.

En el Congreso, algunos legisladores de la oposición, e incluso del duhaldismo, apuestan a que María Julia terminará tras las rejas. En la Casa Rosada, en cambio, ven en la fiel funcionaria un futuro mucho más tranquilo y placentero.

Es cierto que dentro de muy poco tendrá que responder ante la Justicia por innumerables cargos, desde enriquecimiento ilícito hasta incumplimiento de sus deberes como funcionaria, pasando por una gigantesca evasión fiscal. Pero la inteligente secretaria de Recursos Naturales ya deslizó, como quien dice algo intrascendente, que en definitiva siempre hay responsabilidades en los estamentos superiores.

Quien quiera oir… que oiga.

Alderete es otro caso, por ahora una incógnita, aunque está allí con un pie en el vendaval de acusaciones de la oposición. No se sabe qué actitud adoptará Menem, aunque la lealtad sin fisuras que el funcionario tributó a su superior hace pensar que tampoco será muy duro su pasar.

Otro muy diferente es el caso de los que se apresuraron a cruzarse a la vereda del duhaldismo. Para ellos, con Eduardo Duhalde a la cabeza, parecería que siquiera quedaría resto para algún papel en el nuevo escenario político.

Estampidas y traiciones

En los días que faltan para los comicios, habrá sorpresas. Algunos predicen estampidas, traiciones, vuelcos insospechados.Mientras los pasa por el tamiz a todos, Menem se sienta a diseñar sus próximas jugadas.

En Miami no titubeó en declarar en un programa televisivo que él se ve a si mismo como su propio sucesor el 10 de diciembre, aunque reconoce que eso no es más que una quimera, al menos anacrónica. Asegura que está «reorganizando» a su «gente», a sus «cuadros».

En lo interno, empezó, curiosamente, por recuperar el apoyo del sindicalismo, el mismo que despedazó y anuló hasta la muerte durante su gestión.

Tal vez rememorando la antigua historia del peronismo, que en todos sus triunfos tuvo como incontrastable motor a la clase trabajadora, o probablemente pensando que ayudando económicamente las cajas de los sindicatos, como está haciendo en forma apresurada desde hace algunas semanas, volverá a anudar favores que quedarán atados al menos hasta un nuevo turno en el gobierno.

Simultáneamente, pinta una imagen que quiere proyectar hacia el mundo. Se multiplican sus viajes al exterior, donde planea erigirse en líder de la paz, en hombre de consulta para la personalidad internacional que lo reconozca. Tiene dos fuertes pilares armados en dos sectores de indudable poder en el esquema mundial: los Estados Unidos y el Vaticano.

La única incógnita que le queda es si la Alianza cumplirá un supuesto «compromiso» cuya existencia sospechan algunos duhaldistas: el de tolerancia ante posibles investigaciones judiciales sobre supuestos casos de corrupción.

Sin embargo, hasta que no esté instalado el nuevo gobierno, no se sabrá si habrá margen para ahorrarle a Menem todo disgusto. Se desconoce aún si habrá o no demanda social para que se estudien a fondo los pasos que más le cuestionaron durante su larga administración.

Carmen Coiro


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