“Puente de espías”, suspenso y paranoia

Steven Spielberg aborda un hecho histórico para contar los miedos del hombre común en la Guerra Fría. <b>Nuestra opinión: Excelente.</b>

Crítica

Siempre es un placer que las salas de cine se engalanen con algún estreno del director Steven Spielberg. Sus películas sencillamente no tienen forma de pasar desapercibidas, y tenía abandonado a su público desde hace tres años cuando realizó “Lincoln” (2012). Esta vez, con “Puente de espías” (Bridge of Spies, 2015), vuelve a meterse con la historia mundial pero con un hecho en particular conocido como “El incidente del avión U-2”.

El 1 de mayo de 1960 una de estas aeronaves espías, comandada por el piloto Francis Gary Powers, fue derribada mientras sobrevolaba la Unión Soviética. Powers sobrevivió, fue encontrado y arrestado y se lo sentenció a tres años de cárcel y siete de trabajos forzados.

Por supuesto que entre ambos gobiernos hubo negaciones, desmentidas e incluso se hicieron los mayores esfuerzos para cubrir este incidente que, tranquilamente, podría haber sido el disparador para una Tercera Guerra Mundial.

Esto, claro, no terminó así y el piloto retornó a su país. ¿Cómo? El 10 de febrero de 1962, en el puente berlinés de Glienicke, fue intercambiado por el espía soviético Rudolf Abel, que el 21 de junio de 1957 había sido capturado por el FBI en Nueva York y que estaba cumpliendo una sentencia de 30 años en los Estados Unidos.

Estos hechos famosos fueron retratados en el filme para televisión Francis Gary Powers: “The True Story of the U-2 Spy Incident” (1976), protagonizada por Lee Majors. Y también se puede ver algo en “El FBI en Acción” (The FBI Story, 1959), una película que tocaba “El caso de la moneda hueca” (Hollow Nickel Case), título que se le dio al resonante caso de Abel. Lo cierto es que Spielberg toma esta historia y la cuenta desde el punto de vista de James B. Donovan, el abogado que llevó a cabo las negociaciones de intercambio. Dato: en 1965 Gregory Peck quiso filmar la historia. Él iba a personificar a Donovan, Alec Guinnes a Abel, y el guión lo iba a escribir el gran Stirling Silliphant. MGM decidió no hacerla porque estaban en medio de la Guerra Fría y la productora estaba reticente a meterse en una trama tan política.

James Donovan (Tom Hanks) es un abogado especialista en seguros al cual le encargan asumir la defensa de Rudolf Abel (Mark Rylance), un espía soviético. El letrado hace buenas migas con su defendido y eso, más las habilidades que muestra en el juzgado, servirán para que sea reclutado por la CIA para que negocie el intercambio de un prisionero norteamericano con la URSS.

Esta película pide a gritos nominaciones al Oscar. Por empezar tiene, tanto enfrente como detrás de cámaras a un “dream team”: Spielberg como realizador, los hermanos Coen guionistas, Janusz Kaminski director de fotografía, Thomas Newman música, Tom Hanks, Amy Ryan y Mark Rylance demostrando sus tremendas dotes actorales. Perfección a la carta.

El director, más allá del tópico histórico, también elige contar lo que se vivía en ambos países, las sensaciones, miedos e incluso paranoias, algo que él experimentó siendo niño. Hanks emociona sólo usando su mirada y ratifica su lugar en el podio del Top 5 de los mejores actores de la actualidad.

Tal vez se le podría criticar la mirada un tanto “norteamericana” del hecho, pero eso no quita que esta sea una gran película en todos sus aspectos. Lo mejor que pueden hacer es regalarse la posibilidad de ver este largometraje. Steven Spielberg es, por lejos, el mejor director existente y con cada obra lo demuestra. Esperemos que nos siga entreteniendo más… Mucho más.

Leo González


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