Qatar pone fin al odioso padrinazgo laboral

emilio cárdenas (*)

El 14 de diciembre Qatar dejará definitivamente atrás a la llamada “kafala”, una institución vergonzosa en función de la cual los trabajadores extranjeros que ingresan para desempeñar allí temporalmente funciones laborales no pueden cambiar de trabajo ni salir del país sin obtener previamente la autorización expresa de su empleador. Parece realmente mentira que en el mundo de hoy esto exista sin que se genere una presión enorme para que se proceda a derogarlo, por conformar una monstruosidad demasiado parecida a la esclavitud misma. Así lo ha decidido ahora el gobierno qatarí, que ha publicado ya la norma del caso en su Diario Oficial. Lo insólito es que esta haya sido la situación en Qatar, país inmensamente rico como consecuencia de sus yacimientos de hidrocarburos pero pequeño en extensión, en el que la población está conformada nada menos que en un 90% por trabajadores extranjeros; por expatriados, entonces. Hablamos de un millón ochocientos mil personas extranjeras que residen en Qatar. El 10% restante (apenas unas 180.000 personas) son los ciudadanos de Qatar, hombres y mujeres que gozan de toda suerte de subvenciones y privilegios exclusivos, una suerte de nobleza árabe de presunta “sangre azul”. A partir de la fecha antes nombrada, los trabajadores extranjeros que residen en Qatar podrán cambiar de trabajo o salir del país obteniendo para ello una autorización del Ministerio del Interior. Si ella no se les confiere en tres días, podrán apelar y discutir su situación ante una comisión especial que se conformará especialmente para ello. La solución no es la ideal, desde que la salida debería ser enteramente libre, pero es un paso adelante respecto de la repulsiva situación anterior. Lo mismo ocurrirá para poder cambiar de trabajo. Por el momento la situación en este segundo caso es absolutamente de horror. Los extranjeros en Qatar sólo pueden cambiar de trabajo si cuentan con la autorización de su último empleador. Al final de su contrato de trabajo, la regla general es que simplemente deben irse del país y comprometerse a no regresar sino luego de un intervalo de dos años. El cambio de régimen felizmente ocurrirá antes de que Qatar sea la sede del campeonato mundial de fútbol en el 2022, gracias a Dios. Lo insólito es que –pese a lo comentado– haya podido ganar el derecho a ser sede, lo que es un insulto y un abuso contra la civilización. Aunque, ante lo sucedido, vale ciertamente aquello de que “Nunca es tarde cuando la dicha es buena” pese a que la solución descripta, es obvio, no es la ideal. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


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