¿Qué sabemos acerca de las bebidas energizantes?

Mientras la publicidad las muestra como una pócima mágica, poco se sabe acerca de sus ingredientes y de los efectos que su consumo produce.

Los médicos ya acostumbramos a preguntarles a los adolescentes sobre consumo de alcohol o marihuana, temas prevalentes a esta edad”, explica la Dra. Marcela Paz, de la Sección Adolescencia del Depto. de Pediatría, a quien entrevistamos. Pero es común que se hable menos sobre las bebidas energizantes, un tema algo reciente.

¿Los padres están advertidos del tema?

Está subestimado, quizás a veces ellos también consumen bebidas energizantes porque están publicitadas como útiles para recuperar la energía ante una práctica deportiva o aumentar la concentración y la recuperación muscular.

¿Cómo se llega al consumo de bebidas energizantes?

En los adultos mayormente es para soportar varias horas sin dormir (a veces los estudiantes) y por el uso que les dan los deportistas, en especial en situaciones de mucha tensión. No es casualidad que estén asociadas a deportes extremos, de mucha adrenalina y concentración.

En los adolescentes, a estos motivos se añade su uso como saborizante de bebidas de alta graduación alcohólica (champagne, bebidas blancas). Esto también lo hacen para soportar más el consumo de alcohol, disminuir la sensación de borrachera, son “borrachos despiertos” por efecto de la cafeína.

¿Qué efectos provocan en el organismo?

No se puede establecer a ciencia cierta ya que, si bien están reguladas por la ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica) como suplementos dietarios, no se consumen como tales. Se sabe que el más importante de sus componentes es la cafeína pero también tienen agregados como hidratos de carbono (azúcar), guaraná, taurina, aminoácidos, vitaminas, ginseng…

El efecto más fuerte es el de la cafeína porque está en altas concentraciones. Una lata equivale a tomarse tres o cuatro cafés y, por lo general, no se toma una lata sola. El guaraná también tiene cafeína, entonces, en las bebidas que además de declarar que tienen cafeína están suplementadas con guaraná, su dosis es aún mayor.

De por sí tienen un efecto diurético que se manifiesta horas después del consumo, con riesgo de deshidratación. También, al tener mucho azúcar y ser bebidas muy calóricas, favorecen el aumento de peso, una de las grandes preocupaciones en los chicos y adolescentes. La cafeína produce un efecto despertador pero se asocia también con taquicardia, hipertensión, ansiedad, irritabilidad y, en altas concentraciones, con falla cardíaca.

¿Qué sucede cuando se mezclan con alcohol?

Nunca deberían mezclarse ya que el alcohol es un depresor del sistema nervioso central mientras que las bebidas energizantes son un estimulante y su consumo combinado produce ambos efectos, una especie de borrachera atenuada, lo que no implica que la toxicidad del alcohol desaparezca, lo cual favorece un mayor consumo. De ahí que su combinación pueda ser tan peligrosa, se rebajan las bebidas pero con otra sustancia que tiene riesgo de toxicidad.

¿Qué sucede en el contexto de la previa?

Estas bebidas aparecen entre un batallón de bebidas alcohólicas que varían mucho según la moda y los sectores sociales. Ese es un momento de gran ingesta de alcohol y nada de comidas en un corto tiempo para, después, ir al boliche.

Estudios científicos indican que quienes consumen estas bebidas se exponen mucho más al consumo de marihuana o a potenciar el consumo de alcohol, pudiendo manifestar más violencia, siendo víctima o victimario de abuso sexual, incluso exponerse a accidentes de tránsito por conducir intoxicado o ser pasajero de un vehículo conducido por alguien intoxicado.

¿Cuál es la forma en que trabajan este tema en el consultorio con los adolescentes?

En el espacio de la consulta, buscamos estimular que el joven llegue a conocer los riesgos que implican estos consumos. No podemos prohibirles o dejar de comprarles tal o cual cosa, no corresponde a nuestro rol como médicos.

¿Y a los padres qué se les dice?

Que tampoco son bebidas que sean buenas para ellos más allá de un consumo puntual, pero nunca habitual, como si fueran gaseosas. Asimismo, la prohibición no es el camino. La adolescencia es una etapa donde hay que negociar, con los hijos, con los pacientes. Y negociar no significa un fracaso, sino que es una estrategia diferente. Porque al tratar de imponer el consumo se puede dar en otro ámbito. La confrontación tampoco es buena porque fomenta el deseo o la tentación en el chico.

¿Cómo uno puede desaconsejar algo que es de venta libre y en apariencia inofensivo?

Es un desafío, dado que la publicidad asocia su consumo a deportistas ganadores, exitosos, a sensación de bienestar. Pero las fórmulas de estas bebidas, incluso también de muchas gaseosas, son desconocidas en su proporción, son fórmulas “secretas”. Y en este contexto de poca información no es recomendable el consumo habitual.

Además no todo lo que se publicita es bueno, los comerciales son engañosos y claramente apuntan a los jóvenes porque son, en gran medida, los que definen la compra familiar, no sólo de alimentos de consumo sino de tecnología, electrodomésticos, etc. La sociedad actual promueve mucho el consumo de alcohol, está aceptado, el desafío es encontrar un equilibrio, informar para poder elegir con más libertad pero evitando la prohibición.

Fuente: Hospital Italiano


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