¿QUE SERIA DE NOSOTROS SIN PEDRO?

por: MARTIN VALBUENA

Quedaríamos huérfanos si este contador de historias nos abandonara. Ni pensarlo. Repasemos su obra para saber por qué es importante que siempre vuelva.

Su primera película, «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón»(1980), favoreció una libertad creadora desconocida en esa época en España. El innovador estilo del cineasta causó sensación y convirtió el filme en película de culto. «Cuando una película tiene pocos defectos es una película defectuosa pero, cuando tiene muchos, esos defectos crean un estilo», decía un Almodóvar más que elocuente.

Su infancia en una familia humilde transcurrió en la aldea agrícola de La Mancha, donde los animales y las charlas entre comadres y vecinas influenciaron sus posteriores invenciones. Luego, viviendo en Madrid trabajó como extra en teatro y cine, escribió fotonovelas e hizo cortos en súper 8 que, por su tono, ya sorprendían a espectadores y amigos.

Sus inicios en el mundo del cine fueron inspirados por Andy Warhol, la New Wave, Buñuel, el melodrama y los seriales americanos, creando un estilo revulsivo y de particular coherencia. Si los autores anteriormente citados fueron producto de una guerra, Almodóvar es fruto de la posguerra y del franquismo, causa fundamental de que su cine sea éste y no otro. Todas estas influencias fueron creando un estilo propio, y de los géneros preexistentes fue generando su poética. Las relaciones íntimas entre las personas son el tema central de sus filmes y el amor en todas sus formas funciona como el leit motiv de cualquiera de sus personajes.

Gran conocedor de la noche y de una sociedad madrileña empañada de vicios y exageraciones, sus películas están pobladas de desesperación y ternura, de excesos, de amores no correspondidos, de obsesiones, de posesión y muerte, de pasiones desgarradoras y de travestis y masoquistas que se entremezclan para recorrer juntos el camino que el destino les ha preparado. Es indiscutible la capacidad de Almodóvar para idear y manejar con soltura semejante carga emotiva.

En sus películas, las historias van desarrollando varios ejes que giran alrededor de uno principal.

Esta tendencia a desviar el tema central hace que se multiplique y enriquezca el argumento. Evidentemente, produce estos respiros visuales para soportar la crudeza de algunos pasajes. En su mundo pictórico, la realidad se condimenta con la psicodelia y las puestas posmodernistas.

Los planos grandes devenidos en planos detalles que simbolizan generalidades lo convierten en un gran efectista. Esto, al igual que la estética pop, el cómic y su personal e inclasificable narrativa, ha hecho que como director controle todo lo relacionado con los decorados, la música, la iluminación, el vestuario y el maquillaje. Almodóvar es un gran creador de atmósferas simbólicas y se caracteriza por la fatalidad con que refleja la existencia.

Las contradicciones que sus personajes componen pueden convencer de la humanidad del asesino a cualquiera. No por nada en sus películas los rebeldes tienen causa. Así teje universos de interrelaciones donde los actores van pasando por las mismas situaciones que los otros fueron dejando, creando la idea de que en la vida lo único que se puede comprobar a ciencia cierta es ese ciclo por el que, inevitablemente, todos transcurrimos.

Notas asociadas: Gracias a Dios, Almodóvar siempre vuelve  

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