Recordando a las “malditas” AFJP

A fines de marzo pasado –con la regularidad y transparencia propias de los países serios y sin cifras distorsionadas para favorecer el “exitismo” oficial– se conoció la situación de las AFP chilenas, esto es, de las entidades que son lo que entre nosotros fueron hasta no hace mucho las AFJP, hasta que el Estado nacional, en noviembre del 2008, se apoderó de ellas y las incorporó al sistema jubilatorio oficial, el de la Anses. Esta movida autoritaria, sumamente cuestionable desde el punto de vista legal y de la seguridad jurídica, supuso un instantáneo aumento de los ingresos fiscales del 1,7% del PBI. Como consecuencia, las contribuciones de los anteriores aportantes a las AFJP, así como los intereses de los bonos públicos que ellas que tenían en sus carteras, ya no se capitalizan sino que se gastan. Las AFP chilenas son entidades privadas que –sujetas al control del Estado– canalizan el ahorro de la gente en un esquema previsional competitivo, en procura de asegurar su futuro. Obviamente, ellas enfrentaron, como todos, las duras consecuencias de la profunda recesión internacional de 2008/2009, con la consiguiente caída dramática de los precios de los bonos, títulos y acciones que tenían en sus respectivas carteras. Cuando la crisis explotó, los enemigos de este sistema privado auguraron que las AFP chilenas no podrían salir airosas de esa emergencia. Se equivocaron, sin embargo. De medio a medio. Con los mercados ya relativamente recuperados, la rentabilidad de las AFP chilenas creció sana y notoriamente. La renta real (ajustada por inflación) de los multifondos que ellas administran ha sido espectacular. En las opciones con mayor rentabilidad, en los últimos dos años, las AFP chilenas obtuvieron retornos reales anualizados parejos y sólidos que van desde un máximo del 25,3% a un mínimo del 23,2%. Por ello, en esos mismos fondos, la rentabilidad –ajustada por inflación– de las AFP chilenas para los últimos cinco años (incluyendo entonces el período de crisis) va de un máximo del 3,5% real anual a un mínimo del 2,5% real anual, lo que es para aplaudir. En las alternativas de inversión de corte algo más prudente –que cada uno puede elegir– que tienen por ende una mayor exposición a títulos de “renta fija”, los resultados reales de las AFP chilenas del último quinquenio ponderado fueron aún mejores: variaron entre un máximo del 4,7% y un mínimo del 3,6% real anual dependiendo del éxito obtenido en la respectiva entidad privada inversora. Para los dos últimos años los retornos variaron entre un máximo anual real del 5,7% y un mínimo del 4%. El sistema –queda visto– funciona y es capaz de domar crisis generalizadas de la entidad de la del 2008/2009. Toda una comprobación, más allá de las declamaciones políticas. Esto supone, además, un mecanismo de generación de crédito interno que permite a Chile ser mucho menos vulnerable cuando los mercados de capitales internacionales, de pronto, afectados por las crisis, se achican o secan. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional

GUSTAVO CHOPITEA (*)


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