Reveladora biografía de «Madame Mao»
Ascenso y caída de una mujer tuvo todo el poder y fue borrada de la historia oficial.
Jiang Qing ha sido virtualmente olvidada. Aquella poderosa esposa de Mao Zedong, propulsora de la Revolución Cultural, cayó en desgracia después de la muerte de su marido y los vientos modernizadores terminaron con ella y los dirigentes ultraizquierdistas de la denominada «Banda de los cuatro» en una cárcel, hasta su muerte.
En la China actual que Mao o su esposa no reconocerían, sin guardias rojos, sin trajes militares, con celulares y automóviles importados, su nombre ha sido borrado de la historia oficial, excepto para culparla, aún hoy, de los excesos de la Revolución Cultural.
Su compatriota Anchee Min, nacida en Sanghai en 1957 y radicada en los Estados Unidos desde 1984, intimó con la esposa de Mao durante años, cuando fue destinada a un estudio cinematográfico, desde donde Jiang Qing, ex actriz, controlaba las iniciativas artísticas del gobierno maoísta.
Min es autora de la completa biografía de Jiang Qing titulada «Madame Mao», recientemente editada en la Argentina por Mondadori. Previamente escribió el libro de memorias «La azalea roja», que mereció exitosas críticas internacionales.
«Madame Mao» comienza en 1919 en la provincia china de Zhandong, donde la futura mujer del líder revolucionaria nació en el marco de una sociedad feudal, donde las mujeres eran despreciadas y su destino era «ser pisoteadas como el pasto», según le advertía su madre, que le infligió a los cuatro años la tortura de vendar sus pies para que no le crecieran, pues era un signo de elegancia apreciado en las adolescentes casamenteras. Aquel dolor de los pies vendados perduraría por décadas y se reflejaría en «La mujer del destacamento rojo» y «La muchacha del cabello blanco», óperas y ballets escritos por Jiang Qing y que durante la presidencia de Mao, eran exhibidos con profusión en los teatros oficiales. Pero Jiang Qing no era una campesina de pies vendados. Su padre fue un comerciante próspero, dedicado a la carpintería, aunque borracho y que golpeaba habitualmente a madre e hija. Desde el poder, la mujer de Mao presentará a su progenitor como un proletario, para reforzar su propia imagen revolucionaria.
El libro de Min avanza a través del apogeo y la decadencia de «Madame Mao». Será repudiada en la cárcel por su propia hija cuando le pide que escriba su biografía para que pueda responder a las tropelías que le adjudica el régimen de los gerontes posmao. «Como dijo padre, «has cavado tantas tumbas que no tienes suficiente cuerpos con que llenarlas!», le gritaría su hija Nah, en 1991, cuando ya transcurrirán quince años de su arresto.
La decadencia política de aquella mujer acusada de extremista por los jerarcas que abrieron China al mercado, había comenzado antes, en vida de su esposo, aunque disimulada por la personalidad de su marido, que moriría sin que nadie cuestionara sus decisiones. Habría tiempo, después, para «revisar» el pasado sin bajar a Mao del pedestal.
Muerto Mao, Jiang Qing sería el incómodo icono de un pasado signado por la lucha de clases y la revolución permanente contra el revisionismo pregonada por el maoísmo en los tiempos furiosos de la Revolución Cultural. Pero tal ejercicio revolucionario a contramano de las «modernizaciones» terminaría por debilitar su vinculación política con las bases del partido, con aquellos millones de hinos también agotados por las turbulencias políticas que se devoraban a sus dirigentes ante el menor desvío de la línea trazada desde el poder.
Arrestada en octubre de 1976, un mes después de la muerte de su esposo, todavía era temida por mariscales y generales. Pero ni la chaqueta Mao que vestía como si fuese un símbolo religioso, la salvaría de la humillación de bordar muñecas en la cárcel y de la muerte a los 77 años, sin que nadie intentara reivindicarla. (DyN).
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