Rodrigo trajo el cuarteto casi desde la cuna y llegó a la fama a los 25

Una multitud fue a la despedida en Lanús

En una rara coincidencia con el 65 aniversario de la muerte de Carlos Gardel, Rodrigo Bueno falleció el mismo día, a los 27 años de edad, tras una vida ligada a la música, al cuarteto, su pasión.

En sus primeros pasos, Rodrigo tuvo como música de cuna la del popular cuarteto. En su casa eran fanáticos del «Cuarteto de Oro», «Berna» y «La leo».

La música siempre fue fundamental en la vida de los Bueno. Su madre Beatriz era amiga de Carlos «La Mona» Jiménez y siempre lo llevaba a Rodrigo a los bailes del popular cantante.

El debut de Rodrigo fue con el grupo Chébere a los once años. Rodrigo iba a los bailes y cuando lo veían entre el público lo hacía subir para cantar con ellos.

A raíz de su vocación, Rodrigo abandonó en forma temprana la escuela primaria, cuando estaba en séptimo grado. El motivo fue un casting musical al que concurrió acompañado por un amigo y, la excusa del futuro cantante fue que se sentía descompuesto y se retiró.

Y Rodrigo nunca más volvió porque fue elegido por el grupo «Manto negro», trabajo por el que cobró su primer sueldo.

La primera canción que escribió Rodrigo se llamó «La foto de tu cuerpo» cuando tenía 15 años, tema que se convirtió en título del primer álbum discográfico.

El cantante cordobés buscó su futuro en Capital Federal, y es en esta ciudad donde compone «Aprendiendo a vivir» (1988), nuevo disco que lo llevó a su primera aparición televisiva donde provocó el primer delirio del público.

Rodrigo «El Potro» Bueno, nacido el 24 de mayo de 1973, tenía 27 años, era soltero, manifiesto hincha de Belgrano de Córdoba y entre gustos figuraban el color celeste, la ropa informal, el filme «Star Wars» -amante de la ciencia ficción-, y admiraba a Marilyn Monroe.

A pesar de ser cantante, Rodrigo tenia por hobby boxear, es por eso que sus últimos shows en el Luna Park se basaron en una supuesta pelea y salía vestido de boxeador.

Entre sus cantantes preferidos Rodrigo admiraba a Carlos «La Mona» Jiménez y cumplió con uno de sus deseos al conocer parte de los Estados Unidos, en particular, Las Vegas.

El 5 de abril de 1991 Rodrigo subió por primera vez al escenario del local «Fantástico». Un año después grabó un video clip con Marixa Balli, con quien tuvo un efímero romance.

Como cantante Rodrigo incursionó en otros ritmos como la salsa y el merengue y a su discografía sumó «Muy Bueno» (1992), «Completamente enamorado» (1994), «Lo mejor del amor» (1996), «La leyenda continúa» (1998), «Cuarteteando» (1999) y «A 2000, Cuarteto Característico Rodrigo» (1999).

El éxito de Rodrigo le llegó con «Lo mejor del amor» (1996), un disco que lo convirtió en uno de los artistas importantes de la movida tropical.

El fue uno de los precursores en imponer la música cuartetera en Buenos Aires -prácticamente su triunfo en este ritmo llego en esta ciudad y no en su Córdoba natal-, ritmo que impuso entre los porteños.

Por último, Rodrigo reconocía siempre en sus notas: «creo que no soy un buen cantante, pero cuento historias. Hago participar a la gente de mis canciones. Tampoco hablo de banalidades».

«Quiero dejar un mensaje, transmitir el testimonio de las personas para que se conozca su historia. Soy un tipo que está atento a lo que pasa. Hablo de temas tabúes y a los que nadie se anima a contar», confesó alguna vez.

En una de las respuestas que el cantante daba a preguntas que la mayoría de los mortales se hace en algún momento de su vida, como «¿cuál es el colmo de la felicidad?», cierta vez respondió: «que se acabe».

Sobre el día que dejara la música y dónde iba vivir, dijo que «el día que abandone todo, me muero. Sin esto no podría vivir. Aunque mi lugar preferido para instalarme es Córdoba, donde viví siempre». (DyN)

Un paso fugaz por la región, sin saludo y sin reencuentro con sus «fans»

El fenómeno Rodrigo no tuvo límites geográficos en el país. En cada lugar sus temas musicales llegaron muy profundo en un amplio sector de seguidores que no sólo cantó sus canciones en los recitales, sino que las hizo propias en la calle, el trabajo o hasta en un taxi. Fue así y no merece ninguna discusión.

La región no fue ajena a este fenómeno y un simple sondeo por las disquerías permitió ayer conocer que también en Neuquén y Río Negro las ventas de sus éxitos fue «óptima», según coincidieron varios comerciantes, quienes al mismo tiempo aventuraron que con Rodrigo pasará lo que ocurrió con Gilda, «después de muerta se vendió mucho más».

Pero su paso no fue de los mejores por el Alto Valle. En una misma noche se presentó en Roca y Neuquén, casi fugazmente. En Las Palmas cantó apenas media hora y se fue, no saludó al subir al escenario y estuvo muy parco. Sus seguidores no quedaron para nada conformes.

A los pocos minutos llegó a Neuquén. Cantó tres temas y cayó una botella en el escenario. Eso fue motivo suficiente para que se fuera y allí concluyera su presentación. Todos quedaron muy enojados y tal vez por esos días las críticas eran impiadosas para con él.

Al llegar a Buenos Aires habría dicho que volvería a la región sólo cuando la gente se sacara la pluma. Eso fue muy duro, a tal punto que en días posteriores, hasta algunos seguidores silbaban cuando escuchaban sus temas en los boliches. Pero duró poco y después todos volvieron a admirar su música.

Después se supo que el propio cantante cordobés había negado tales afirmaciones.

Ariel Osés, conductor de un programa de 5 horas diarias y a la vez animador de Las Palmas, relató ayer que «nunca su música dejó de provocar locura entre su gente. Poner un tema de Rodrigo en el boliche o en la radio fue generar locura y pasión. Y pese a sus declaraciones la gente no dejó de seguirlo».

Más adelante dijo que «salvando las distancias, ocurría con él algo parecido a lo que pasa con Maradona. Seguían al cantante, no a la persona, no al Rodrigo que pasó por la región ni al que llegó sin saludar».

Tal vez por esos privilegios que sólo tienen los ídolos, los fans sólo vieron en Rodrigo a un cantante que los hacía olvidar por un rato de la realidad. Y en este sentido, algunos hasta advierten que «Rodrigo canta mal, pero es del pueblo, loco, otros cantan mal y encima no bajan a los barrios ni recorren el país con su música».

El empresario Pedro Nardanone, admitió ayer que tener a Rodrigo en el escenario era sonónimo de éxito. «En la zona estuvo en el último recital antes de ir al Luna Park. Fue muchísima gente a verlo en Regina, Roca y Neuquén, era muy taquillero y sobre el escenario un dandy».

Frente a El Monumental de Neuquén tuvieron que hacer una misa ayer porque los fans querían rendirle un homenaje. Anoche en la jornada habitual del boliche se iba a realizar un trabajo especial dedicado al cuartetero.

Y no hubo oportunidad de un reencuentro con el público de la región, aunque siguieron mimándolo.


En una rara coincidencia con el 65 aniversario de la muerte de Carlos Gardel, Rodrigo Bueno falleció el mismo día, a los 27 años de edad, tras una vida ligada a la música, al cuarteto, su pasión.

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