Don Escales, su molino solidario y la osada lucha por el riego para Guerrico

Llegado desde Argelia, para muchos fue el primer productor de la Colonia General Roca. Conocedor de la realidad zonal, uno de los pocos que no se fue cuando nada funcionaba, compartió con Alejandro Stefenelli la batalla por el agua para los incipientes cultivos. Hoy una calle lo homenajea porque su legado fue grande, como sus convicciones.

Por Melina Ortiz Campos

«El único futuro es trabajar la tierra», le respondió contundente Escales nada menos que a Patricio Piñeiro Sorondo. El influyente personaje, hoy considerado el impulsor de la fundación de Allen, había llegado a visitarlo, representando a las autoridades nacionales, específicamente, a la Dirección de Tierras y Colonias. Y se encontró cara a cara con un productor experimentado, palabra autorizada, unos de los pocos que sobrevivió al Guerrico de 1880 – 1890, incluso tras la gran inundación de 1899. 

La charla fue recreada, algo de ficción con mucho de realidad, en una obra histórica que escribió el Museo de Allen y personificó el elenco del Teatro Esquilo en 2025. José recibió a Piñeiro Sorondo en su propia chacra y la tensión estaba a la vista: Escales conocía demasiado, lamentablemente, de las demoras y falencias provenientes de Buenos Aires, cuando se trataba de pedidos de inversiones para un Valle que luchaba a solas por ser fértil.

Martín Schömberger recreó las convicciones de José, en una obra de Teatro Esquilo y el Museo. Foto: Gentileza.

Con Roca como único centro poblado más próximo, ni Allen, ni la estación ferroviaria de Guerrico existían cuando Don José llegó a la región. Corría el mes de noviembre de 1887 y él junto su esposa Josefa Amorós y varios hijos habían viajado 10 mil kilómetros desde la antigua ciudad de Orán, actual territorio africano de Argelia, para llegar a Buenos Aires en 1884. Desde ahí, años después, pasaron a la Patagonia. 

Venían de un sitio que se había convertido en colonia francesa después de tres siglos de dominio español, así que con esa diversidad cultural a cuestas, pusieron manos a la obra con la promesa de 100 hectáreas de tierra, bueyes y herramientas. Dicen los archivos que les tocó el lote 73, en lo que por entonces era llamado el “paraje Huaiquinelo” por los pobladores originarios, por la presencia natural de sauces.

“En 1887 se encuentra en la documentación oficial de la Colonia a dos pioneros reconocidos por la historia local: José Escales y Roque Galarce, instalados en el lote 73 y en el lote 80 respectivamente”, describió la investigación histórica de la profesora Graciela Vega, para el sitio Proyecto Allen. El protagonista de esta nota, con su vecino afrodescendiente, “tenían plantadas, hacia fines de siglo, varias hectáreas de alfalfa, algunas con hortalizas, legumbres y frutales”.

Mucha voluntad, poca agua 


De los pocos que habían cumplido los requisitos legales para la posesión de la tierra, al cultivar y ocuparlas, no regenteándolas a distancia desde la cómoda capital, este inmigrante de 38 años integraba con los suyos las primeras 28 unidades de producción en la colonia General Roca, creada en 1883 y abastecida con el incipiente Canal de los Milicos (1885), previo al sistema que llegó después con el dique Ballester (1910). 

La voluntad era mucha, pero pronto Escales se vio batallando con las irregularidades en el caudal, el mal estado del cauce, la falta de limpieza y el incumplimiento del Reglamento, cuando algún chacarero de mayor producción absorbía toda el agua para sus sembrados. El propio constructor de la obra, Hilarión Furque, convertido en jefe de Irrigación, aparece en los registros del Archivo de la Provincia planteando incluso la falta de respaldo de la policía territoriana para hacer cumplir la normativa. 

Ese panorama fue el que conectó a Escales con el sacerdote Alejandro Stefenelli, que lo conoció en su primer viaje al Alto Valle, cuando recorrió cada propiedad y empezó a dimensionar el potencial agrícola que tenía la región. Para ese entonces, los cercos vivos de álamos “Carolina” estaban recién creciendo, el salesiano buscaba apoyo del Congreso nacional para habilitar su Escuela Primaria Agrícola y Escales se las había ingeniado para cosechar trigo, avanzar con la alfalfa e hidratar algo de viña. Con esa misma determinación se dispusieron también a integrar las comisiones y presentar reclamos ante Nación para que llegara al fin la solución para tanta tierra, que pasaba de estar sedienta, a verse arrasada por las crecidas del río Negro. 

Apoyo mutuo 


En el medio, el intercambio con los vecinos que subsistieron, aunque abundaran las distancias, era lo que les permitía sobrellevar en grupo las dificultades. Por eso el repaso de la docente Mercedes Amieva, integrante de la Asociación Museo Municipal de Allen, habla de la solidaridad de José, que había construido un molino para procesar el trigo que cosechaba y también para que otras familias chacareras pudieran usarlo, cuando no había almacenes ni panaderías cerca para abastecerse. 

Según el Libro Histórico de la Escuela Rural N° 27, esta ayuda fue construida en 1898, pero la inundación de 1899 la destruyó. Aún así Escales logró recuperarla, contó Amieva en su libro “Por las calles de Allen”. 

Vino blanco semillón


Foto: Archivo RN.

Con el paso del tiempo y avanzadas las ventajas del gran dique, las tierras de José pasaron a llamarse “Establecimiento La Valenciana”, sitio que se publicitó en la Guía del Pueblo y Colonia Roca del año 1911, según rescató Eduardo Mutchinik para una nota que guarda el Archivo de RÍO NEGRO. 

Definida como “una quinta cultivada por el mismo propietario que es ‘agricultor práctico’”, ofrecían frutos, alfalfa y “uvas de primera calidad para postres y vinos”. En consonancia con esa producción, un año después, en 1912, una publicación del médico francés Jorge Doleris titulada “El Nilo Argentino” hablaría de las bondades de la bodega que pudo visitar en las tierras de José. 

Invitado nada menos que por el presidente Roque Sánz Peña y ya con las facilidades del tendido ferroviario, el visitante había recorrido el valle y la confluencia. En la zona de Guerrico, mientras Allen comenzaba a urbanizarse, probó “un vino blanco semillón”, bautizado por Escales como “Moscato de Lunel”. “Poseía unas 15 hectáreas de viña conducida en forma libre, tipo vaso o ‘gobelet’, entre las que se destacaban las variedades: Pinot Noir, Semillón, Morrastel (que es el cepaje Graciano o Graciana) y Cabernet-Sauvignon, entre otras”, explicó Federico Witkowski en su sitio “Afiches de Bordelesas de vino de la Patagonia Norte”.

«Llegamos a ‘La Valenciana’ para pasar una tarde soleada… el patio de la Estancia es solitario, todo rodeado de álamos de la Carolina, de sauces enormes (…) Entramos en la huerta donde encontramos al buen hombre», narró Doleris. El pionero ya no era el jefe de familia de 40 y tantos, sino un productor que ya rondaba los 60. «Magro, seco, sólido, un poco taciturno pero igualmente afable, aunque con un asomo de mal humor», agregó el observador. Rodeado de nuevos ‘recién llegados’ en un escenario que seguía cambiando, Escales veía cómo ‘ranchos y estancias’ se elevaban en el vecindario«, ahora que el dique y los canales avanzaban hasta el Valle Medio. 

Homenaje y coincidencia


Décadas después y aunque José partió a los 76 años, el 26 de julio de 1925, la primera Edición de la Guía del Territorio Nacional de Río Negro 1951 – 1952 todavía mencionaba como existente a la bodega de la viuda, señal de que la actividad siguió arraigada en la familia. 

Hoy los descendientes de ese matrimonio de primeros pobladores que llegaron desde Argelia hace 142 años, siguen tan presentes en la comunidad allense como lo hizo el tatarabuelo José. Escales fue el apellido de la novia en el primer matrimonio que se celebró en la localidad, el 14 de febrero de 1914, cuando Ana, hija de 20 años de José y Josefa, se casó con Manuel Honrado, tal como atesora uno de los libros históricos de la Escuela 23. Y Escales también fue el apellido de algunos de los alumnos más antiguos del Colegio San Miguel, según afirmó Jaime Belli, escritor de la reseña sobre la vida de Stefenelli. 

En reconocimiento a tanta trayectoria, una calle troncal de la zona Norte de Allen lleva su nombre, junto a los de varios vecinos de aquellos años. Escenario de quintas hoy desaparecidas, ese barrio casualmente guarda una coincidencia con la lucha de Escales: allí también tuvieron que luchar con perseverancia por el bendito líquido elemento, el anhelado servicio de riego. 

Sentada, Eugenia, una de las hijas de José Escales, junto a varios de los 14 nietos que le dio. Foto: Gentileza Proyecto Allen,

"El único futuro es trabajar la tierra", le respondió contundente Escales nada menos que a Patricio Piñeiro Sorondo. El influyente personaje, hoy considerado el impulsor de la fundación de Allen, había llegado a visitarlo, representando a las autoridades nacionales, específicamente, a la Dirección de Tierras y Colonias. Y se encontró cara a cara con un productor experimentado, palabra autorizada, unos de los pocos que sobrevivió al Guerrico de 1880 - 1890, incluso tras la gran inundación de 1899. 

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