Santaolalla: historias de un ilustre (des)conocido

Todos conocemos a Gustavo Santaolalla. ¿Todos conocemos a Gustavo Santaolalla? Nosotros creemos que sí, el cree que no. Y creo, tiene razón. A sus 66 años, decidió, por primera vez, dejar de mirar de reojo el espejo retrovisor de su vida artística y darse vuelta para clavarle la mirada a una obra tan grande como influyente. Y cayó en la cuenta de que nunca la había tocado en vivo. Su conclusión fue evidente: esas canciones merecían una reivindicación.
Entonces las reunión en un disco, “Raconto” (2017), y las sacó a pasear por los escenarios del país y el mundo con “Desandando el camino”, la gira que lo trajo aquel año a la región y que hace un par de semanas cerró donde la había comenzado: el Teatro Colón.

Santaolalla en Artec.


Hace una semana, Gustavo Santaolalla llegó a Roca, invitado por el IUPA para participar de Artec, el primer encuentro de arte y tecnología de la Patagonia, que se desarrolló entre el lunes y el viernes pasados. Ese lunes al mediodía, antes de partir rumbo a Fundación Cultural Patagonia, donde se desarrolló el evento, el músico y productor nos recibió en una sala del hotel donde se hospedaba. No quiso hablar de nada que tenga que ver con lo que diría un par de horas después sobre arte y tecnología. Entonces hablamos de por qué fue un músico que sentía la necesidad de reivindicarse junto a sus canciones, él, que había ganado dos premios Oscar, en 2006 y 2007, por las bandas de sonido de “Babel” y “Secreto en la montaña”, sólo por mencionar algunas de las decenas de premios.
“Lo hice porque tenía la necesidad de hacerlo y sin saber qué iba a pasar”, dice Santaolalla acerca de su obra, revisitada en vivo durante los últimos dos años. “Es muy raro, soy un tipo de 68 años tocando temas que son de hace 40 años”, sostiene. Y sí, es raro.

Santaolalla (segundo desde la izquierda) en tiempos de Arco Iris.


La gira “Desandando el camino” fue un éxito de principio a fin. ¿Por qué? Por “la curiosidad de la gente de saber de qué se trataba mi obra”, responde Santaolalla, quien dirá más de una vez que hay “un carácter reivindicatorio” en todo eso, no sólo para sus canciones, sino también para sí mismo como músico y compositor, pero sobre todo como protagonista principal de lo que llamamos rock argentino.
“Siempre fui medio aislado, en parte por responsabilidad mía porque Arco Iris era un grupo que se automarginaba por su forma de vida, disciplina. No socializaba con el mundo del rock. Pero somos de la misma camada de Almendra y Manal. Vox Dei también”, resume Santaolalla.

Gustavo y León, de Usuhaia a La Quiaca.

Originarios de El Palomar, conurbano occidental, Santaolalla cree que la geografía también los aisló: “Creo también que porque nosotros estábamos fuera del círculo de la Capital, de donde eran Manal y Almendra, quedamos un poco afuera, más nuestro autoexilio”, insiste. “Considero que fuimos una banda fundacional. Musicalmente también fuimos distintos a las demás bandas porque había una búsqueda consciente sobre la identidad. Hay todo un repertorio que, con mi partida a Estados Unidos y con el hecho que nunca me presenté en vivo, fueron quedando al margen”.

Formada en 1968, Arco Iris le aportó al naciente rock argentino un misticismo y sobre todo la idea de fusión del rock con ritmos folclóricos. Tras editar seis discos y un hitazo, “Mañana campestre”, en 1975 Santaolalla dejó la banda para formar Soluna, junto a un jovensísimo Alejandro Lerner. En el 78 se radica en Los Ángeles, donde se convierte en un artista multiplataforma que amplía su obra de manera exponencial y sin embargo la diluye al punto de convertir a Santaolalla en un artista desconocido.

“Tengo que hacer algo al respecto, además creo que se lo merecían las canciones”, vuelve a decir. “Muchas de ellas”, dice Santaolalla sobre sus canciones, “creo que están bastante buenas. No soy un tipo que mira para atrás, nunca. Pero cada vez que miraba para atrás decía ‘loco, todo lo que hay hecho’. Siento como una reivindicación dentro de un lugar en la escena del rock argentino y latino, del rock en nuestro idioma que la obra merecía tener”.
Aunque insista en que nadie conocía su obra, desandando “Raconto” asoma un cancionero reconocible y no sólo por “Mañana campestre”. “Ando rodando”, “Todo vale”, “Sudamérica”, “Paraíso sideral” tiene su genética. Santaolalla ya piensa en “Raconto 2” y ahí sí quizás entremos en el Santaolalla profundo. Habrá canciones de Soluna, ausentes en “Raconto” y mucha música que no sólo nunca tocó en vivo: ni siquiera la grabó
A Santaolalla le gusta meterse en su obra. “Como no son canciones que toqué miles de veces es una situación muy rara. Pensá que el 90 por ciento de la gente que va al show no conoce los temas”, vuelve a decir. “Vienen a ver a Santaolalla, quién es Santaolalla”.

“Para mi tienen un nivel de frescura total”, afirma sobre las canciones revisitadas, a pesar de tener 30 o 40 años. “Es muy raro, soy un tipo de 68 años tocando temas que son de otro momentos, viejos en ese sentido. Pero que en lo sonoro y compositivo son modernos, loco”, se entusiasma.
Santaolalla es un artista de múltiples entradas. El del cancionero setentista, el productor de “De Ushuaia a La Quiaca” junto a León Gieco y de decenas de bandas argentinas y de toda Latinoamérica en los 90, el creador de proyectos innovadores como Bajofondo, el compositor de música de películas de Hollywood, el músico para videogames … y así.

“Muchos chicos conocen las canciones del videogame y se acercan a mi obra por ese lado, otros conocen lo que hice con las películas”, resume. Hace seis años, Santaolalla fue convocado para musicalizar “The Last of Us”, uno de los juegos más populares de la industria. Y lo hizo con un ronroco, acaso el instrumento que mejor resuma el sonido Santaolalla de los últimos veinte años.
Una de las razones por las Santaolalla desatendió sus propias canciones durante años fue su trabajo como productor. Pero decirlo así es no decir mucho. Santaolalla fue el fuego que encendió la mecha del reinventado rock latino que explotó en los 90. Bandas como Molotov, Bersuit, Arbol, Babasónicos, Julieta Venegas, Café Tacvba, La Vela Puerca (siguen las firmas) no sería lo que fueron sin el trabajo de Santaolalla en las consolas.

¿Cómo se convirtió en productor? Santaolalla sostiene que ese rol estaba desde el principio en él. “Mi carrera como artista y como productor nacen simultáneamente. El primer álbum de Arco Iris fue producido por mi, año 1969. Yo tenía 18 años. Siempre me interesó saber quiénes eran los productores de los discos que me gustaban. Y me preguntaba qué hacía el productor. Entonces supe que trabajaba en las estructuras de las canciones, en cómo grabarlas, crear el ambiente para que eso ocurra y que yo llamo el arte de hacer discos”.

Eric Clapton convocó a Santaolalla para que musicalice su propia biografía documental.

Santaolalla tuvo una virtud que lo caracterizó como productor decisivo para la rica pero caótica escena latina: meterse en los universos de las bandas y ordenar sus universos sonoros. “Una anécdota”, avisa Santaolalla para explicarse: Una noche, llevé a un altísimo ejecutivo de Universal al Mucambo de Haedo, un clubcito icónico del mundo del rock del oeste, a ver a Árbol cuando recién los estábamos firmando con la compañía. El sonido era un desastre, Edu Schmidt rompió un violín, lo piso. El tipo miraba con una cara, imaginate. Y recuerdo que le dije: ‘Yo, detrás de todo este ruido, escucho música. Quédese tranquilo’ (risas). Con Árbol llegamos después a disco de platino”.
Antes de irse, Santaolalla anuncia que en breve editará un disco nuevo con Bajofondo: “Un álbum donde exploramos la psicodelia rioplatense”, anticipa. “Se hizo en base a improvisaciones que luego fuimos elaborando, temas largos de más de cinco minutos, bastante distinto a lo que ya hicimos”.


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