«¡Se me cayeron los panfletos!»

Nació en España, pero se formó en México.

ENTREVISTA

Y tanto se formó en México que su cara grande, mofletuda y adornada de mostachos gruesos podría bien pertenecer a los mexicanos que correteaban codo a codo con Pancho Villa o Emiliano Zapata en el intenso tiempo de la Revolución Mexicana.

O mofletudos y mostachos espesos montados en morochas máquinas de ferrocarril. Cruzando desiertos, llevando las banderas de aquel proceso generoso en derroche de colores y balazos.

Y esa corpulenta cara de Paco Ignacio Taibo -historiador, novelista polemista- aún produce el gesto de sorpresa que la ganó aquel día de octubre del 67 cuando se conoció la muerte del Che Guevara…

-Sí, sí. Iba caminando con una bolsa de pan… bollos cubriendo panfletos. Era en Ciudad de México. Panfletos que hacían al movimiento universitario, que comenzaba a moverse contra el PRI. Un año antes de la masacre de Tlatelolco. Y, de golpe, vía la portada de un diario, me entero de la muerte del Che… ¡me derrumbé! No podía moverme… se me cayó la bolsita… se abrió. Yo, paralizado. Los panfletos ahí, saliendo de su secreto traslado. ¡Cómo podía suceder esto!

Y ese jugar a pleno que fue la vida del Che sigue siendo prolijamente rastrillado por Paco Ignacio Taibo, descendiente de una genética definidamente republicana y antifascista que luchó contra Francisco Franco y pagó con vidas sus convicciones.

Tres libros y centenares de artículos en medios y revistas especializados en historia y sociología ha escrito a hoy Paco Ignacio Taibo sobre aquel argentino que es una marca -guste o no- con perfiles muy acentuados de la historia del continente.

En su sólida biografía sobre Emiliano Zapata, en uno de los tres trabajos sobre aquel protagonista de Sierra Maestra -«Vida y muerte de Ernesto Che Guevara» (más de 600 páginas)-, más allá de las coincidencias ideológicas que mantiene con él, Paco Ignacio Taibo lo aborda sin concesiones. De ese libro ha definido Paco Ignacio Taibo: «El mío no es un libro objetivo, pero traté, hasta lo más profundo, de no hacer una hagiografía, de no endulzar al personaje, de no descafeinar al Che. Por eso es que incluí también lo que encontré y no me gustó. Porque pienso que el Che no se merece una biografía endulzada y no la merezco yo ni la merecen los lectores».


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