Opinión Debates

Sierra Grande y las eternas promesas de desarrollo

La ciudad floreció con la mina de hierro de Hipasam, un proyecto desarrollista cerrado en los 90. Turismo, pesca, zona franca y una planta nuclear fueron chances fallidas. Una comunidad tan esperanzada como golpeada mira el proyecto de hidrógeno verde.

Fueron tantas las veces en las que Sierra Grande vibró al ritmo de las promesas que, aunque esta vez es mucho el entusiasmo, les cuesta creer que sea verdad.

Es que la novedad del hidrógeno verde, con la creación de una planta, obras anexas y la generación de miles de puestos de trabajo suena a gloria para los sierragrandenses, que, en los últimos años, se vieron golpeados por el desempleo que generó el nuevo cierre de la mina de hierro. Pero, acostumbrados a los mega anuncios que luego se disipan en nulas concreciones, les resulta difícil que la duda no reine.

En realidad, el pueblo floreció al calor de las grandes inversiones. Y sufrió, también, los embates de varios “cierres de ciclo”, que los dejaron en el punto de inicio. Por eso saben de cambios que, en un abrir y cerrar de ojos, pueden llevarlos al mejor de los estados. Pero también de la desazón que provoca la interrupción abrupta de las fuentes de empleo, que deja como consecuencia aumento de pobreza, emigración y familias rotas, entre otras. Y del sabor amargo de los anuncios vacíos, que despiertan ilusiones y se terminan derrumbando como castillos de naipes.

Hipasam en 1970: el duro trabajo en la mina

Pero… ¿cómo empezó todo? Quizá, como las cosas son tan particulares en esta localidad, se puede hablar de dos nacimientos.

El primero fue en 1890, cuando se produjo el primer asentamiento de apenas 128 personas, que vivían del ganado. Pero en 1945 comenzó a cambiar la historia, porque se produjo el hallazgo de los yacimientos de hierro. Y, a partir de 1969, Sierra Grande renació, con la creación de la firma Hipasam SA, que se instaló para explotar ese recurso. El lugar dio un giro y se abrió a una insospechada expansión productiva y comercial.

Ese florecimiento duró mucho. Hipasam, una firma creada por el Estado, durante más de 20 años se dedicó a la explotación del mineral. Por esos años en las entrañas del poblado surgió un mundo paralelo que tenía más vida, incluso, que la cara visible del lugar. La mina de hierro subterránea más grande de Sudamérica: 98 kilómetros de túneles a más de 414 metros de profundidad bullían de trabajo en esa época. Y todo vibraba a ese ritmo. A saber, la llegada de gente de todo el país, que venía en busca de empleo, a instalarse con lo puesto. También la infraestructura que montaba la empresa para alojar a ese personal. E incluso los empleados calificados, que llegaban de mucho más lejos, como Suecia y Canadá, para diversificar aún más el entramado social.

La población de Sierra Grande pasó de 402 personas en 1970 a 9.616 habitantes en 1980: 23 veces más.

Ésa primera historia tuvo un cierre repentino y brutal. Ocurrió en 1991, cuando, como suele pasarles a los sierragandeses, un anuncio nacional lo cambió todo. El gobierno del justicialista Carlos Menem estableció, por decreto, el cierre del emprendimiento minero. Las razones esgrimidas: a pesar de su abundancia, el hierro del yacimiento era de muy baja calidad, su producción deficitaria y sólo sobrevivivía gracias a un gigantesco subsidio estatal.

1989: monseñor Esteban Hesayne en una misa con obreros tras una marcha

Aún hoy los vecinos recuerdan con angustia ese momento, y le disputan a Cutral Co, en Neuquén, el triste título de ser cuna de los primeros piquetes, al rememorar los cortes y movilizaciones hacia la ruta 3, que buscaron visibilizar, a nivel país, la tragedia de la parálisis productiva.

Largos años de inactividad vivió el pueblo. La pobreza se multiplicó y su población se redujo a casi la mitad: 6.764 personas (ver infografía) .

Allí surgieron las primeras promesas que no se concretaron. Por caso, trascendió que se instalaría una fábrica de camiones, que jamás se formalizó pero que ilusionó a los habitantes. El turismo asociado a la mina y a Playas Doradas, capacitar a los mineros para la explotación pesquera y hasta construir una cárcel, fueron alternativas planteadas en las administraciones de Horacio Massaccessi y Pablo Verani. Pero entre la falta de inversión, los problemas financieros de la provincia y algunos hechos de corrupción, los proyectos nunca prosperaron.

Surgió también la idea de crear una zona franca, con varias propuestas de inversores nacionales y extranjeros. Ese proyecto persiste hasta hoy, aunque su impulso nunca logró respaldo político.

Luego, el 28 de febrero de 2005, tras 14 años del cierre, el gobierno provincial del fallecido radical Miguel Saiz comenzó a escribir el capítulo de la reactivación minera.

La empresa de capitales chinos y estadounidenses A Grade Trading cerró el acuerdo de concesión, que persiste hasta hoy. Quien encabezó el negocio, ahora, fue la minera china MCC, que tiene concesionado el bien por nada más ni nada menos que 99 años. Recién en 2006 se hizo el primer embarque de hierro, pero con el material que quedó acopiado de la época de Hipasam. Desde entonces la explotación revivió, aunque con un matiz menos ostentoso. La mina, sin embargo, se cerró nuevamente en octubre de 2016, porque, alegó la empresa, los costos de producción y de logística superarían la ganancia de seguir la explotación. Desde entonces, la empresa china sólo hace mantenimiento del complejo minero.

Con el cierre llegó el desempleo. Sierra Grande no logró recomponer su matriz productiva, por lo cual se inició un nuevo éxodo de gente joven, en busca de oportunidades, dejando tras de sí a parte de su familia.

En este tiempo vieron la luz nuevas promesas. Se exploraron, por caso, otras alternativas mineras en el mercado no siderúrgico, para vender el insumo ya sea como aditivo de pinturas o abastecer a cementeras en el mercado interno. Pero los costos de logística abortaron esas ideas.

También se habló de la posible explotación del fósforo, el único mineral asociado al hierro, que puede usarse, entre otras cosas, como fertilizante. Pero YPF hizo estudios sobre el tema y descubrió que la rentabilidad no existe, porque hay 3 kilos de fósforo por cada tonelada de hierro.

Se habló, además, de la creación de un astillero, para explotar con más ímpetu la pesca . Pero ni siquiera hubo un proyecto concreto.

En 2017 llegó el último gran anuncio. La idea de construir, con capitales extranjeros, una central nuclear de energía eléctrica, cerca de esta localidad. En Sierra, pese a los temores por el riesgo ambiental, muchos anhelaban su concreción, pensando en la apertura de fuentes de empleo.

El costo ambiental y el repudio de gran parte de los habitantes de la Provincia pesaron más que los beneficios del proyecto. Y el ex gobernador y actual senador Alberto Wereltineck, que impulsó el tema, desistió e incluso elevó una iniciativa para prohibir ese tipo de emprendimientos. Hoy la novedad es el hidrógeno verde. Ahora, el entorno natural no estaría en riesgo.

Pero, tras el rosario de proyectos inconclusos, los sierragrandenses temen que todo quede en la nada, convirtiendo en añicos la ilusión de que el pueblo renazca por tercera vez.


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