Cuidar también es cosa de varones: la interpelación en el 8M

Un sociólogo de Bariloche propone repensar en las tareas de cuidado que recaen mayoritariamente sobre las mujeres. Un estudio de Unicef reveló que las niñas adolescentes dedican al menos una hora más diariamente al trabajo doméstico y de cuidado en relación a sus pares varones.

Por Lorena Roncarolo

Programar una cita médica, encargarse del listado de compras, garantizar las tareas escolares, la limpieza, los regalos de cumpleaños, acompañar en la enfermedad y, asistir en infinidad de detalles son tareas invisibles y no remuneradas. Este trabajo de cuidado recae mayoritariamente sobre las mujeres, impactando en su trayectoria profesional, su salud y hasta su bienestar económico.

«El trabajo remunerado está muy precarizado y mal pago para las mujeres, pero el trabajo invisible es el que sostiene todo lo demás en la sociedad, tal como señalan grandes teóricas y militantes feministas. Adam Smith no podría haber desarrollado su gran teoría liberal si su madre no hubiese estado detrás, fuera de plano, preparando la comida o planchando la ropa. Eso lo podemos multiplicar por millones en nuestra sociedad«, sintetizó el sociólogo Sebastián Fonseca, especialista en Políticas de Cuidados, docente y escritor de Bariloche.

Mencionó que cada día, las mujeres ocupan horas y horas de su tiempo para «atender a otras personas y de esta forma, garantizan que se puedan presentar en condiciones en sus respectivos empleos». «En este mundo productivo visible, esas personas que ocupan puestos de decisión y poder, muchas veces, no tienen en cuenta ese trabajo invisible que les pemitió llegar a donde están«, expresó.

Fonseca consideró que las desigualdades estructurales son producto de un modelo cultural que «no es estático y se pone en práctica cada día al relacionarnos con otros, a través de nuestras actitudes, pensamientos, palabras». «Ahí reproducimos todas las desigualdades de este modelo machista, en el que aprendimos a desarrollarnos para ser aceptados», dijo.

Los varones, ¿saben a dónde están guardados los productos de limpieza en la casa?, o ¿qué vacunas les faltan a sus hijos?, ¿cómo se llama el pediatra o las docentes?, ¿qué necesitan los niños? Esas preguntas y muchas más se formuló Fonseca.

Recalcó que los varones «nos creemos muy libres, pero dependemos de que otra persona nos asista. Y esto se reproduce en espacios laborales cuando, por ejemplo, damos por sentado de que la organización de eventos, la planificación y la logística corresponde a las compañeras. Esto se reproduce todo el tiempo».

Las tareas de cuidado recaen en las mujeres desde que son niñas

En promedio, las niñas adolescentes dedican al menos una hora más diariamente -sumando siete a la semana- al trabajo doméstico y de cuidado en relación a sus pares varones. Así lo reveló un estudio realizado por Unicef sobre el Uso del tiempo entre los adolescentes en América Latina, que incluye a cinco países de la región (Argentina, Chile, Colombia, México y Uruguay).

Este informe da cuenta de que la participación de las niñas en las actividades de cuidado comienza a edades muy tempranas y aumenta en la adolescencia. Por otro lado, los niños ocupan una mayor parte de su tiempo en actividades recreativas y de esparcimiento.

Entre los factores asociados a este tipo de tareas intervienen la presencia de niños menores de cinco años en el hogar -y la falta de accesibilidad a servicios de cuidado infantil- como así también el grado de participación de los padres o madres en el trabajo no remunerado. De esta forma, se replican patrones de desigualdad de género entre generaciones.

«Para este 8M, ¿los varones vamos a seguir sonriendo con aires de superioridad mientras nos preguntamos para cuándo el Día del Hombre (que es el 19 de noviembre y tiene que ver con el cuidado de salud)? Lo más fácil es seguir mandatos clásicos. La propuesta del feminismo no es subvertir las relaciones de poder, sino generar condiciones más democráticas para todas las personas«, subrayó.

En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció por primera vez que el cuidado es un derecho humano en sí mismo, al igual que la salud, la educación y la vivienda. «Si como varones nos involucramos, eso repercute en que, después, podamos exigir al Estado lo que corresponde. No es letra etérea sino que está en la Constitución y en tratados internacionales», concluyó.


Programar una cita médica, encargarse del listado de compras, garantizar las tareas escolares, la limpieza, los regalos de cumpleaños, acompañar en la enfermedad y, asistir en infinidad de detalles son tareas invisibles y no remuneradas. Este trabajo de cuidado recae mayoritariamente sobre las mujeres, impactando en su trayectoria profesional, su salud y hasta su bienestar económico.

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